EL RINCÓN DE FERNY

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miércoles, 28 de febrero de 2024

SERIE DOCUMENTAL EL CAMINO INTERIOR

El Camino de Santiago lleva, desde hace siglos, siendo una ruta recorrida por millones de peregrinos por motivos religiosos, culturales, deportivos o de ocio. Promesas y retos también han formado parte de las motivaciones para realizarlo. Pero la realidad manifestada por todos aquellos que lo han recorrido es que se trata de un camino lleno de encanto, de espiritualidad y transformador aún sin pretenderlo. Nadie termina el camino como lo empezó.

Miguel Ángel Tobías, productor y director de cine y programas de televisión, recorrerá 16 etapas de El Camino desde León a Santiago de Compostela y Finisterre. Lo hará acompañado, en cada una de ellas, por personas que se dedican a ayudar a otros a transformar sus vidas, habiendo pasado ellos mismos por profundos procesos de transformación personales. Un Camino de encuentro, de compartir conocimientos y experiencias, dejándose también sorprender por lo que El Camino, en cada etapa, les depare.

Me parece un instrumento muy útil y recomendable para ser utilizado en nuestras clases.

PÁGINA WEB DEL DOCUMENTAL

PROGRAMAS

domingo, 8 de octubre de 2017

UNA EXPLORACIÓN DE LA FE Y DEL SENTIDO DE LA VIDA: PELÍCULA CONVERSO.

Converso es una película documental, que no ha parado de recibir premios y reconocimientos en los festivales en los que ha participado.

La película está dirigida por  un miembro de la familia que relata la película,  el agnóstico David Arratibel. Es una exploración de la fe en cuatro personas de su familia que hace unos años estaban muy alejados de la fe y en poco tiempo y por vías distintas se han convertido a un catolicismo vibrante y entusiasta. Ahora sus hermanas, su cuñado y su madre, los protagonistas de esta película documental, explican qué les llevó a creer.

La productora explica que “Converso” es un intento por comprender este proceso de transformación religiosa y existencial. Un ejercicio lleno de honestidad que intenta explorar los intrincados caminos de la fe y, al mismo tiempo, resolver viejos conflictos familiares. El título hace referencia tanto a la primera persona del presente de indicativo del verbo conversar como a aquellas personas que abrazan una religión diferente de la que tenían.  Es una película sobre el Espíritu Santo y sus caminos para transformar a la persona y un también, para los no creyentes, un fantástico escaparate para afrontar las preguntas fundamentales que todo hombre alberga en su corazón y realizar esas  conversaciones pendientes que tenemos con  nosotros mismos”.


Una película que no deja indiferente a nadie y que a todos nos enriquece. Totalmente recomendable.

“ Toda mi familia se ha convertido a la fe católica.
La distancia con ellos se hacía cada día más grande, así que me propuse hacer una película para entender cómo el Espíritu Santo había entrado en sus vidas y, de alguna forma, también en la mía. Una película de cariños, ausencias y distancias.”

David Arratibel

WEB OFICIAL:http://www.conversolapelicula.com

VÍDEOS:







TRAILER:

viernes, 23 de septiembre de 2016

ENTREVISTA A EL ACTOR RAFAEL ÁLVAREZ “EL BRUJO “. EXPERIENCIA VITAL , BÚSQUEDA Y FE

Santa Teresa de Jesús ha llegado a los Teatros del Canal de Madrid de la mano de Rafael Álvarez, el Brujo, cordobés afincado en la capital, enamorado confeso de los místicos y «seguidor de Jesús», como él mismo se define. Su recorrido por las grandes figuras del cristianismo comenzó con su espectáculo San Francisco, el juglar de Dios, continuó por El Evangelio según san Juan –que estudió durante cuatro años– y terminó con los dos grandes doctores de la Iglesia del siglo XVI. Analizó a san Juan de la Cruz en La luz oscura de la fe, y ahora se atreve con la que define como «una mujer insólita, determinada y a la que admiro profundamente». Ojo, la obra no es apta para puristas. Chascarrillos, bromas y risas se intercalan con la visión más profunda de la mística.

Varios de sus espectáculos están relacionados con el cristianismo. ¿Es usted un hombre creyente?

Soy buscante y experienciante, y por lo tanto creyente. Voy a Misa los domingos porque amo a Cristo y le busco con el corazón. Sin embargo, cuando se habla de la fe en el ámbito occidental la conectamos a una serie de valores y tradiciones muy ceñidos al catolicismo. Yo me baso más en la experiencia que en la propia creencia. Lo que me interesa por ejemplo de los místicos es su universalidad, más allá de cualquier confesión religiosa o tradición cultural.

Pero tiene una obra sobre el Evangelio según san Juan.

El Evangelio de Juan y la obra sobre san Francisco las hice porque retratan lo único que tiene interés en el mundo, que es la búsqueda esencial sobre el motivo de la existencia. La respuesta está en la literatura sagrada. La forma de hallar esa respuesta yo la encuentro en san Francisco y su mística meditativa: el intelecto calla y en el silencio del corazón habla Dios.

¿Y qué respuesta encontró?

Yo tuve una etapa en mi niñez y juventud en la que prevalecía el temor a lo sagrado, el ir por un camino seguro tanto en la moral como en la existencia. Luego tuve una época de aventura en la que me perdí en la tiniebla. Cuando volví a encontrar la luz, era distinta. Ya no era la de la fe por el temor, sino la luz del conocimiento y del amor.

¿Algo concreto le devolvió a la luz?

Yo era un chico de familia católica, educado en un internado. Cuando vine a Madrid empecé a ver cosas que no había visto, a leer libros a los que no tenía acceso, a conocer gente peligrosa. Empecé a experimentar, me metí en política, en el hachís, la marihuana, el amor libre, el comunismo, el ateísmo, Sartre, el existencialismo… y llegué a un callejón sin salida. Me encontré mal, busqué y me reencontré.

Encontró el Evangelio y la mística. ¿El siglo XXI necesita más Evangelio y más mística?

Yo he seguido a Jesús durante años en mi corazón, en los libros, en lo que dicen de él los ateos, los historiadores y los teólogos… Estudié el Evangelio durante años. Leí al cardenal Martini y a Umberto Eco. Traté de indagar a fondo, pero la gente no quiere indagar, quieren que les digan cuál es el camino para no tener problemas en la vida. Pero la vida del Espíritu es la vida de la aventura.

¿Por qué eligió a santa Teresa?

Es la gran mística por excelencia. Lo que hizo de ella una mujer tan imponente en el ejercicio de las libertades, de búsqueda espiritual, es que fue nieta de un judío que enseñó a su familia la Torá. En las tradiciones judías del XVI era el padre de familia el que enseñaba a los hijos la Ley. Cuando aprendes la fe de tu padre, de una forma tan íntima, es impresionante. Una descendiente suya, Teresa de Cepeda, vino a verme a la salida del espectáculo y me dio las gracias por mostrar esta faceta.

Mezcla el humor con conceptos profundos, como el sol por dentro. Una nomenclatura compleja para un espectáculo cómico.

Si no uso el humor no me entendería ni yo mismo. Pero la risa es una puerta abierta, porque los prejuicios se aflojan y la poesía cala con más facilidad. Yo veo las caras de los espectadores cuando digo «Yo soy Teresa de Jesús. Y yo Jesús de Teresa», y veo que entienden esa dualidad. Ahí está toda la teología. Y a la gente le gusta, porque las palabras bellas entran en el corazón de la gente sencilla.


TOMADO DEL SEMANARIO ALFA Y OMEGA

VÍDEO INTERESANTE:

domingo, 15 de mayo de 2016

MUCHAS RELIGIONES, UNA VERDAD: ¿CÓMO DISCERNIR?

LA MÚLTIPLE OFERTA RELIGIOSA EN EL MERCADO MUNDIAL DEJA PERPLEJOS A LOS INDECISOS.

Hay quien concluye que todas las religiones son válidas en su peligrosa pretensión de monopolizar la verdad, que todas son igualmente propensas a la intolerancia y a un carácter dañino, por lo que sería mejor adoptar como principio igualitario una actitud hostil con respecto a ellas. Los más coherentes de entre los que así opinan juzgan necesario luchar política e ideológicamente  contra su influencia con la misma determinación intransigente que cuando se lleva a cabo una campaña de desratización. Son los herederos de la Ilustración.

Su certidumbre es a la vez completamente demente y radicalmente falsa.

Es demente puesto que es una suposición literalmente delirante resolver unilateralmente que de ninguna experiencia espiritual acumulada por la humanidad desde su aparición se pueda aprender nada.

Es radicalmente falso porque sus presuposiciones son falsas: no es cierto que todas las religiones reivindiquen el monopolio de la verdad ni que las garantías que aporten sean equivalentes. Una tipología de las religiones, por somera que sea, es suficiente para demostrarlo.

La mayoría de las religiones no pretende desvelar la verdad

El hinduismo, una religión cuyos mitos fundadores se pierden en la noche de los tiempos, no aspira a garantizar la exclusividad de la verdad. Transmitidos de generación en generación, sus relatos fundadores no se colocan bajo la tutela de ninguna autoridad reconocida. Ello no impide que algunos hindúes, como personas cualquier otra religión, persigan a aquellos que no comparten sus creencias (cristianos y musulmanes).

El budismo, el confucianismo y el taoísmo son sobre todo expresiones de sabiduría de la vida fundadas por grandes maestros sabios (Buda, Confucio y Lao-Tse) y no son, estrictamente hablando, religiones en el sentido que entendemos. No pretenden revelar la verdad, sino constituir un estilo de vida destinado a tener éxito en la existencia aquí abajo. No nos informan sobre el sentido de nuestra vida terrenal ni sobre nuestra eventual vida después de la muerte.

Las religiones animistas –en particular aquellas que incluyen sacrificios humanos, como en el caso del culto rendido por los cartagineses al dios Baal o el de los aztecas al dios sol– tienen como objetivo mantener una armonía cósmica siempre precaria, conseguir la paz social con las fuerzas oscuras y malignas del universo manteniéndolas a distancia. No se preocupan de certificar su origen divino ni de responder a una búsqueda de sentido vital. La cuestión de la verdad no les preocupa.

Algunas religiones son lo que llamaríamos “religiones laicas”, que deifican el sistema político… y refuerzan la autoridad de los dirigentes: era el caso de los imperios inca, egipcio y romano, y sigue siendo el caso del sintoísmo en Japón. Y en este sentido también se corresponden de la misma forma con las “religiones ateas”, como el nazismo o el comunismo, que florecieron durante el siglo XX. La verdad tampoco es su preocupación. Su afán es más prosaico: el mantenimiento de la cohesión social y el fortalecimiento de la legitimidad del poder establecido.

Las religiones sincréticas (New Age y sectas) son el producto de un enfoque comercial con vistas a ofrecer al público un nuevo producto que se adapte a sus expectativas. No son el resultado de una búsqueda de la verdad. Sólo las religiones reveladas (judaísmo, cristianismo, islam, mormonismo) pretenden revelar y transmitir una verdad de la cual no son inventoras. El origen divino de su contenido, que todas ellas reivindican, es la garantía de la autenticidad del mensaje y todas se presentan como mensajeras fieles que no han añadido ni suprimido nada de la divina verdad original.

Sólo las religiones reveladas aseguran ser poseedoras exclusivas de la verdad

Los herederos de la Ilustración se confunden y, por ello, confunden a su mundo al afirmar que todas las religiones aspiran a la exclusividad de la verdad: simplemente no es cierto. La cuestión de la verdad es central únicamente para las religiones reveladas y son un número reducido.

Para estas religiones y sólo para ellas se plantea la cuestión de la autenticidad de su origen divino. Pero no quiere decir que la cuestión sea irresoluble. De hecho, podemos aplicar a esta revelación la metodología que utilizan en su día a día periodistas, historiadores, servicios de investigación de la policía y servicios de inteligencia: la verificación de las fuentes.

El criterio es simple: ¿estas religiones se presentan como el producto de una revelación privada, atestiguada por un único individuo y, por definición, no verificable o, por el contrario, una revelación colectiva, confirmada por varios individuos? En otras palabras, ¿podemos verificar las fuentes? Este criterio excluye a priori el islam y el mormonismo, pero no el judaísmo ni el cristianismo.

En la revelación bíblica, la palabra de Dios es anunciada por intermediación de patriarcas, sacerdotes, reyes, profetas y el Mesías, que vivieron en épocas diferentes, profetizaron sobre acontecimientos futuros y cumplieron con las profecías anunciadas.

En el Nuevo Testamento, disponemos de cuatro testimonios separados (los cuatro Evangelios) que coinciden en términos generales y sólo difieren en los detalles. Exactamente igual que cuando aprendemos la historia de Roma a través de las fuentes de los historiadores. Esto no es una garantía absoluta de verdad, no es una prueba, sino una garantía de verosimilitud.

Un puñado de indicios convergentes, nada de pruebas

La ausencia de pruebas, en el sentido científico de la expresión, es a veces una fuente de escepticismo para muchos indecisos e incluso para los creyentes. Pero lo sorprendente del hecho es precisamente esto, que, aunque la ausencia de pruebas es desafortunada, el hecho sigue siendo admisible.

Entonces, ¿dónde está lo problemático? Después de todo, ¿quién se casó con su cónyuge sólo después de que él o ella hubiera demostrado con pruebas su amor? Nadie.

Nos casamos porque alguien nos ha declarado su amor y porque confiamos en esa persona sobre la base de una serie de indicios convergentes y sobre la base de nuestra intuición, que Pascal llamaba el corazón, que es capaz de comprender a pesar de no poder demostrar: el corazón tiene razones que la razón ignora.

¿Quién siguió las prescripciones de un médico porque previamente le habían demostrado la exactitud de su diagnóstico y le habían probado la pertinencia del tratamiento que recomendaba? Nadie.

Depositamos nuestra confianza en un médico, según las circunstancias, en base a lo que nos dicen los amigos o por el conocimiento de unos testimonios que nos parecen, a su vez, dignos de confianza.

En general, nos pasamos la vida tomando decisiones basadas en una información incompleta e imperfecta, es decir, sin disponer de pruebas ni de una certeza absoluta.

Decidimos habitualmente basándonos en el mejor pronóstico que nos ofrece un puñado de indicios convergentes, nada de pruebas. Decidimos en un momento si depositar o no nuestra confianza en alguien. En un sentido literal, brindamos nuestra confianza por una cuestión de fe. Y si esto que hacemos de forma cotidiana con todos los que nos rodean no es para nada absurdo, ¿por qué sería absurdo hacerlo con Dios?


LOUIS CHARLES


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