Este año se está celebrando el VIII centenario de la construcción de la catedral de Burgos. Uno de los templos y monumentos más importantes de España. De hecho está considerado por la UNESCO patrimonio de la humanidad. Ante este maravilloso aniversario, desde el cabildo diocesano, y en colaboración con la universidad de Burgos se está difundiendo toda lar riqueza que atesora. No solo como expresión viva de la fe cristiana de un pueblo a lo largo de los siglos, sino, también como conjunción de saberes de una época que expresan la belleza, la bondad y el bien de todas las disciplinas, al servicio de una único propósito. Se nos muestra cómo la Iglesia siempre ha potenciado todos los saberes, sin ver en ellos una amenaza para la fe, sino como una búsqueda común para responder a las preguntas más profundas del ser humano. Así, ofrece por medio de la belleza y complejidad de este templo, un camino más para descubrir a Dios.
Estos vídeos pueden ser muy interesantes para mostrar a los alumnos la relación entre fe y ciencia, el aprendizaje de nuestra historia y tradición, el conocimiento de las catedrales y el Sentido profundo que hay detrás de cada templo.
Comparto los vídeos que se están difundiendo para descubrir la catedral desde diversas disciplinas:
¡Es así! La Iglesia católica no
se limita al rito romano: es una gran comunión de 24 Iglesias, 1 occidental y
23 orientales.
La rama occidental está
representada por la tradición latina de la Iglesia Católica Apostólica Romana.
Es llamada “occidental” debido a la localización geográfica de Roma, y no
porque su presencia se restrinja a países de Occidente: en realidad, la Iglesia
Católica de rito romano está presente en el mundo entero y tiene diócesis en
todos los continentes, de Portugal a Japón, de Brasil a Rusia, de Angola a China,
de Canadá a Nueva Zelanda.
Las Iglesias católicas orientales
también tienen fieles diseminados por el mundo, pero, por razones históricas,
están más fuertemente presentes en los lugares donde surgieron.
Poseen tradiciones culturales,
teológicas y litúrgicas diferentes, así como estructura y organización
territorial propias, pero profesan la misma e única doctrina y fe católica,
manteniéndose, por tanto, en comunión completa entre sí y con la Santa Sede.
Todas las 24 Iglesias que
componen la Iglesia católica son consideradas Iglesias sui iuris, o sea, son
autónomas para legislar de modo independiente respecto a su rito y su
disciplina, pero no respecto de los dogmas, que son universales y comunes a todas
ellas y garantizan su unidad de fe – formando, esencialmente, una única Iglesia
católica obediente al Papa, que a todas preside en la caridad.
CATÓLICOS, PERO NO LATINOS
La legislación de cada Iglesia
sui iuris es estudiada y aprobada por su respectivo sínodo, o sea, por la
reunión de sus obispos bajo la presidencia de su arzobispo-mayor o patriarca.
Por ejemplo, la Iglesia Melquita
está presidida por Su Beatitud el Patriarca Gregorio III; la Iglesia
Greco-Católica Ucraniana, por Su Beatitud el Arzobispo-Mayor Sviatoslav
Shevchuk.
El rebaño de los fieles católicos
de rito latino está guiado directamente por el Papa Francisco, obispo de Roma,
que es también el líder de toda la gran comunión de la Iglesia católica en sus
diversas tradiciones.
Es muy común incluso ahora, en
especial en Occidente, confundir la Iglesia católica con el rito latino, un
error que viene teniendo lugar desde hace siglos y que, a lo largo de la
historia, ha causado serios daños a los católicos de ritos orientales.
Lo que es preciso entender es que
todos los católicos latinos son, obviamente, católicos; mero no todos los
católicos son católicos latinos. ¡Y esta es una de las muchísimas riquezas del
infinito tesoro de la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica!
El Concilio Vaticano II reconoció
que todos los ritos aprobados por las Iglesias que forman la Iglesia católica
tienen la misma dignidad y derecho y deben ser preservados y promovidos.
NO SÓLO EXISTE EL RITO ROMANO
Además, si hablamos de los ritos,
otra confusión frecuente es la que se produce entre el rito latino y el rito
romano: los términos suelen usarse como sinónimos.
Pero, técnicamente, además del
rito romano, también existen otros ritos latinos de ciertas Iglesias locales,
como el ambrosiano o el mozárabe, y los de algunas órdenes religiosas, además
del rito tridentino (o forma extraordinaria del rito romano).
Pero no están vinculados a
Iglesias autónomas sui iuris, sino que son diferentes ritos dentro de la misma
tradición latina de la Iglesia católica.
Respecto a los ritos orientales,
las diferencias tienen más que ver con la diversidad de tradiciones y tiene
vínculos históricos entre los ritos y las Iglesias sui iuris específicas que
los adoptan: son el alejandrino o copto, el bizantino, el antioqueno o siríaco
occidental, el caldeo o siríaco oriental, el armenio y el maronita.
Pero ¿cuáles son, en definitiva,
las Iglesias sui iuris que forman la Iglesia católica? Aquí la impresionante
lista:
DE RITO OCCIDENTAL
Tradición litúrgica latina:
Rito latino de la Iglesia
Católica Apostólica Romana (sede en Roma)
DE RITOS ORIENTALES
Tradición litúrgica alejandrina:
Iglesia Católica Copta (patriarcado;
sede en El Cairo, Egipto)
Iglesia Católica Etíope
(metropolitanado; sede en Addis Abeba, Etiopía)
Iglesia Católica Eritrea
(metropolitanado; sede en Asmara, Eritrea)
Tradición litúrgica bizantina:
Iglesia Greco-Católica Melquita
(patriarcado; sede en Damasco, Siria)
Iglesia Católica Bizantina Griega
(eparquía; sede en Atenas, Grecia)
Iglesia Católica Bizantina
Ítalo-Albanesa (eparquía; sede en Sicilia, Italia)
Iglesia Greco-Católica Ucraniana
(arzobispado mayor; sede en Kiev, Ucrania)
Vamos a contaros que hay detrás
de la persona sobre la que más se ha escrito y hablado en la historia de la
humanidad: Yeshúa ben Yosef, Jesús hijo de José, es decir Jesús de Nazaret.
Pero no vamos a hablar de él desde el punto de vista religioso. Descubriremos,
de la mano del historiador Federico Romero Díaz y del biblista Javier Alonso
López, al Jesús Histórico, despojado de su faceta divina, al hombre de carne y
hueso que se esconde detrás de la figura que todos conocemos como «Cristo»,
traducción del término hebreo «Mesías» que significa «ungido».
Este vídeo es muy interesante
porque nos muestra cómo la persona de Jesús de Nazaret es histórica y existió
en un lugar y una época concreta. Independientemente de si uno cree que Jesús además
de hombre es Dios, de lo que no hay duda es de su existencia.
El día 7 de noviembre de 2019 los alumnos de 4ª de ESO nos dirigimos a el Real Monasterio de Santa María de Veruela y ,además, a la preciosa ciudad de Tarazona junto a nuestros profesores Fernando García y María Dolores.
Salimos de instituto a las 8:45 y realizamos un descanso tras una hora y media de viaje para almorzar. Poco Después llegamos al primer destino. El monasterio de Veruela nos recibió con lluvia, pero eso no nos quitó la posibilidad de disfrutar de su visita.
La visita fue dirigida por un guía que nos enseñó el lugar de una forma bastante creativa que se basaba en vestir a algunos alumnos de monjes de la época medieval. De esta manera nos enseñó la cocina, el refectorio, sala capitular, patio e iglesia; además de explicarnos como era el día a día del monasterio.
Una vez terminada la visita al monasterio, tuvimos la oportunidad de poder ver junto a él un museo dedicado al vino, ya que estábamos en el campo de Borja. Tuvimos la posibilidad de visitarlo con total libertad y a nuestro antojo. Tenía zonas dedicadas desde los aromas hasta el mismo crecimiento de la planta.
Después de ver el monasterio y el museo nos dirigimos a la ciudad de Tarazona, donde los profesores nos permitieron disfrutar de una hora y media de tiempo libre para usarla a nuestro placer por la ciudad. A la hora que nos dijeron nos reencontramos en la puerta de la Catedral de Santa María de la Huerta y nos dividimos en dos grupos, uno dirigido para ver la Catedral y el otro para ver zonas históricas de la ciudad.
En la visita a la catedral disfrutamos de las principales zonas junto a una guía, la cual, nos realizó un pequeño juego para identificar decoraciones y estilos arquitectónicos. A demás nos explicó alguna curiosidad como, por ejemplo, los grandes problemas que presentaba el cimborrio mudéjar; era demasiado pesado para la estructura de la misma.
En la visita a la ciudad tuvimos la suerte de ver el ayuntamiento donde nos explicaron, también, una de las grandes tradiciones de las fiestas de la zona como es el cipotegato. Luego nos dirigimos a la morería, judería, palacio epíscopal y finalmente la antigua plaza de toros compuesta por grupos de pisos formando un octógono.
Ya de vuelta a casa terminamos una excursión entretenida, gracias a la cual, pudimos aprender bastante, y aunque el tiempo no acompañase, lo pasamos bastante bien.
Este entretenido vídeo nos habla de cómo fue el descubrimiento de América, la relación de España con las nuevas tierras descubiertas y la evangelización de las mismas. Muchas leyendas negras vuelan sobre esta realidad, pero este vídeo nos ayuda a poner la verdad en su sitio.Os lo recomiendo.
La imagen de los inquisidores usando emparedamientos, fuego candente, golpes en las articulaciones, damas de hierro y ruedas de tormento, simplemente es ficción. Ninguna de esas torturas eran válidas, entre otras cosas porque no se podía poner en peligro la vida del reo ni provocar mutilaciones permanentes
La historia de la Inquisición española está llena de casos documentados de reos que blasfemaron con el propósito de ser trasladados de las cárceles del tribunal del Rey a las del Santo Oficio. Sabían que en manos de la Inquisición obtendrían más garantías procesales, obviamente insuficientes comparadas con las actuales, y que la tortura sería más benévola con ellos. Sabían, también, que el Santo Oficio buscaba más el arrepentimiento que la condena a muerte. Lo cual choca de frente con el mito creado por la Leyenda Negra, presente en el imaginario popular y resistentes a cualquier explicación o dato.
Indiferentemente de lo que aquí se diga, o del esfuerzo por contextualizar su historia: la Inquisición siempre será para muchos un aparato de tormento solo comparable a la Gestapo o a la KGB.
LA ERA DE TORQUEMADA
La figura del inquisidor es un recurso habitual en la literatura, extranjera y española, para dar forma a un malvado con características de intransigente y gusto por la sangre. Su presencia es multitudinaria en la literatura y en el cine, a pesar de que la historiografía ha desmontado muchos de los mitos asociados a este tribunal eclesiástico, empezando por demostrar que las cifras de condenados a su cargo ocupa un lugar secundario en comparación con otros episodios de una Europa que se desangró en guerras religiosas durante los siglos XVI y XVII. Sin ir más lejos, se calcula que solo en la Matanza de Bartolomé, en el verano de 1572, se mataron a tres veces más personas por cuestiones religiosas en Francia que en los tres siglos y pico de existencia del Santo Oficio en España.
La Inquisición española fue puesta en marcha, en 1478, para combatir los focos judaizantes que se habían localizado en el arzobispado de Sevilla. En contraste con la inquisición medieval, nacida en Francia en 1184 para luchar contra la herejía de los cátaros, la Santa Inquisición española fue estructurada desde el principio como un tribunal subordinado directamente a la Corona.
Ni en Inglaterra, ni en Europa oriental, ni en Castilla había existido la versión papal, extendida en toda Europa, por lo que Enrique IV solicitó su creación en una fecha tan tardía como 1476 al Papa Sixto IV. Su creación coincidió con el intento de los Reyes Católicos por crear un estado moderno, de modo que se aseguraron de ser los reyes quienes contralaran su dirección y decidieran el cargo de inquisidor general.
En estos primeros años, la Inquisición centró sus esfuerzos en los núcleos de judaizantes, que hasta entonces habían permanecido inmunes a otras campañas represivas. En 1481, se celebró el primer auto de fe, precisamente en Sevilla, donde fueron quemados vivos seis detenidos acusados de judeoconversos. Sin embargo, los resultados no eran los deseados por los Reyes Católicos, que, buscando incrementar el acoso contra los falsos conversos, nombraron a Tomás de Torquemada para el cargo de inquisidor general de Castilla en 1483.
La incansable actividad de Torquemada, de sangre conversa, extendió el clima de terror por toda la península. En 1492, ya existían tribunales en ocho ciudades castellanas (Ávila, Córdoba, Jaén, Medina del Campo, Segovia, Sigüenza, Toledo y Valladolid) y comenzaban a asentarse en las poblaciones aragonesas. Establecer la nueva Inquisición en los territorios de la Corona de Aragón resultó más complicado, a pesar de que la modalidad medieval sí había tenido aquí vigencia. No fue hasta el nombramiento de Torquemada, también Inquisidor de Aragón, Valencia y Cataluña, cuando la resistencia empezó a quebrarse.
Torquemada inauguró el mayor periodo de persecución de judeoconversos, entre 1480 a 1530, y donde más personas fueron condenadas a muerte por el tribunal. Según el historiador eclesiástico Juan Antonio Llorente, fueron ejecutadas 10.000 personas durante este periodo, cifas inverosímiles que han desmontado los estudios modernos a cargo del hispanista Henry Kamen, quien rebaja la cifra a 2.000 personas hasta 1530.
EN EL FOCO DE LA LEYENDA NEGRA
Desde la década de 1520, los objetivos del Santo Oficio fueron ampliándose a los pequeños grupos de protestantes, eramistas y otras desviaciones de la ortodoxia. A partir de 1551, la Inquisición empezó a publicar su propio Índice de libros prohibidos, mucho más extenso que el aprobado por la Curia Romana. Esta actuación inquisitorial actuó como «cordón sanitario» de ideas heréticas y libró a los reinos españoles de los sangrientos conflictos religiosos que asolaron toda Europa en los siglos XVI y XVII.
En su «Apologie», Orange siente total indiferencia por los judíos, pero critica a la Inquisición por acosar a los protestantes españoles. Lo que Orange ignora, o quiere ignorar, es que este grupo fue minoritario
Precisamente fue a raíz de la propaganda escrita por un líder protestante, Guillermo de Orange, cuando la Inquisición española adquirió su fama de tribunal monstruoso. En su «Apologie», Orange siente total indiferencia por los judíos, pero critica a la Inquisición por acosar a los protestantes españoles. Lo que Orange ignora, o quiere ignorar, es que este grupo fue minoritario. Se ha calculado en 2.700 el número de protestantes perseguidos por la Inquisición española entre 1517 y 1648, de los cuales la mayoría eran franceses, británicos flamencos y alemanes.
De esa cifra, apunta el investigador protestante E. Schafer que las condenas en firme afectaron a 220, entre los cuales solo doce fueron quemados. Una cifra nimia en comparación con lo que estaba ocurriendo en países como Inglaterra o Francia, que vivieron auténticas guerras civiles entre católicos y protestantes durante casi dos siglos. En el entorno calvinista que se movía Orange ocurría otro tanto de lo mismo.
No obstante, Orange no fue el único en criticar la intolerancia que se vivía en España. Antes que él, John Foxe, un inglés exiliado en Holanda en tiempos de la católica María Tudor, escribió un libro ilustrado sobre la intolerancia a través de la historia, cuya parte dedicada al Santo Oficio estaba repleta de errores y de mentiras. Como muchos otros autores, Foxe cita a víctimas de la Inquisición creyendo que son protestantes, pero en realidad la mayoría eran judíos o mahometanas, los cuales suponían el grueso de los muertos en la hoguera.
5.000 MUERTOS
Fue así la persecución protestante –mínima en España– la que llamó la atención en la Europa anglosajona sobre un tribunal encargado de juzgar un amplio grupo de «pecados». Los procesos afectaban a grupos tan distantes como los blasfemos, bígamos, heterodoxos, abusadores de menores, homosexuales e incluso falsificadores de moneda y plagiadores de libros. Según los estudios de Jaime Contreras y Gustav Henningsen, entre 1540 y 1700 el Santo Oficio persiguió a 49.000 personas (Joseph Pérez eleva el número total a 125.000 procesos durante sus 350 años en España) de los cuales el 27% fue procesado por blasfemias y palabras malsonantes; el 24%, por mahometismo; el 10%, por falsos conversos; el 8%, por luteranos; el 8%, por brujería y distintas supersticiones; y el resto por otros asuntos como la sodomía, la bigamia, la solicitud de los sacerdotes, etc.
Cabe recordar aquí que la mayor parte de estos «pecados» eran igualmente sancionados como delitos en el resto de Europa a través de tribunales ordinarios. En Inglaterra, ser católico o de una religión distinta a la del Rey era exactamente lo mismo que ser un traidor a la Corona. Solo las persecuciones de católicos en la Inglaterra de Isabel Tudor provocaron 1.000 muertos, entre religiosos y seglares, en cuestión de un par de décadas.
Entre los reos finalmente condenados por la Inquisición, los castigos podían ir desde una multa económica, servir en galeras como remeros durante un tiempo específico, penas de prisión, hasta, en los casos más graves, ser quemados vivos. En lo que se refiere al periodo entre 1540 y 1700, las condenas a muerte se dictaron para un 3,5% de los casos, según los cálculos de Gustav Henningsen. Pero solo al 1,8% de los condenados se les aplicó efectivamente la muerte por hoguera.
Los otros fueron quemados en efigie, es decir, a través de un muñeco del tamaño de un ser humano que los representaba. Esto se debía a que habían fallecido antes de terminar el proceso, se habían escapado o directamente nunca habían sido capturados. Como ejemplo de ello, en la mayor ejecución sumaria de la Inquisición, celebrada en 1680, fueron 61 los condenados a morir en la hoguera, de los cuales 34 eran estatuas en representación de los reos.
En caso de que se arrepintieran y reconocieran su herejía, los condenados a la hoguera eran estrangulados previamente mediante garrote vil. Y, si se arrepentía antes de la sentencia, lo más probable es que se conmutara su pena automáticamente por cárcel, multas y otros castigos que no comprometieran su vida.
Buscando una cifra global de muertos, el número estaría en torno a los 5.000-10.000 muertos durante los 350 años de existencia del tribunal, si bien Geoffrey Parker se atreve a estimar 5.000 muertos, lo que supone un 4% de todos los procesos abiertos.
Los miembros de la Iglesia no podían derramar sangre alguna y se limitaban a «relajarlos» al brazo secular, es decir, entregados a los tribunales reales
Otro de los errores más comunes es imaginar los multitudinarios autos de fe, que solían contar con la presencia de los Reyes y las autoridades, como lugares donde se presenciaban auténticas matanzas. En realidad, no se ejecutaba a nadie en estos actos, sino que los condenados a muerte, que comparecían ataviados con el tradicional sambenito (una especie de gran escapulario con forma de poncho), eran entregados formalmente a los tribunales reales encargados de ejecutar la sentencia más tarde y sin la presencia de las autoridades. Los miembros de la Iglesia no podían derramar sangre alguna y se limitaban a « relajarlos» al brazo secular, es decir, cedidos a sus verdugos.
LA INQUISICIÓN CONTRA LOS TRIBUNALES ORDINARIOS
Durante los 350 años de su historia, la Inquisición española ambicionó a ser un aparato efectivo en el control social de los súbditos, si bien el reducido número de inquisidores, que no alcanzaba ni el media centenar de hombres, hizo que su presencia en el medio rural fuera testimonial y en el caso de las urbes muy limitada. Su poder ni siquiera podía compararse al de los tribunales del Rey. El hispanista Henry Kamen, que ha dedicado varias obras a desmitificar las ideas extendidas sobre el Santo Oficio, ha demostrado con datos que al «comparar las estadísticas sobre condenas a muerte de los tribunales civiles e inquisitoriales entre los siglos XV y XVIII en Europa: por cada cien penas de muerte dictadas por tribunales ordinarios, la Inquisición emitió una».
En contraste, el británico James Stephen calculó en uno de sus volúmenes de «A History of the Criminal Law on England» (1883) que el número de condenados a muerte por todos los tribunales en Inglaterra aproximadamente en esos mismos tres siglos alcanzó la cifra de 264.000 personas, por delitos que iban del asesinato hasta el robo de una oveja. Stephen, que se asombraba al comparar las cifras con las de la mitificada Inquisición, fue uno de los primeros que defendió en Inglaterra que el tribunal español no pudo haber matado a la cifra de personas que decía la Leyenda Negra, puesto que el procedimiento penal que aplicaban estaba burocratizado y era demasiado garantistas como para tener capacidad material de ejecutar a tanta gente.
Lejos de lo que se pueda suponer, la Inquisición ofrecía unas garantías procesales más amplias (insuficientes, obviamente, a ojos actuales) que los tribunales ordinarios y, de hecho, mataba menos. Para empezar, la Inquisición recurría a la tortura en escasas ocasiones (Lea y Kamen calculan un 1 o 2 por ciento de los casos investigados), y siempre bajo supervisión de un inquisidor que tenía orden de evitar daños permanentes, a menudo junto a un médico, en contraste con las salvajes torturas aplicadas por la autoridad civil en España y en otros países.
Elvira Roca Barea recuerda en su libro «Imperiofobia y Leyenda Negra» que justamente más allá de los pirineos, por ejemplo en Inglaterra, «cualquier persona podía ser torturada o ejecutada –descuartizada para ser más exactos– por dañar unos jardines públicos, y en Alemania la tortura podía llevar a perder los ojos. En Francia era admisible desollar viva a la gente».
En la Inquisición española, sin embargo, el desarrollo de la tortura era registrado escrupulosamente por los secretarios, incluyendo los gemidos y exclamaciones proferidas por las víctimas. El Santo Oficio tenía un manual de procedimiento que, salvo raras excepciones, estipulaba estos tres sistemas: «potro» (correas que se iban apretando), «toca» (paño empapado que se introducía en la boca y sobre la nariz para crear una sensación de asfixia) y «garrucha» (colgar al reo de las muñecas con las manos atadas arriba o incluso a la espalda). Al inquisidor que se excedía en sus métodos se le destituía sin más.
La tortura, en definitiva, no podía poner en peligro la vida del reo ni provocar mutilaciones y podía ser aplicada también en nobles y en el clero, que estaban exentos en la justicia ordinaria: «El privilegio que las leyes otorgan a las personas nobles de no poder ser procesadas en las otras causas no ha lugar en materia de herejía» se dice en el Manual de los inquisidores. No así en mujeres embarazadas o criando, y en niños de menos de 11 años.
Las confesiones obtenidas durante el tormento no eran válidas por sí mismas y debían ser ratificadas, fuera de él, en las veinticuatro horas siguientes por el reo. Aparte, en contra del mito generalizado, nunca se aceptaron denuncias anónimas.
En Inglaterra, «cualquier persona podía ser torturada o ejecutada –descuartizada para ser más exactos– por dañar unos jardines públicos, y en Alemania la tortura podía llevar a perder los ojos. En Francia era admisible desollar viva a la gente
Todo ello hace que la imagen de los inquisidores usando emparedamientos, fuego candente, golpes en las articulaciones, damas de hierro y ruedas de tormento, sea simplemente ficción, aunque en buena parte de Europa se diera por tan cierta como que cada día sale el sol. A principios del siglo XIX, el conde de Maistre relató indignado que durante un viaje a Francia fue testigo de cómo un grupo de ilustrados hablaba sobre las terribles torturas de la Inquisición española, a pesar de que hacía décadas que no se usaba ningún tormento. Los jueces de este tribunal no la consideraban válida por esas fechas y se abolió completamente por la falta de uso.
LA CAZA DE BRUJAS, UNA CIFRA MÍNIMA EN ESPAÑA
Otra de las cuestiones que llaman la atención del caso español es la escasa incidencia que tuvo aquí la persecución de la brujería, que se vinculaba casi exclusivamente a las mujeres. Se considera tradicionalmente que la brujería era a ojos de los inquisidores españoles un mal menor en el que incurrían mujeres de baja extracción y ningún tipo de influencia social o religiosa. La actuación del tribunal se encaminó durante los siglos XVI y XVII a la reinserción de las acusadas de brujería en el seno de la Iglesia, más que a la pena de muerte, aunque también se registraron algunas ejecuciones en la hoguera por esta causa.
Como ejemplo de condena benigna, una mujer llamada Isabel García, que en 1629 confesó ante el tribunal de Valladolid habérsele aparecido Satanás, con quien pactó, la recuperación de su amante, fue sólo castigada a abjurar de levi y a cuatro años de destierro.
Las cifras demuestran que la caza de brujas fue un problema ajeno al Mediterráneo. Según cálculos del historiador alemán Wolfgang Behringer, la persecución provocó en toda Europa entre 40.000-60.000 víctimas, donde 500 corresponden a la suma de las ejecutadas en España, Portugal e Italia (exceptuando las regiones alpinas de lengua italiana). En esta cifra, correspondiente a la primera parte de la Edad Moderna, Francia habría ejecutado a 4.000 y Alemania al menos a 25.000.
A raíz del proceso de las brujas de Zugarramurdi (1610), donde dieciocho personas fueron reconciliadas, seis fueron quemadas vivas y cinco en efigie, la Inquisición española se preocupó porque nada igual volviera ocurrir en el norte del país, cuyo contacto con Francia aumentaba los riesgos de otros casos de histeria colectiva. «Alonso de Salazar y Frías empezó a desconfiar por primera vez de lo que las brujas decían sobre sí mismas. Empezó a considerar que todo aquello se había producido por una neurosis colectiva que había que erradicar», apunta el historiador Ricardo García Cárcel sobre este inquisidor enviado a investigar lo ocurrido en Zugarramurdi.
En su informe ante la Consejo de la Suprema Inquisición, Salazar y Frías afirmó el 24 de marzo de 1612 que los fenómenos de brujería habían sido historias inverosímiles y ridículas: «No hubo brujos ni embrujados hasta que se empezó a hablar de ellos».
La persecución de brujas provocó en toda Europa entre 40.000-60.000 víctimas, donde 500 corresponden a la suma de las ejecutadas en España, Portugal e Italia
En palabras del Julio Caro Baroja, el inquisidor español «se adelantó de modo considerable a los que difundieron en Europa ideas concebidas en el mismo sentido», como el famoso jesuita alemán Friedrich Spee, que cargó contra la persecución de las brujas en el corazón del continente. Como resultado de sus críticas, nunca más se juzgaría a nadie en territorio español por solo el delito de brujería, mientras en el resto de Europa continuó la persecución hasta finales del siglo XVIII. Una niña ejecutada en el cantón protestante de Glarus, en 1783, fue la última víctima de esta histeria prolongada durante siglos.
Existe una lista ingente de hombres de ciencia que siendo cristianos fueron decisivos en el desarrollo de las ciencias
El mito del supuesto conflicto entre ciencia y religión es una construcción ideológica del siglo XIX y que durante el siglo XX y hasta nuestros días se repite a través de prejuicios y leyendas que no se corresponden con la historia de la ciencia en la cultura occidental y cristiana.
Me he encontrado con jóvenes y adultos, alumnos y profesores, que expresan con total honestidad: “mi mentalidad científica no me permite ser una persona religiosa”, o “si creo en la ciencia no puedo prestar atención a la religión”, como si ambas fueran incompatibles y hasta enemigas.
Tal vez confundan asumir una filosofía positivista o materialista con ser “científico”, pero lo cierto es que la mayoría de los científicos de la historia occidental eran cristianos creyentes. Y en los hechos la historia muestra una aplastante lista de hombres de ciencia que, habiendo sido cristianos, fueron decisivos en el desarrollo de las ciencias. El mito más repetido es el supuesto conflicto de Galileo con la Iglesia, que no fue en los hechos un conflicto entre ciencia y religión, porque el mismo Galileo era católico, sino un conflicto entre dos modelos científicos y fue víctima de una coyuntura política más que de una falsa oposición entre fe y ciencia. ¿Cuál es la verdadera relación histórica entre ciencia y fe cristiana?
EN LOS ORÍGENES
Si bien es cierto que en otras culturas se originó ciencia y tecnología, en ninguna tuvo el desarrollo y el impulso de la civilización occidental judeocristiana, especialmente desde lo que hemos llamado la Edad Media hasta nuestros días. Las matemáticas nacen en Grecia, aunque tuvieron un preludio en Egipto, China y Babilonia.
Los griegos sistematizaron los primeros conocimientos de las ciencias de la naturaleza, especialmente matemáticas, astronomía y medicina. Pero en el mundo greco-romano se limitó a Alejandría y el resto era bastante reducido. La civilización hindú tuvo algunos avances notables, pero esporádicos. La civilización islámica que trajo a occidente gran parte de la ciencia griega y que tuvo importantes desarrollos en sus primeros siglos, luego se detuvo casi por completo.
En cambio, en occidente ha sido precisamente el cristianismo quien dio este dinamismo gracias a una concepción del mundo propia que no sacraliza el mundo y la naturaleza y que entiende al ser humano como un ser racional capaz de descubrir las leyes del Universo.
Estos presupuestos estuvieron presentes en los hombres de ciencia de la Edad Media y de la Modernidad. La mentalidad judeocristiana sostiene que el universo ha sido creado racionalmente por un Dios racional que lo ha hecho comprensible, sujeto a leyes que pueden descubrirse mediante la observación y la experimentación. Fueron los padres de la Iglesia de los primeros siglos quienes “despersonalizaron” la naturaleza.
Newton y Galileo partían de estos presupuestos, concibiendo un universo matemáticamente ordenado por Dios y racionalmente comprensible. Fue un cristiano del siglo VI, Juan Filopón de Alejandría, quien inició la teoría del movimiento, que luego se llamó “Mecánica”, rompiendo así con concepciones griegas. Grandes pensadores medievales como Alberto Magno y Pedro Gil de Roma (ambos obispos) hicieron grandes aportes en ciencias de la naturaleza.
La lista requeriría varias páginas, pero solo con recordar a hombres como Tomás de Aquino, Roger Bacon, Duns Scotto, Nicolás de Cusa, Francis Bacon y Guillermo de Ockham, nos hacemos una idea de quienes prepararon el terreno para el gran desarrollo que luego aportaron cristianos como Copérnico, Descartes, Kepler, Galileo y Newton.
Estos hombres veían la Naturaleza como un libro escrito por Dios que había que descifrar y claramente entendían el Universo como la obra de un Creador inteligente y providente. Y si nuestra inteligencia es a “su imagen y semejanza” como expresa el libro del Génesis, los seres humanos somos capaces de descubrir y comprender los secretos de la Naturaleza.
CONTINUIDAD EN EL PROGRESO CIENTÍFICO
Los monjes cristianos preservaron el conocimiento antiguo que era arrasado por las invasiones. Ellos inventaron el arado de hierro y muchos instrumentos que revolucionaron la agricultura. La labor en diversas artes y oficios de los monjes hizo que muchos conocimientos no solo progresaran, sino que no se perdieran. Desde la afluencia de intelectuales de toda Europa a Toledo en el siglo XIII y la fundación de las Universidades en ese mismo siglo, sentaron las bases de la investigación moderna y produjeron el renacimiento científico de los siglos siguientes.
La ciencia moderna no surgió por generación espontánea en el siglo XVI, sino que hunde sus raíces en las Universidades medievales que, por ser obra de la Iglesia, no pocos ignoran al contar la historia en forma sesgada. La fachada occidental de la catedral de Toledo da testimonio de cuál era la orientación de la escuela de Chartres en la Edad Media. En ella están esculpidas las siete artes liberales representadas por un maestro de la Antigüedad: Aristóteles, Boecio, Cicerón, Donato, Euclides, Ptolomeo y Pitágoras.
Un intelectual cristiano del siglo XI escribió: “Si volvemos la espalda a la asombrosa belleza racional del universo en que vivimos, ciertamente merecemos ser expulsados de él… Ningún mérito le restaré a Dios, pues todo cuando es viene de Él”. Numerosos textos griegos perdidos para los europeos durante siglos fueron recuperados gracias a las traducciones de los árabes que luego se tradujeron al latín en el siglo XII.
El padre de la geología moderna fue un luterano que luego fue ordenado sacerdote católico, el científico Nicolaus Steno (1638-1686), quien además era médico.
Los jesuitas fueron los primeros en observar las bandas de colores sobre la superficie de Júpiter, la nebulosa de Andromeda y los anillos de Saturno. Teorizaron sobre la circulación de la sangre, sobre la posibilidad de volar, sobre la influencia de la luna sobre las mareas y sobre la naturaleza ondulante de la luz. Grandes científicos de la modernidad como Leibniz y Newton tenían entre los sacerdotes jesuitas a sus más valiosos corresponsales.
No es casualidad que treinta y cinco cráteres lunares fueron bautizados por cienfíticos y matemáticos jesuitas. Fue a través de ellos que los científicos europeos tuvieron acceso a la ciencia y cultura china. El mayor genio de Yugoslavia, un verdadero erudito en teoría atómica, óptica, matemática y astronomía, fue un sacerdote jesuita llamado Roger Boscovich (1711-1787).
El químico y bacteriólogo Louis Pasteur es conocido por su fe católica de raíz franciscana. El electromagnetismo fue desarrollado por católicos y anglicanos que se manifestaban públicamente como creyentes: Faraday, Volta, Ampere, Herz, Maxwell y Marconi, inventor de la radio y premio Nobel de Física. Un clérigo es el padre de la genética: Gregor Mendel, y un sacerdote belga como Georges Lemaître no sólo fue el primero en proponer la hipótesis del Big Bang, sino que también descubrió el desvío al rojo de la luz que llega de las galaxias y la consiguiente expansión del universo (dos años antes que Edwin Hubble).
El padre de la química, Antoine L. Lavoisier era un católico francés que fue guillotinado por la Revolución en 1794. En biología el primero en plantear la evolución de las especies fue Jean Baptiste Lamarck y era un ferviente católico. El propio Charles Darwin que terminará declarándose agnóstico al final de su vida, se manifiesta como creyente en Dios en el párrafo que cierra el Origen de las especies.
NO ES CASUALIDAD
El fundador de la física cuántica y premio Nobel, Max Planck, escribió: “Nada pues nos lo impide, y el impulso de nuestro conocimiento lo exige…relacionar mutuamente el orden del universo y el Dios de la religión. Dios está para el creyente en el principio de sus discursos, para el físico, en el término de los mismos”.
El historiador de la ciencia J. L. Heilbron, de la Universidad de California, escribe que “la Iglesia católico-romana aportó más ayuda social y financiera al estudio de la astronomía a lo largo de seis siglos que ninguna otra institución, y acaso más que el resto de las instituciones en su conjunto”. La fe de tantos hombres de ciencia no es un dato anecdótico que deba omitirse, sino parte fundamental de su visión de la vida y del universo. No es casualidad que la ciencia moderna se desarrollara en la Europa cristiana. La fe cristiana ha sido la cosmovisión fundamental que ha permitido y potenciado el desarrollo científico que conocemos. El diálogo entre ciencia, filosofía y religión han construido la civilización occidental, no la oposición entre ellas. El mito del conflicto todavía tiene gran poder de divulgación, pero no resiste la evidencia histórica.
Bibliografía para profundizar:
Riaza Morales, J. (1999). La Iglesia en la historia de la ciencia. Madrid: BAC.
Fernández Rañada, A. (2008). Los científicos y Dios. Madrid: Trotta.
Udías, A. (2010). Ciencia y Religión: dos visiones del mundo. Santander: Sal Terrae.
Woods, T. (2010). Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental. Madrid: Ciudadela.
Como ya hemos realizado en entradas anteriores, tratamos sobre el polémico tema de la inquisición Española. Este sencillo vídeo viene a aclarar, una vez más, los datos falsos sobre ella y la leyenda negra que se extiende sobre ella. Os recomiendo un libro del que ya hablé hace tiempo titulado "Ispanofobía y leyenda negra" de Elvira Roca. Es muy recomendable para aclarar varias "fakes news".
La orden religiosa franciscana, custodia de tierra santa desde hace más de seiscientos años, ha realizado un documental sobre la iglesia del Santo sepulcro; el lugar donde fue depositado el cuerpo de Jesucristo después de la crucifixión y donde tuvo lugar la Resurrección, fundamento de la fe cristiana. Me parece muy interesante. Al verlo podemos aprender sobre nuestra tradición y sobre el origen del cristianismo. Os lo recomiendo. EL ORIGEN DE LA SEMANA SANTA: ASÍ MURIÓ JESÚS: EL SANTO SEPULCRO DE JERUSALÉN:
Las miles de iglesias repartidas por la geografía española son reflejo y máximo exponente de la historia de la arquitectura española desde el siglo IV hasta nuestros días. Durante muchos siglos la construcción de templos ha marcado la evolución tecnológica de la arquitectura. Ésta evolución ha dado lugar a diferentes técnicas y estilos a lo largo de la historia.
La mayoria de las iglesias tienen elementos de diferentes estilos, esto es principalmente debido a:
Reformas. Bien por necesidad o por gusto, cuando se realizaban reformas se solía aplicar el estilo contemporáneo a la reforma, en raras ocasiones se respetaba el diseño original.
Ampliaciones. En muchas ocasiones las obras se prolongaban por muchos años e incluso siglos. Se comenzaba con un diseño que iba actualizándose con las nuevas tendencias. En el caso de grandes templos, muchos obispos y nobles querían dejar su huella, construyendo nuevas capillas e instalaciones.
De esta manera, es muy común que cada iglesia tenga diferentes elementos construidos en diferentes estilos.
1. ASPECTO GLOBAL
Aunque en principio el aspecto global sería el principal elemento diferenciador, hay que tener en cuenta que en construcciones más modestas puede confundirnos puesto que las diferencias pueden ser mínimas.
2. ESTILOS-ARQUITECTONICOS-IGLESIAS-ASPECTO
Como norma general:
PRERROMÁNICO: Los muros soportan toda la carga, de modo que son muros gruesos y con pocas aberturas. Destaca la ausencia de argamasa. Baja altura.
ROMÁNICO: Al igual que el prerrománico, los muros son gruesos y con pocas aberturas. Los muros están reforzados con contrafuertes. Por regla general son construcciones de baja altura, aunque hay excepciones sobre todo en los campanarios.
MUDÉJAR: El ladrillo y la cerámica son los principales elementos utilizados, dándole un aspecto muy característico.
GÓTICO: La carga se distribuye en una estructura de columnas y arcos, de modo que los muros son más finos y se permiten más y mayores aberturas. Ésta estructura se refuerza con arcos arbotantes. Las construcciones góticas tienden a ser muy altas.
RENACENTISTA: Se introducen elementos de arquitectura clásica y timidamente formas redondeadas.
BARROCO: Combinación de espacios lineales y formas redondeadas complejas.
En cualquier caso, el aspecto depende en gran medida de los recursos empleados y la pericia del maestro. Las mayores diferencias se encuentran en las grandes construcciones, mientras que en construcciones más modestas las diferencias pueden ser mínimas.
3. PORTADA, FACHADA PRINCIPAL
PRERROMÁNICO: Arco de medio punto o de herradura en el caso del mozárabe.
ROMÁNICO: Portada escultórica. Para evitar el efecto “tunel”, el grosor del muro se adorna con arquivoltas concéntricas, llamadas arcos abocinados. Estos arcos se apoyan en los capiteles de las columnas, normalmente también decorados.
MUDÉJAR: Dependiendo de la época y localización se pueden dar diferentes formas, siempre en ladrillo y cerámica.
GÓTICO: También a base de arcos abocinados, pero de forma ojival.
RENACENTISTA: Tiende a desaparecer la forma ojival del gótico para volver al arco de medio punto, aunque ahora se pueden construir con diámetros mayores que en el románico. Dentro de las diferentes tendencias renacentistas destacan las portadas de estilo plateresco, de gran riqueza ornamental.
BARROCO: La combinación de líneas rectas y curvas dan lugar a diferentes formas. En general se utilizan columnas de gran tamaño y grandes pórticos abobedados.
NEOCLÁSICO: Grandes columnas culminadas por un gran frontón, generalmente de forma triangular. Ausencia de ornamentación.
4. ARCOS, VENTANAS Y BÓVEDAS
PRERROMÁNICO: Muy pocas ventanas y muy estrechas, en algunos casos son simplemente aspilleras. Los arcos son de herradura y de medio punto con poco diámetro. Bóvedas de cañón, bóvedas de arista y cúpulas de pequeñas dimensiones.
ROMÁNICO: Arco de medio punto, bóvedas de cañón y bóvedas de arista. En el periodo final del románico se comenzó a utilizar el arco ojival o apuntado. Para sujetar el gran peso de la bóveda de cañón los muros se refuerzan con contrafuertes. La escasez de ventanas da lugar a una luz muy tenue en el interior.
GÓTICO: Arco ojival y bóveda de crucería. Estos dos elementos consiguen aligerar el peso y repartirlo eficientemente a través de una estructura de pilares y nervios reforzados con arcos arbotantes. Éste sistema permite aumentar considerablemente la altura de la construcción al tiempo que se pueden abrir grandes ventanales. Como consecuencia, los templos góticos son más altos, más ligeros y mucho más luminosos que sus antecesores.
RENACENTISTA: El renacimiento supone una ruptura con el gótico, si el gótico pretendía construir espacios a la medida de Dios, en el renacimiento se pretende crear espacios a la medida del hombre. Desaparece el arco ojival e impera la proporción y la matemática. Los nuevos conocimientos permiten utilizar sin problema arcos de medio punto, bóvedas de cañón y espectaculares cúpulas. Los arcos y columnas adoptan nuevas formas y tampoco son necesarios ya los arcos arbotantes. También habrá cambios en los materiales.
BARROCO: La arquitectura barroca no renuncia a los elementos clasicistas del renacimiento, pero los ornamenta de tal forma que en ocasiones todo el edificio parece una enorme escultura. A excepción del arco ojival, todo tipo de arcos, bóvedas y cúpulas se pueden dar en estilo barroco.
5. MATERIALES
No supone un elemento claramente diferenciador, puesto que tanto el tipo de piedra utilizada como su talla dependen de factores geográficos y recursos económicos. Unicamente podríamos descartar el estilo prerrománico si las piedras están unidas con argamasa, puesto que el empleo de la argamasa es en general a partir del románico.
También por el tipo de material podríamos identificar el estilo mudejar, cuyo material principal es el ladrillo.
Sillería. El sillar es una piedra labrada por varias de sus caras.
Mampuesto. En cuanto a material se refiere a piedra sin labrar, aunque la palabra tiene también otros usos.
Sillarejo. Sillar más pequeño o labrado más toscamente.
Ladrillo. Piedra de arcilla cocida, generalmente de pequeñas dimensones.
Argamasa. Elemento de unión, puede ser más o menos visible.
A partir del renacimiento se introducen nuevos materiales y nuevas técnicas de labrado, dando como resultado maravillosos sillares con formas redondeadas, bordes suaves y encajes perfectos.
Esperamos que este artículo te ayude a identificar los diferentes estilos de arquitectura religiosa en España, por supuesto, el tema es mucho más complejo y tiene infinidad de matices pero no queríamos escribir un “tochazo” sino una guía práctica. Aquí os dejamos distintos enlaces donde poder ver ejemplos de :