EL RINCÓN DE FERNY

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miércoles, 31 de enero de 2024

LA GRAN OBRA DE LA IGLESIA EN ESPAÑA 2023

Cuando escuchamos hablar de Iglesia Católica son muchas las ideas e imágenes que se nos vienen a la mente: Un edificio, la casa de Dios, lugar donde Dios está o vive. Los medios de comunicación también nos bombardean con sus propias ideas sobre la Iglesia: únicamente la jerarquía, los obispos, atrasados, desconectados del pueblo o de la sociedad. Del mismo son muchas las ideas que sobre ella circulan en el trasfondo social y cultural: la Iglesia es una empresa dedicada a extorsionar al pobre, una maquina de lujo y perversión, un nido de pederastas, un adoctrinador de conciencias, etc.

Sin embargo, cuando miramos a la Iglesia que nos rodea, esa que no sale en los medios, encontramos gente entregada, gente que busca el bien del prójimo, que está preocupada por el ser humano y su desarrollo, por la justicia, la paz, etc. Esta es la verdadera faz de la Iglesia, con sus luces y sus sombras. No todo es perfecto y a lo largo de la historia son muchos los pecados que la Iglesia, como institución y como ente concreto en cristianos concretos, ha cometido.  Pero debemos ser justos y valorar estas situaciones en su contexto adecuado.

Para ello, vamos a ver la GRANOBRA DE LA IGLESIA EN ESPAÑA EN LA ACTUALIDAD.

martes, 17 de mayo de 2022

¿ALGUNA RAZÓN PARA ESTUDIAR RELIGIÓN?

PARA ENTENDERNOS A NOSOTROS MISMOS, PARA COMPRENDER NUESTRO MUNDO Y SITUARNOS ANTE ÉL, PARA, DESDE LA LIBERTAD Y LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD, DAR SENTIDO A NUESTRA EXISTENCIA, MERECE LA PENA ESTUDIAR RELIGIÓN.

Un grupo de profesores y alumnos universitarios paseábamos por las calles de Salamanca, prestigiosa y antigua ciudad de raigambre académica. Admirados por su belleza, nos detuvimos ante la iglesia de San Benito, un templo gótico de finales del siglo XV y principios del XVI, construido sobre la antigua iglesia románica del siglo XII.

Frente a la portada sur, de estilo gótico flamenco, contemplábamos sobre el arco carpanel las esculturas que forman la escena de la Anunciación: la Virgen María y el ángel San Gabriel. Los muchachos, sensibles ante el arte y la armonía, se deshacían en elogios y en interés por saber. Fue un momento mágico, hasta que uno de ellos exclamó: “¿Qué belleza! ¿Qué podrá representar ese personaje alado?”.

¿Razones para estudiar Religión? Sí, claro. Para estudiar Religión… y Literatura, Música, Historia, Arte, Matemáticas, Física, Geografía, Ciencias Naturales, Lengua, Educación Física, Idiomas, Filosofía y tantas otras materias interesantes que nos ayudan a formarnos como personas y como sociedad. En este caso, daré, en pinceladas, cinco razones para estudiar Religión:

La formación integral. Para procurar una formación integral, hemos de atender a todas las dimensiones de la persona. Una de ellas es la dimensión espiritual, la apertura a la trascendencia propia de todo ser humano. Ignorar esta dimensión supone mutilar algo esencial de la persona, sea creyente o no creyente, o sea cual sea su religión o forma de espiritualidad.

El sentido histórico. Para vivir con sentido histórico, bien asentados en el presente y proyectados hacia el futuro, es necesario asumir los valores y acontecimientos que nos legaron nuestros mayores y que siguen hoy vigentes; darles vida de forma creativa hoy, y transmitirlos purificados a las generaciones futuras que ocuparán el planeta Tierra. La religión ha sido, a lo largo de la Historia, una fuerza configuradora de las sociedades, sin la que no se comprenden ni los movimientos sociales ni la orientación de los acontecimientos. Hay que saber para comprender, y hay que comprender para tomar decisiones acertadas que orienten a la humanidad de forma pacífica y constructiva.

La cultura. Para comprender la cultura, y en concreto la cultura occidental, es indispensable contar con el cristianismo y con su fuerza configuradora. Si se suprime la herencia cristiana, su sentido, valores y manifestaciones artísticas y culturales, se destruyen las bases fundamentales en las que se apoya lo que hoy llamamos democracia, derechos humanos, dignidad de la persona y creación en múltiples facetas: literatura, música, arquitectura, pintura, escultura, política, estructura social… Sin un conocimiento, al menos básico, del cristianismo, no se comprende casi nada de la cultura occidental, independientemente de la condición religiosa, agnóstica o atea de la persona. Lo mejor de Occidente es como es por las aportaciones del cristianismo, que incorpora la herencia judeocristiana y el mundo grecolatino, junto a algunas otras influencias. Las raíces de Europa son cristianas, y a partir de Europa lo son las de la cultura occidental. Si se suprimen, se vacían de sentido. Por eso hay que conocerlas.

La inserción abierta y dialogante en la sociedad. En un mundo globalizado y de creciente convivencia entre distintas culturas, hay que conocer al otro para dialogar de forma abierta y enriquecedora. Se dialoga desde lo que se es, desde la propia identidad, y se busca el encuentro intentando comprender al otro en su propia identidad. El conocimiento de la propia religión, o la ausencia de ella –ambas cosas respetables–, favorece la apertura respetuosa al otro en sus semejanzas o en sus diferencias, incluida la religión.

La búsqueda de la verdad y el sentido de la vida. La madurez y felicidad de las personas está vinculada al sentido de la vida y a la búsqueda de la verdad desde la libertad interior. Fe y razón no se oponen, sino que se complementan y enriquecen, cada una desde su nivel de realidad y conocimiento. En el pensamiento católico se habla de la importancia de ‘dar razón de la propia fe’. Para ‘dar razón’ hay que saber, comprender, reflexionar… estudiar.

En definitiva, para entendernos a nosotros mismos, para comprender nuestro mundo y situarnos ante él, para, desde la libertad y la búsqueda de la verdad, dar sentido a nuestra existencia, merece la pena estudiar Religión. Por ello, desde UNIR te apoyamos con una formación que no solamente te permitirá obtener la DECA, sino también aportar valores para una educación integral. Y, de paso, saber que ‘el personaje alado’ de la portada de San Benito, en Salamanca, es San Gabriel, el ángel de la Anunciación.

NINFA WATT Viernes, 13 de mayo de 2022

TOMADO DE LA REVISTA MAGISTERIO

domingo, 13 de febrero de 2022

CAMPAÑA DE MANOS UNIDAS 2022 "NUESTRA INDIFERENCIA LOS CONDENA AL OLVIDO"

Manos Unidas es una ONG católica fundada por mujeres, hace más de 63 años, que no podían permanecer indiferentes ante el hambre en el mundo, y decidieron combatir esta lacra de la humanidad.

El hambre que combate Manos Unidas es también hambre de justicia, de igualdad, de oportunidades, de futuro, de desarrollo... Es en definitiva hambre de dignidad.

Manos Unidas tiene una media de más de 500 proyectos que financia cada año en las que se favorece la promoción de las personas y de los colectivos más desfavorecidos en los lugares más recónditos del planeta.

Este año 2022 en Manos Unidas de Teruel, queremos recaudar los fondos necesarios para llevar a delante dos proyectos de desarrollo en países del Sur:

El primero de ellos se sitúa en Antananarivo, la capital de Madagascar (África).

Este proyecto, pretende mejorar el acceso de la mujer a la educación. Las actividades serán de rehabilitación de un albergue, su equipamiento y la puesta en marcha de cursos de formación de las jóvenes.

El proyecto beneficiará directamente a 120 jóvenes rurales y el objetivo es darles un marco favorable para vivir y estudiar, al tiempo que se les enseña a ser responsables y autónomas.

El segundo proyecto a financiar se sitúa en Ecuador (América), en la provincia de Esmeraldas.

El objetivo es el fortalecimiento económico y organizativo con equidad de productores y productoras de cacao. Se consolidará, la producción de plantas de cacao y se trabajará en acciones relacionadas con su cosecha y comercialización.

El proyecto incidirá directamente en el empoderamiento de las mujeres, tanto en lo relativo a la exigibilidad y el ejercicio de sus derechos, como en los niveles de partición, representación y autonomía económica.




lunes, 11 de octubre de 2021

HUMILDE DEFENSA DE LA ASIGNATURA DE RELIGIÓN

En las últimas semanas la asignatura de Religión que se imparte en los centros ha vuelto a ser noticia; o, más concretamente, ha vuelto a ser noticia el futuro de esta materia. Pareciera que, en España, la formación de un nuevo gobierno aparejase siempre la apertura de una misteriosa caja de Pandora, de donde se desparramarían algunos de los fantasmas que la sociedad española lleva arrastrando desde hace ya no pocas décadas. Uno de ellos, ¡cómo no!, es la conveniencia de impartir la asignatura de Religión en las aulas. Se podría escribir mucho sobre el tema, y presentar igualmente muchos argumentos de peso a favor o en contra. Sin embargo, todo esto no estaría exento del pesado elemento ideológico que habitualmente condiciona cualquier tipo de debate en nuestro país.

En primer lugar, la Religión no busca hacer proselitismo. Es importante tomar como punto de partida este matiz: no hay que confundir nunca una clase de Religión con la catequesis. Si arrancásemos desde aquí nuestro debate, creo que muchos de esos viejos fantasmas a los que antes hacía referencia se disolverían como un simple azucarillo.

Por otro lado, no podemos negar la importancia que ha tenido el hecho religioso no ya en la historia occidental, de la que somos herederos directos, sino en la propia concepción existencial del hombre, siempre errante a través del tiempo, de la historia y de los siglos, eterno buscador del sentido de su vida. La asignatura de Religión es un instrumento tan válido como eficaz para explicar al alumnado como a través del estudio, la literatura, la arquitectura, la música, es decir, cómo por medio de la cultura el hombre ha querido expresar esa búsqueda de lo trascendente, yendo más allá de lo material, y dando un salto hacia aquello que ni siquiera nuestra condición limitada puede pronunciar, aunque casi lo esté rozando con la yema de los dedos.

En efecto, el sentido religioso del hombre se halla presente, nos guste o no, en algunos de los momentos clave de la historia de la humanidad. Nadie puede negar que la cuestión de Dios ha ocupado un tiempo precioso en el esfuerzo pensante de tantos y tantos filósofos, que han intentado explicar lo que somos hoy; o que algunas de las más maravillosas obras de arte, como las catedrales que salpican nuestra cultura, se idearon y edificaron con la sed de las piedras vivas que somos todos y cada uno de nosotros, y que esconden un anhelo por llegar a lo imposible. En este sentido, un breve paseo por algunas de las pinacotecas más deslumbrantes del mundo sirven para darse cuenta del temblor religioso que ha deslumbrado a algunos de los mayores artistas de todos los tiempos. Ni qué decir de aquellas composiciones musicales, como la Pasión según san Mateo de Bach, o las obras de Tomás Luis de Victoria (por citar solo dos maestros entre una ingente marea de ellos), cuya escucha atenta nos continúan asombrando hasta recordar aquel versículo del Salmo 8, «qué es el hombre para que te acuerdes de él», admirados hasta el extremo de esta gran obra que es el caminar del hombre a través de la vida de todos los tiempos, pasados, presentes y futuros.

Solo por esto merece la pena romper una lanza a favor de la enseñanza de la Religión. Evidentemente, sería absolutamente imperdonable dejar escapar esta gran oportunidad educativa de transmitir quiénes somos y qué somos llamados a ser porqué, entre otras cosas, condenándola al olvido, nos estaríamos traicionando a nosotros mismos y a nuestra historia.

 

Alberto Estévez de PSJ




jueves, 16 de julio de 2020

RELIGIÓN EN LA ESCUELA, UNA ASIGNATURA MÁS


Estos días, por desgracia, vuelve a estar la Religión Católica en el candelero como bandera de disputa entre unos y otros.

El objetivo de la Enseñanza Religiosa Escolar (ERE) no es ni adoctrinar, ni convertir a nadie a la fe en Jesucristo.

La ERE se busca la inteligencia de la fe, por lo tanto presenta a los alumnos el hecho religioso en su origen y su desplegarse histórico en cada confesión.

Todos los alumnos tienen derecho a recibir una educación integral, que contemple todas las dimensiones humanas. La Religión ayuda a contemplar al ser humano como algo más que simple materia, porque es una inteligencia sentiente, capaz de trascendencia. Esa dimensión espiritual que debe ser educada al igual que las demás encuentra un espacio adecuado en la enseñanza de la Religión.

No debemos confundir a nadie, todas las personas tienen una dimensión espiritual que les hace dotar de sentido trascendente a la realidad inmanente en la que se desarrolla su vida. La fe es otra cosa, la fe es un don, la fe se pide; la dimensión espiritual se educa.

Ofrecemos un texto que puede ilustrar esa necesidad que podemos tener como seres humanos de conocer qué es la Religión, en este caso Católica para completar nuestra educación, no podemos renunciar a nuestra herencia cultural.

El texto pertenece a una persona poco sospechosa de buscar adoctrinamiento religioso como fue el socialista francés Jean Jaurès como respuesta a su hijo cuando le pide que le exima del estudio de la Religión en el Colegio. Las negritas son nuestras.

«Querido hijo: Me pides un justificante que te exima de cursar religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas. Este justificante, querido hijo, no te lo envío ni te lo enviaré jamás.

No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor. Cuando tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre pero, tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, y no lo serían sin un estudio serio de la religión.

Te parecerá extraño este lenguaje después de haber oído tan bellas declaraciones sobre esta cuestión; son, hijo mío, declaraciones buenas para arrastrar a algunos pero que están en pugna con el más elemental buen sentido. ¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por tu ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate?

Dejemos a un lado la política y las discusiones y veamos lo que se refiere a los conocimientos indispensables que debe tener un hombre de cierta posición. Estudias mitología para comprender historia y la civilización de los griegos y de los romanos y ¿qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión, que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización? En el arte ¿qué serán para ti las obras maestras de la Edad Media y de los tiempos modernos, si no conoces el motivo que las ha inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen?

En las letras ¿puedes dejar de conocer no sólo a Bossuet, Fenelón, Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente de cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo, en una palabra a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas inspiraciones?

Si se trata de derecho , de filosofía o de moral ¿puedes ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más extendida, la moral más sabia y más universal? -éste es el pensamiento de Juan Jacobo Rousseau-.

Hasta en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás la religión: Pascal y Newton eran cristianos fervientes; Ampere era piadoso; Pasteur probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón; Flammarion se entrega a fantasías teológicas.

¿Querrás tú condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos tus estudios? Hay que confesarlo: la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras.

Ya que hablo de educación: ¿para ser un joven bien educado es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia? Sólo te diré lo siguiente: nada hay que reprochar a los que las practican fielmente, y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las toman en cuenta.

No fijándome sino en la cortesía en el simple “savoir vivre”, hay que convenir en la necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las personas religiosas. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos por lo menos comprenderlas para poder guardarles el respeto, las consideraciones y la tolerancia que les son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable sin nociones religiosas.

Querido hijo: convéncete de lo que digo: muchos tienen interés en que los demás desconozcan la religión, pero todo el mundo desea conocerla. En cuanto a la libertad de conciencia y otras cosas análogas, eso es vana palabrería que rechazan de ordinario los hechos y el sentido común.

Muchos anti-católicos conocen por lo menos medianamente la religión; otros han recibido educación religiosa; su conducta prueba que han conservado toda su libertad.

Además, no es preciso ser un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen la facultad de serlo, pues, en caso contrario, la ignorancia les obliga a la irreligión.

La cosa es muy clara: la libertad exige la facultad de poder obrar en sentido contrario. Te sorprenderá esta carta, pero precisa hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación

Recibe, querido hijo, el abrazo de tu padre»

Incluso para poder renunciar libremente a ella, es necesario conocer la Religión de una manera sistemática, con un currículum objetivo y público, con unos criterios de evaluación y unos estándares de aprendizaje que permitan darle el estatuto de una asignatura más entre las demás.

La verdadera educación libera. Para rechazar, para seguir, para comprender, hay que conocer.

Jesús M. Gallardo Nieto – Profesor de Religión Católica

UN PROFESOR DA 8 RAZONES PARA CURSAR Y TAMBIÉN DEFENDER LA ASIGNATURA DE RELIGIÓN


Muchos alumnos están ya realizando las matriculas online para el nuevo curso y deben decidir si cursarán o no la asignatura de Religión. Son muchos los que optan por ella, pese a los ataques que desde hace tiempo está sufriendo y el intento del nuevo Gobierno de relegarla aún más con su nueva ley de educación.

Santiago Vela es profesor de Religión desde hace 30 años en Secundaria y Bachillerato. “Detrás de este cartel no está la Iglesia, ni sindicatos, ni ninguna institución religiosa, sino la experiencia de un montón de alumnos, padres, madres y profesores que han comprobado a lo largo de los años que las clases de Religión se imparten con el mismo rigor académico y con los mismos instrumentos didácticos y pedagógicos que el resto de materias, clases que no persiguen ni catequizar ni adoctrinar, sino proporcionar contenidos razonables y científicos sobre el hecho religioso, que ayudan a completar y a hacer más comprensible la cultura, las tradiciones, la sociedad en que vivimos, que ayudan a comprender mejor otras asignaturas como Ciencias Sociales, Filosofía, Historia, Lengua y Literatura, que hacen crecer en valores de igualdad, de dignidad...”, explica a la Diócesis de Málaga.

Estos son 8 motivos para decir sí a la asignatura de Religión:

1- Es un derecho que debe garantizar el Estado a los padres para que los hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones; derecho que emana del art. 18 y art. 26.3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, del art. 27.3 de la Constitución Española y del art. 2 de la Convención Europea para la salvaguarda de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales.

2-La escuela pública debe promover la educación integral del alumnado, hacer crecer todas las dimensiones de la persona y, por tanto, la dimensión religiosa y trascendente que posee todo ser humano, sea o no creyente.

3- En la inmensa mayoría de los países europeos y democráticos aconfesionales se imparte la asignatura de Religión, tanto en los niveles de Primaria, Secundaria, Bachillerato y Universitario y está asentada en el currículum de estudios con normalidad.

4- El objetivo no es catequizar, ni adoctrinar, ni hacer proselitismo, sino proporcionar al alumnado, sean o no creyentes, unos contenidos objetivos, razonables y científicos sobre el hecho religioso, las creencias y la historia de las distintas tradiciones culturales y religiosas que configuran nuestras sociedades plurales, y que el alumnado tiene que conocer, comprender y respetar para convivir como ciudadanos libres.

5- Los contenidos académicos que se enseñan completan y hacen comprender mejor los que se imparten en otras asignaturas como Ciencias Sociales, Historia, Arte, Filosofía, Lengua y Literatura, Música...

6-No se evalúa la fe ni las creencias de personas sino los contenidos culturales que se imparten con las mismas herramientas que el resto de materias. Los contenidos se ofrecen con el mismo rigor académico y con los mismos instrumentos didácticos y pedagógicos que el resto de asignaturas.

7- Educa a los alumnos como ciudadanos libres, críticos, participativos y solidarios con los que sufren las desigualdades e injusticias de esta sociedad, invitándolos a crecer en valores como el respeto al diferente, la defensa de la dignidad humana, la igualdad, la fidelidad y el compromiso por la justicia, la paz, la ecología y la fraternidad.

8-Todo el profesorado de Religión (85% mujeres) es graduado o licenciado, posee el Máster oficial de capacitación pedagógica y, además, una diplomatura o licenciatura en Teología o Ciencias Religiosas. Son profesionales con una profunda vocación docente.

TOMADO DE RELIGIÓN EN LIBERTAD 4 JULIO 2020

martes, 4 de febrero de 2020

CAMPAÑA MANOS UNIDAS 2020. "QUIEN MÁS SUFRE EL MALTRATO DEL PLANETA NO ERES TÚ"

¿Qué está pasando?

El modelo de vida dominante, nuestro consumismo, las estructuras de poder y la cultura del derroche en la que vivimos, provocan, como señala el Papa, el actual deterioro medioambiental y las crisis humana y social que lo acompañan (Laudato Si’ 5).

La pérdida de biodiversidad (como la extinción de animales o la tala de bosques), la contaminación de ríos, mares y atmosférica o la sobreexplotación de los recursos naturales destruyen la creación y provocan pobreza, enfermedades, hambre y sed que sufren, sobre todo, las comunidades más vulnerables. La polarización del clima, con aumento de huracanes y tormentas, sequías extremas (como la que ha causado los incendios de Australia) ponen seriamente en peligro los medios de vida de millones de personas.

¿Qué puedes hacer por la sostenibilidad del medio ambiente?

Ahora más que nunca, es muy importante aportar tu granito de arena para contribuir a la construcción de un mundo más sostenible.

Para afrontar ambas crisis, humana y ambiental, Manos Unidas promueve una cultura ecológica que eduque en las consecuencias del cambio climático:

1. Ser inquilinos y cuidadores en lugar de dueños y dominadores del mundo.
2. Luchar por la vida digna de todas las personas.
3.Considerar las consecuencias medioambientales de nuestras iniciativas.
4. Gestionar de forma integral los recursos naturales.
5.Comprometernos con los pequeños agricultores y la agroecología y apoyar a los migrantes que se han visto obligados a abandonar sus hogares por causas medioambientales.

Por todo ello, necesitamos tu ayuda para combatir el cambio climático y sus consecuencias en los países más pobres. Porque quien más sufre el maltrato al planeta no eres tú.

MATERIALES


sábado, 28 de septiembre de 2019

LAS 3 ASIGNATURAS MÁS IMPORTANTES

Porque vivimos en un cuerpo, porque somos cuerpo y gracias al cuerpo me relaciono y entro en contacto con los demás es evidente que una asignatura fundamental en los planes de estudios es la educación física. No hablo de la “gimnasia”, hablo de una asignatura que educa a los alumnos en la importantísima tarea del respeto y cuidado de su cuerpo y todo lo que se deriva de este cuidado (aquí nos jugamos la dignidad) y que persigue, entre otros,  objetivos tan fundamentales como son: fomentar hábitos de vida saludable, apreciar la actividad física para el bienestar, educar en el gusto por el deporte y evitar la competitividad y “obsesiones deportivas” , aprender a superarse, el gusto por jugar en equipo… 

Cada vez más, irrumpen con fuerza los estudios en neurología que afirman que la educación física aumenta las habilidades cognitivas en los seres humanos.   

No soy yo experto en la materia, desgraciadamente yo nunca tuve clase de educación física sino de “gimnasia”, desde pequeño me dijeron que el deporte no era lo mío por lo que en esta asignatura poco podía brillar. Así fue, en gimnasia no aprendí nada porque jugaba desmotivado y torpemente a los deportes pertinentes de cada trimestre y corría, corría mucho eso sí (el test de cooper se me quedó clavado en el alma). Nunca más volví a correr. 

Se hace necesario recuperar la dignidad y seriedad de la educación física porque en el cuidado del cuerpo nos la jugamos. Creo firmemente que el deporte, bien entendido, tiene el poder de cambiar el mundo.

Es curioso que todavía siga siendo una asignatura marginal en los planes de estudios y sin embargo trabaje todas las competencias que la ley marca y que tan importantes considera. 

Ahora bien, el ser humano no es sólo cuerpo ni pura exterioridad también es interioridad. Somos alma, mente, somos seres necesitados de sentido y abiertos a la trascendencia. Desde que el hombre es hombre se ha preguntado por el sentido del mundo que le rodea y el sentido de su propia existencia. Todo ser humano experimenta la finitud del cuerpo, el dolor, el límite y sentimos entonces que estamos arrojados a la existencia(Geworfenheit). Aunque pertenecemos a este mundo y a esta realidad, sus interrogantes, su búsqueda de sentido hace que sienta que no sólo es un ser espacio-temporal. Caemos en la cuenta por nosotros mismos de que no somos simple materia. La escuela no puede desatender esta dimensión en la educación de los niños, adolescentes y jóvenes. Aquí también nos la jugamos.

Tenemos la seria responsabilidad de ayudar a nuestros alumnos a plantearse el sentido de su vida, ayudarles a escuchar su interior, a gestionar sus emociones. Se trabaja este aspecto desde la asignatura de religión, entendida la asignatura de este modo y no como la mera transmisión de una doctrina; la religión bien entendida se enseña desde la libertad para que cada uno crea en lo que quiera creer. No olvidemos que la ERE (enseñanza religiosa escolar) no es una catequesis.  También se hace (hacía) desde la ética(asignatura desaparecida). 

En muchos colegios se están llevando a cabo con éxito varias iniciativas que tratan de educar en esta dimensión: técnicas de relajación, mindfulness, talleres de educación emocional, yoga, ejercicios de respiración y consciencia…  toda iniciativa es buena porque educa en la interioridad del alumno, pero es urgente dar a esta dimensión el peso y rigor de una asignatura para no quedarnos sólo en actividades aisladas.

Y porque somos humanos, maravillosamente humanos, tenemos el don de exteriorizar con nuestro cuerpo nuestra interioridad. El ser humano es capaz de materializar la inmaterialidad y esto hay que enseñarlo. Lo hacemos con el arte (no aprendiendo historia del arte, sino creando arte), con la pintura, con la escultura, con la música, con el teatro. Muchas de estas asignaturas no están ni contempladas en las leyes educativas y cuando lo están se encuentran de forma marginal y mal tratadas. Es, en definitiva, educar en la belleza.  Es el poder de la creatividad humana, capaz de atrapar y encarnar nuestro interior. Me preocupa mucho cuando en las escuelas matamos la curiosidad y la creatividad del niño y adolescente (de la misma forma que a mí me dijeron que la gimnasia no era lo mío a otros muchos les dijeron que dibujar o cantar no era lo suyo). Tenemos el deber de educar en la belleza. 

Si como educadores conseguimos educar a nuestros alumnos en el cuidado de su cuerpo, en la búsqueda del sentido de su vida y les damos herramientas para que puedan expresar de forma bella con su cuerpo todo lo que en su interior viven, la Biología, las matemáticas, la física y las demás asignaturas importantísimas legarán, seguro que llegarán.

Es llamativo que las tres asignaturas más importantes hayan sido tradicionalmente “las tres marías”. Más llamativo es aún, que las tres asignaturas más importantes no necesiten de libros.



SERGIO CALLEJA

martes, 20 de noviembre de 2018

CAMPAÑA PERSONAS SIN HOGAR 2018, CÁRITAS

Las personas “sin hogar” son aquellas personas que no pueden acceder o conservar un alojamiento adecuado, adaptado a su situación personal, permanente y que proporcione un marco estable de convivencia, ya sea por razones económicas y otras barreras sociales, o bien porque presentan dificultades personales para llevar una vida autónoma. 

Actualmente en España hay más de 40.000 personas sin hogar. Para acabar con esta situación es imprescindible el compromiso de todos. 

Material para la campaña de este año:

-      TESTIMONIOS


domingo, 22 de julio de 2018

ELIMINAR EL VALOR ACADÉMICO DE LA RELIGIÓN, ¿SOLUCIÓN A TODAS LAS DEFICIENCIAS DE NUESTRO SISTEMA EDUCATIVO?

Hace unos días el nuevo gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado que pretende eliminar a la asignatura de Religión de toda valor académico. Ha habido muchas contestaciones a su pretensión, desde la iglesia, asociaciones de padres, sindicatos de profesores de Religión y compañeros. 
Comparto este artículo que encontré en el portal Religióndigital que me parece muy significativo y aclarativo:

"Negarle su valor académico es marginarla como inútil para la educación de las generaciones jóvenes"

 (Antonio Salas Ximelis, profesor de Religión).- ¿Será la enseñanza de la Religión la verdadera causa de todos los males que aquejan a la educación en España? Al parecer, el gran problema serio que tiene nuestro sistema educativo es el que la enseñanza de la Religión sea computable y que tenga una alternativa de Valores sociales y éticos.

Y, sin embargo, la Religión es la única asignatura que los poderes públicos deben garantizar como derecho fundamental de los padres que la deseen para la formación integral de sus hijos. La Religión es la única asignatura que tiene el refrendo popular, pues cada curso escolar millones de padres la demandan para sus hijos. La única asignatura que nadie está obligado, desde que estamos en democracia, a cursarla.

Los padres tenemos derecho a demandarla no como catequesis, que para eso están las parroquias, sino como materia curricular integrada dentro de la relación de asignaturas del sistema educativo, con valor académico, como lo tienen todas las asignaturas y su evaluación computable, como todas y como derecho de los alumnos que la cursan. La clase de Religión no es ideología, sino un saber.

Sin duda, hay problemas mucho más serios en nuestro sistema educativo que esperan solución antes que el cuestionar la única asignatura que nuestra Constitución ordena a los poderes públicos garantizar en cuanto es derecho fundamental de los padres elegir la educación de sus hijos. Y no como algo extracurricular, sino plenamente integrada en el currículo porque así la quieren y demandan los padres. Unos padres que mayoritariamente todos los cursos la solicitan.

Por lo demás, la enseñanza de la Religión Católica pretende que los alumnos se sitúen con lucidez ante la tradición cultural, que se inserten críticamente en la sociedad y que obtengan respuestas a los interrogantes básicos que se plantean. Consideramos que negarle su valor académico es marginarla como inútil para la educación de las generaciones jóvenes. La aportación de la enseñanza religiosa en la formación integral es vital para aquellos que la solicitan.

En mi tesis doctoral "Problemática de la enseñanza de la Religión en la LOGSE. Propuesta de un área curricular" defendida en la Universidad Complutense de Madrid, incluí la carta de un padre socialista, , que le dice a su hijo que no le va a eximir de cursar Religión:

«Querido hijo, me pides un justificante que te exima de cursar la religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos, y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas. Este justificante, querido hijo, no te lo envío ni te la enviaré jamás... Tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, no lo serían sin un estudio serio de la religión... ¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate?...

Dejemos a un lado la política y las discusiones, y veamos lo que se refiere a los conocimientos indispensables que debe tener un hombre de cierta posición. Estudias mitología para comprender historia y la civilización de los griegos y de los romanos, y ¿qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión, que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización? En el arte, ¿qué serán para ti las obras maestras de la Edad Media y de los tiempos modernos, si no conoces el motivo que las ha inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen?

En las letras, ¿puedes dejar de conocer no sólo a Bossuet, Fenelón, Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente en cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo, en una palabra, a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas inspiraciones? Si se trata de derecho, de filosofía o de moral, ¿puedes ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más extendida, la moral más sabia y más universal? -éste es el pensamiento de Juan Jacobo Rousseau-. Hasta en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás la religión: Pascal y Newton eran cristianos fervientes; Ampere era piadoso; Pasteur probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón; Flammarion se entrega a fantasías teológicas...

La religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras. Ya que hablo de educación: ¿para ser un joven bien educado es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia?...

Hay que convenir en la necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las personas religiosas. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos, por lo menos, comprenderlas, para poder guardarles el respeto, las consideraciones y la tolerancia que les son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable, sin nociones religiosas . Te sorprenderá esta carta, pero precisa, hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación».

Sin comentarios. Y la escribió un socialista francés: Jean Jaurés.

La Constitución dice que la educación debe contribuir a la educación integral y que los poderes públicos garantizarán el derecho que asiste a los padres a que sus hijos reciban enseñanza religiosa y moral de acuerdo a sus convicciones. Es más, el propio Tribunal Constitucional recientemente ha rebatido la pretensión de un grupo de diputados socialistas que presentaron una cuestión de inconstitucionalidad al hecho de que la Religión en la LOMCE fuera evaluable y computable y que tuviera una alternativa de Valores.

Pues bien, el Alto Tribunal dice que ambas cosas son plenamente constitucionales. Y los Tratados Internaciones están para cumplirse, pues estamos en un Estado democrático, social y de derecho. Y el Acuerdo entre la Santa Sede y el Estado Español dice que la asignatura de Religión se integrará de manera equiparada al resto de disciplinas fundamentales y que el hecho de cursarla o no, no puede suponer discriminación ni para el que la cursa ni para el que no.

¿Qué aporta un área de Religión en la formación integral de aquellos alumnos que la deseen en su currículo como materia curricular en igualdad de derechos que el resto de las asignaturas? Esta es una pregunta clave. Y podemos afirmar que los alumnos la perciben como apasionante, pues descubren que lo que en ella aprenden les ayuda a comprender mejor la realidad, a relacionarse mejor con los demás, a tener todos sus sentidos atentos a cuanto les rodea, a abrirse a lo trascendente, a encontrar respuestas de sentido a los interrogantes básicos que se plantean.

Como decía Luis Eduardo Aute en una dedicatoria en el catálogo de su exposición "Templo": "Desde el deseo de salvar el universo de lo trascendente que los necios intentan hacer desaparecer. Venceremos"


Toni Salas Ximelis, 21 de julio de 2018 

martes, 22 de mayo de 2018

ESTUDIAR RELIGIÓN PARA SER LIBRES . UNA ASIGNATURA ESENCIAL PARA LA FORMACIÓN HUMANA

La asignatura de Religión vive envuelta en prejuicios. Una formación integral debe incluir unos contenidos que se dirigen a la pregunta por el sentido de la vida. Entender conceptos como la trascendencia y la fe ayuda a comprender el mundo.

“Si te lo cuestionas todo, cuestiónate por qué no ir a Religión”, reza el eslogan de un vídeo promocionado por la Conferencia Episcopal que busca animar a los jóvenes y adolescentes que ya no se inscriben en la materia o no se han apuntado nunca. Mensaje positivo y provocador, fruto de la actitud propia de esta Iglesia “en salida” que quiere el papa Francisco, por la que se acude a aquellos que no conocen a Cristo o que se han alejado de Él para anunciarles el Evangelio. Se trata del 38% del alumnado español, cifra nada despreciable si tenemos en cuenta que todos los hombres sin excepción están llamados a encontrarse con Dios. El estudio de la asignatura de Religión está lejos de ser una forma de opresión de las conciencias. Más bien, fundamenta una elección auténticamente libre y responsable sobre aquello que preocupa a todo ser humano: el sentido de su vida.

No dejaría de resultar provocador que un sistema educativo que presume de formar integralmente a los alumnos en las dimensiones más importantes de su ser buscase descartar aquella dimensión que da sentido a todas las demás. La vocación a la trascendencia y al infinito que está inserta en la misma entraña del hombre solo encuentra un cauce adecuado para su satisfacción en el hecho religioso, hecho que raras veces aparece en nuestra vida por ciencia infusa sino que más bien requiere algún intermediario que nos lo anuncie. Ahí está el papel de la asignatura de Religión y de los profesores que la imparten. Siendo ese argumento suficientemente relevante, también hay otro incontestable, pues sin cursar esta materia los alumnos tendrían una laguna cultural monstruosa. La pintura, la música, la escultura, la arquitectura, la filosofía, la historia o la política no se comprenden plenamente sin la relación que el hombre ha mantenido a lo largo de los tiempos con Dios. Y esto no atenta contra la libertad, igual que sería absurdo considerar una coacción el estudio, por ejemplo, de las doctrinas filosóficas de Marx o Kant. Luego podremos creerles o no, pero hay que conocer su pensamiento.

No es una cuestión de que la Iglesia quiera hacer proselitismo y coaccionar a los hombres para que profesen la fe, algo que está en las antípodas del mensaje evangélico. No consiste en imponer un estado confesional de facto. No se busca dar mayor protagonismo a la jerarquía eclesiástica en la formación de los jóvenes. No se pretende violentar las conciencias para imponer la adscripción a un credo. Si nos esforzamos por eliminar los prejuicios anticlericales descubriremos que el estudio de la Religión en las escuelas no tiene tanto que ver con que la gente crea o no crea en Dios sino con que puedan llevar a cabo una elección auténtica, basada en el conocimiento y no en la ignorancia.

No se trata de obligarles a que vayan a Misa o se confiesen, ni tampoco de forzarles a que se casen por la Iglesia o se metan a curas o a monjas. Esta asignatura propone un aspecto esencial de la formación humana como es la vocación del hombre a la trascendencia. Claro que los alumnos tienen derecho a profesar una religión u otra, o a no profesar ninguna, pero esa sagrada libertad solo tiene sentido y se ejercita en plenitud cuando se conoce qué es exactamente la Religión, qué implica para el ser humano o cuál es su papel en la cultura y en la vida de los hombres. No es razonable ampararse en una libertad de conciencia que se fundamente en el desconocimiento de aquello que es propiamente el mismo contenido de la elección. Y por eso hasta el que decide ser ateo, después de haber cursado la asignatura de Religión, lo decide de un modo más consciente y libre. Otra cosa distinta es que esté equivocado.

Los avances científicos y tecnológicos están provocando rápidos y numerosos cambios sociales. Pero por mucho progreso que experimente el mundo hay algo que no ha variado ni variará, y es lo que sucede dentro del corazón del hombre. Para defender la necesidad de la Religión en las escuelas sin duda tendremos que esgrimir que se trata de un derecho constitucional, que la mayoría de los alumnos la eligen, que es mayoritaria en los países de nuestro entorno, que es parte de los acuerdos internacionales, que sin ella no se entiende Europa o que es esencial para entender nuestra cultura. Pero el argumento fundamental es mucho más profundo, pues afecta a lo más íntimo del hombre y no tanto a lo exterior.

El ser humano seguirá preguntándose sobre el sentido que tiene su vida o sobre qué hay después de la muerte. Seguirá aspirando a amar en plenitud y no se conformará con afectos mediocres. Anhelará ser amado sin condiciones. Querrá una felicidad auténtica y una libertad verdadera. Continuará, en definitiva, buscando a Dios, muchas veces sin saberlo. Lo más profundo del hombre no cambiará por muchos descubrimientos que haga la ciencia, incapaces de ofrecer respuestas a los hondos interrogantes del ser humano. Es precisamente la Religión la que responde a esas grandes preguntas, las que empapan de significado toda la existencia de la persona, aquellas que todo hombre se hace alguna vez en su vida. Apostemos sin ambages por la libertad de conciencia, pero por una libertad madura, no infantil, basada en el conocer y no en el ignorar. Libertad, claro, que solo se da plenamente cursando la asignatura de Religión.

Arsenio Fernández de Mesa

TOMADO DEL DEBATE DE HOY

LA RELIGIÓN EN LA ESCUELA. POR QUÉ LOS LAICISTAS SE EQUIVOCAN

"Es justo y democrático permitir que los que no piensan o creen como nosotros también encuentren su opción ideológica en la escuela pública, que ha de ser la de todos (y no tengan, así, que recurrir a la privada)"

Me encontré hace algunos días con este artículo que, creo muy interesante su lectura. Os lo recomiendo:

Parece que cuando no hay nada candente que tratar se vuelve al tema de la religión en la escuela. Mi estimado compañero Alfredo Aranda escribió el otro día sobre esto en este mismo diario. Yo mismo, y varias veces, he cometido el pecado de opinar sobre el asunto, por ejemplo aquí . No sé resistirme. Cada vez que veo cómo mis queridos amigos y colegas, tan de izquierdas (como yo), confraternizan rápidamente en el ataque a la enseñanza de la religión se me hincha la vena crítica. No puede ser que gente tan inteligente (y tan de izquierdas) esté tan rápidamente de acuerdo en algo – me digo – tan complejo y difícil de analizar. La cosa se agrava cuando escucho o leo sus argumentos y... me entran unas ganas irresistibles de abrazar la fe. ¡Y eso sí que no!  Así que, qué remedio, tendré que repetirme. ¡Señor, dame fuerzas!

El primer argumento de Aranda es que Dios no existe, sino que es, tan solo, el fruto del adoctrinamiento religioso en connivencia con el Estado. Pero esto no es un argumento, sino solo la confesión de la particular fe ideológica del autor. Digo fe porque la razón no basta para demostrar la inexistencia de Dios ni, mucho menos, los fundamentos del materialismo que sustenta la hipótesis de Alfredo. Además, esto es poco o nada relevante. Aún en el caso (para nada claro) de que el deísmo fuese racionalmente falso (y fuera, más bien, algún tipo de teísmo), un creyente diría que su fe ni se valida ni se invalida con la razón (y menos aún, con una razón sostenida en los dogmas, no mucho menos religiosos, del materialismo o el historicismo),.

En segundo lugar, que la religión confesional sea una asignatura no nos retrotrae, como se dice, a los tiempos del nacional-catolicismo. Esto es pura demagogia. Durante el franquismo la religión católica era materia obligatoria y el control ideológico de la Iglesia era casi absoluto. Ahora, la religión es una materia optativa que ocupa una hora (a lo sumo dos) a la semana y la Iglesia ha perdido todo control sobre la enseñanza pública. De hecho, la situación de la materia de religión en nuestro país es exactamente la misma que la que tiene en la mayoría de los países de nuestro entorno(en los que no existió el nacional-catolicismo).  

En tercer lugar, intentar minusvalorar la religión como un asunto puramente cultural es otra simpleza. Si profesar una religión depende de dónde nace uno, lo mismo cabe decir del que profesa el laicismo. Todo, y no solo la religión (también la democracia, los derechos humanos, o el sistema métrico decimal), podría concebirse como algo que depende de la “geografía”. Y si, por el contrario,  creemos que con la razón se pueden trascender los límites de la propia cultura, exactamente lo mismo podemos decir con respecto a la fe. De hecho, el universalismo humanista (tan opuesto al “tribalismo culturalista”) es, en gran medida, una doctrina religiosa secularizada.  

El primer argumento real que aparece en el artículo de Aranda es este: la fe, que es credulidad ciega, y que tiene que ver con creencias y dogmas no puede ser – se dice – parte del horario lectivo, y ha de circunscribirse al ámbito personal. Este es, de hecho, el principal argumento de los detractores de la materia de religión. Y depende de dos supuestos: (1) que hay materias absolutamente dogmáticas y no dogmáticas; y (2) que lo público ha de mantenerse alejado de todo dogma, pues estos pertenecen estrictamente al ámbito privado. Estos dos supuestos son falsos o, cuando menos, muy discutibles.

En primer lugar, todos los contenidos educativos tienen que ver, aunque no, desde luego, en el mismo grado, con creencias y dogmas: los humanísticos, los artísticos y los científicos. Ni el cientifista más iluminado (por la razón) podría mantener que la ciencia (por ejemplo) pueda construirse sin axiomas, postulados, supuestos, metáforas y visiones del mundo indemostrables y, por tanto, dogmáticas. No digamos de las humanidades o el arte. Un saber absolutamente crítico y libre de dogmatismo solo cabe encontrarlo (y de manera ideal) en la filosofía, aunque esta, y justo por eso, no llegue a ser nunca un saber, sino solo la pretensión de serlo... Además, y de otra parte, la religión no es solo dogma. Los teólogos también existen. Y razonan. No es nada fácil encontrar intelectuales con el nivel de sutileza y rigor lógico de los grandes teólogos que jalonan la historia del pensamiento occidental (y oriental).

En cuanto al segundo de los argumentos, la idea de separar lo público (las leyes e instituciones del Estado) del ámbito privado de las creencias y valores personales me parece una abstracción filosófica casi imposible de defender. A mi juicio, lo público no se funda en universalidades ideológicamente asépticas (¿existen tales cosas?), sino en sistemas preponderantes de creencias, valores e ideales, bien impuestos por un solo grupo u hombre (como en los regímenes despóticos), o bien resultantes de una gestión más compleja de la pluralidad ideológica, tal como ocurre en los estados democráticos. No se entiende, en este sentido, que las instituciones tengan que mantenerse en un imposible plano neutral con respecto a los valores y creencias de aquellos a los que gobiernan y representan. Una cosa es que la escuela pública, u otras instituciones del Estado, no manifiesten su preferencia por determinadas opciones políticas, ideológicas o religiosas, y otra, muy distinta, que no representen y en cierto modo administren (de modo equilibrado) la pluralidad de valores, ideales y creencias de los ciudadanos a los que educan y gobiernan.


Justamente el peligro de nuestras sociedades tan torcidamente modernas es haber relegado al ámbito privado las cosas que más importan: los valores y fines, el sentido de la vida individual y colectiva, la búsqueda de respuestas a los grandes interrogantes... Obviamente porque la ciencia, la única institución ideológica que el laicismo asocia típicamente a lo público, no puede responder a ninguna de esas inquietudes (ni, en general, a casi nada humanamente relevante). Y esto es, al contrario de lo que vulgarmente se piensa, lo que alimenta el fanatismo religioso. En la medida en que nuestros alumnos solo aprendan ciencia y tecnología (y cada vez menos arte, filosofía o incluso teología) buscarán en otro lugar, menos inmune al fanatismo que la escuela, la respuesta a las inquietudes humanas y espirituales que no puede aquietar la ciencia.

Estoy convencido, en suma, que la religión confesional tiene su espacio en la escuela pública igual que otras muchas asignaturas más o menos “doctrinarias” (y todas, en algún grado, lo son).La institución escolar no debe aspirar a una imposible asepsia ideológica. Todo lo contrario: ha de ofrecer la mayor pluralidad de ideas y creencias posible (tanta, al menos, como la que hay en la sociedad a la que sirve y, en cierto modo, representa). La única condición es que, a la vez, se dote a los alumnos de las herramientas y hábitos para someter todas esas opciones ideológicas a la reflexión y el análisis crítico.

Yo, al menos, creo mil veces preferible que mis alumnos católicos (o de la confesión que sean) reciban su formación religiosa en el instituto público en que trabajo —y junto al aula de filosofía (de manera que, a continuación, antes o después, podamos hablar y reflexionar libremente sobre lo divino y lo humano)— que en un templo alejado de ese foro, plural y crítico, que ha de ser, según yo lo veo, la escuela. Al “enemigo” dogmático (en la medida en que lo sea y lo haya) conviene, como a todo enemigo, tenerlo cerca…

Con algunas cosas (accesorias) del artículo de Alfredo Aranda puedo estar más de acuerdo. Está bien, por ejemplo, que la inspección educativa pueda evaluar el trabajo de los profesores de religión. O que se exija más transparencia en los procesos de selección de ese mismo profesorado. Pero es obvio que han de ser las autoridades eclesiásticas quienes establezcan el currículo y elijan a los profesores, tal como son las autoridades científicas las que diseñan los programas de las materias de ciencias y escogen a quienes han de impartirlos.

Por lo demás, y como ven, no coincidimos en nada. Como ya escribí en otra ocasión, prefiero la ilustración a secas (un movimiento, por cierto, que nunca fue antirreligioso) que el  despotismo ilustrado. Es justo y democrático permitir que los que no piensan o creen como nosotros también encuentren su opción ideológica en la escuela pública, que ha de ser la de todos (y no tengan, así, que recurrir a la privada). Y es bueno y necesario promover que la gente, una vez bien informada y formada en todas las opciones posibles, crea lo que le venga en gana y le parezca mejor. Siempre que a mí o a otros nos permitan, también, tratar de mostrarles las ventajas de fundar sus creencias en razones – y de buscar racionalmente lo infundado más allá de toda creencia, empezando por las científicas –.

Víctor Bermúdez Torres   

TOMADO DE EL DIARIO.ES

lunes, 5 de marzo de 2018

ACLARANDO CUESTIONES SOBRE LA CLASE DE RELIGIÓN, UNA VEZ MÁS

La plataforma Navarra en defensa de la Religión en la escuela ha lanzado este artículo recordando su estatus, lo que aporta a la educación y su presencia en Europa:


La enseñanza de la Religión en la escuela es un tema que una vez más aparece en los espacios de opinión y en los debates sobre la Educación. Curiosamente son más los planteamientos públicos o publicados, que abogan por su desaparición del ámbito escolar, o por la reducción horaria al mínimo posible, frente a la importante demanda que esta asignatura tiene cada curso escolar. Sorprende ver cómo algunas organizaciones piden insistentemente la exclusión de esta asignatura, sin respetar la opción libre y el derecho constitucional de las familias.
Partiendo de la libertad de expresión que todos tenemos, es bueno recordar algunos puntos que nos puedan situar adecuadamente, a nuestro juicio, en esta cuestión.
Instancias internacionales como el Consejo de Europa, recomiendan el estudio de las religiones, entre otras razones para luchar contra el fundamentalismo religioso y, añadimos nosotros, contra el fundamentalismo antirreligioso que también tenemos por estas tierras. Por eso no es extraño ver que en la inmensa mayoría de los sistemas educativos europeos, y desde hace muchos años, está presente de modo propio la asignatura de Religión con total normalidad. El alumnado opta libremente, normalmente de modo mayoritario, por una confesión u otra, o en menor medida, por ninguna. En este último caso, se propone al alumnado otras actividades como por ejemplo, el estudio de valores.
La presencia de la asignatura de religión en nuestro sistema educativo no es diferente por tanto al que rige en el resto de Europa. Aquí lo diferente es que de modo cíclico se saca a debate este tema para volver a decir siempre lo mismo. No nos oponemos a la confrontación de ideas y al estudio de todas las propuestas que, en positivo, pretendan confluir en acuerdos sobre esta cuestión. Pero no es el caso, constatamos que los que más gritan en contra de la enseñanza religiosa, directamente quieren imponer su desaparición de la escuela, simplemente porque ellos lo dicen. A estas personas les decimos que echamos de menos un poco de respeto hacia la opción libre de las familias y hacia la profesionalidad del profesorado de Religión. Hay que recordar que la enseñanza religiosa escolar no es obligatoria, es decir, no se impone a nadie, y que por ese motivo, cada año las familias pueden optar por ella o no.
Nos llama la atención en este debate, cómo algunas organizaciones que proponen la desaparición o reducción de esta asignatura, ignoran el doloroso coste laboral de dicha medida. Un coste laboral fundamentalmente femenino, ya que la inmensa mayoría de este profesorado especialista son mujeres.
Se dice también que la enseñanza religiosa escolar es un privilegio para la Iglesia Católica, cuando todos sabemos que hay acuerdos con otras confesiones religiosas que ya están en vigor, y que se trata, antes que nada, de un derecho fundamental de las familias a la educación de sus hijos e hijas, y que la Constitución y numerosas sentencias judiciales posteriores, validan la legalidad de su presencia.
En resumen, y con un poco de ironía, dado que no se ha demostrado que la enseñanza de la Religión en la escuela provoque desajustes en la formación de nuestros alumnos y alumnas, o alumnado carente de libertad, o alumnado acomplejado por extrañas enseñanzas, sino alumnado que estudia el hecho religioso con madurez y libertad, con rigor académico, abierto a la solidaridad y al compromiso por un mundo mejor, un alumnado que valora el modelo de persona que nos propone la sociedad actual desde un planteamiento crítico constructivo y positivo, y, dado que la enseñanza religiosa no se impone al que no lo desea, ¿Qué tal si tampoco se busca imponer la eliminación de la enseñanza religiosa escolar de modo directo o indirecto?. ¿No se está por la escuela inclusiva?, Pues eso, en vez de eliminar o reducir el horario a un mínimo indigno académicamente, incluyamos en la escuela lo que nuestros hijos e hijas viven en esta sociedad que es cada vez más plural y democrática. La riqueza de un centro escolar está también en dar cabida a la diversidad de formas de pensar de sus componentes, no en suprimirlas. Ya es hora de ser, en esta cuestión, más europeos.

Pamplona 28 de febrero 2018


PLATAFORMA NAVARRA RELIGIÓN EN LA ESCUELA - ERLIJIOA ESKOLAN NAFAR PLATAFORMA