EL RINCÓN DE FERNY

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viernes, 1 de agosto de 2014

SACRAMENTOS PARA SERVIR: EL ORDEN SACERDOTAL

Con este sacramento finalizo esta pequeña profundización primero sobre los sacramentos en general y luego sobre cada uno de ellos, dividiéndolos en tres grupos.
El sacramento del orden sacerdotal forma parte de los sacramentos de servicio. Con esta introducción iniciamos esta pequeña profundización.

1. El sacerdocio de Cristo y su vinculación con la historia sagrada.

De entre el pueblo de Israel, designado en Ex 19,6 como «reino de sacerdotes», la tribu de Leví fue escogida por Dios «para el servicio de la Morada del Testimonio» (Nm 1,50); a su vez, de entre los levitas se consagraban los sacerdotes de la antigua alianza con el rito de la unción (cfr. Ex 29,1-7), al conferirles una función «en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados» (Hb 5,1).



El sacerdocio levítico prefiguró de algún modo en el pueblo elegido la plena realización del sacerdocio en Jesus, no ligado ni a la genealogía, ni a los sacrificios del templo, ni a la Ley, sino sólo al mismo Dios (cfr. Hb 6,17-20 y 7,1ss). Por eso, fue «proclamado por Dios Sumo Sacerdote a semejanza de Melquisedec» (Hb 5,10), quien «mediante una sola oblación ha llevado a la perfección para siempre a los santificados» (Hb 10,14). En efecto, el Verbo de Dios encarnado, en cumplimiento de las profecías mesiánicas, redime a todos los hombres con su muerte y resurrección, entregando su propia vida en cumplimiento de su condición sacerdotal. Este sacerdocio, que Jesús mismo presenta en términos de consagración y misión (cfr. Jn 10,14), tiene, por tanto, valor universal: no existe «una acción salvífica de Dios fuera de la única mediación de Cristo».



2. El sacerdocio en los apóstoles y en la sucesión apostólica



En la última cena, Jesús manifiesta la voluntad de hacer participar a sus apóstoles de su sacerdocio, expresado como consagración y misión: «Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad» (Jn 17,18-19). Cuando llama a los apóstoles constituyéndoles como colegio (cfr. Mc 3,13-19), cuando les instruye y los envía a predicar (cfr. Lc 9,1-6), cuando les confiere el poder de perdonar los pecados (cfr. Jn 20,22-23), cuando les confía la misión universal (cfr. Mt 28,18-20); hasta la especialísima ocasión en que les ordena celebrar la Eucaristía: «haced esto en memoria mía» (1 Co 11,24). En la misión apostólica ellos «fueron confirmados plenamente el día de Pentecostés».


Durante su vida, «no sólo tuvieron diversos colaboradores en el ministerio, sino que a fin de que la misión a ellos confiada se continuase después de su muerte, los apóstoles, a modo de testamento, confiaron a sus cooperadores inmediatos el encargo de acabar y consolidar la obra por ellos comenzada (...) y les dieron la orden de que, a su vez, otros hombres probados, al morir ellos, se hiciesen cargo del ministerio». Es así como «los obispos, junto con los presbíteros y diáconos, recibieron el ministerio de la comunidad para presidir sobre la grey en nombre de Dios como pastores, como maestros de doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros dotados de autoridad».

2. Naturaleza y efectos del orden recibido

Mediante el sacramento del orden se confiere una participación al sacerdocio de Cristo según la modalidad trasmitida por la sucesión apostólica. El sacerdocio ministerial se distingue del sacerdocio común de los fieles, proveniente del bautismo y de la confirmación; ambos «se ordenan el uno para el otro», mas «su diferencia es esencial, no solo gradual». Es propio y específico del sacerdocio ministerial ser «una representación sacramental de Cristo Cabeza y Pastor», lo que permite ejercer la autoridad de Cristo en la función pastoral de predicación y de gobierno, y obrar in persona Cristo en el ejercicio del ministerio sacramental.

La "representación de Cristo" subsiste siempre en el ministro, cuya alma ha sido sellada con el carácter sacramental, impreso indeleblemente en el alma en la ordenación. El carácter es, pues, el efecto principal del sacramento, y siendo realidad permanente hace que el orden no pueda ser ni repetido, ni eliminado, ni conferido por un tiempo limitado. «Un sujeto válidamente ordenado puede ciertamente, por causas graves, ser liberado de las obligaciones y las funciones vinculadas a la ordenación, o se le puede impedir ejercerlas, pero no deja de ser sacerdote" (Catecismo, 1583).

2.3. Los grados del orden sagrado

El diaconado, el presbiterado y el episcopado conservan entre sí una relación intrínseca, como grados de la única realidad sacramental del orden sagrado, recibidos sucesivamente en modo inclusivo. A su vez, ellos se distinguen según la realidad sacramental conferida y sus correspondientes funciones en la Iglesia.
El episcopado es «la plenitud del sacramento del orden». . Son sucesores de los apóstoles, y miembros del colegio episcopal, al que se incorporan inmediatamente en virtud de la ordenación, conservando la comunión jerárquica con el Papa, cabeza del colegio, y con los demás miembros. Principalmente a ellos corresponden las funciones de capitalidad, tanto en la Iglesia universal como presidiendo las Iglesias locales, a las que rigen «como vicarios y legados de Cristo», y lo hacen «con sus consejos, con sus exhortaciones, con sus ejemplos, pero también con su autoridad y con su potestad sagrada. De entre los oficios episcopales «se destaca la predicación del Evangelio. Porque los obispos son los pregoneros de la fe que ganan nuevos discípulos para Cristo y son los maestros auténticos, es decir, herederos de la autoridad de Cristo, que predican al pueblo que les ha sido encomendado la fe que ha de creerse y ha de aplicarse a la vida», y «cuando enseñan en comunión por el Romano Pontífice, deben ser respetados por todos como los testigos de la verdad divina y católica. Finalmente, como administradores de la gracia del supremo sacerdocio, ellos moderan con su autoridad la distribución sana y fructuosa de los sacramentos: «ellos regulan la administración del bautismo, por medio del cual se concede la participación en el sacerdocio regio de Cristo. Ellos son los ministros originarios de la confirmación, dispensadores de las sagradas órdenes, y los moderadores de la disciplina penitencial; ellos solícitamente exhortan e instruyen a su pueblo a que participe con fe y reverencia en la liturgia y, sobre todo, en la participación de la eucaristía.
El presbiterado. A los presbíteros se les ha confiado la función ministerial «en grado subordinado, con el fin de que, constituidos en el orden del presbiterado, fueran cooperadores del orden episcopal para el recto cumplimiento de la misión apostólica.. Concretamente, los presbíteros «tienen como obligación principal anunciar a todos el Evangelio de Cristo, para constituir e incrementar el Pueblo de Dios, cumpliendo el mandato del Señor: "Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. Su función está centrada «en el culto eucarístico o comunión, en el cual, in persona Christi agentes, y proclamando su Misterio, juntan con el sacrificio de su Cabeza, Cristo, las oraciones de los fieles (cfr. 1 Co 11,26), representando y aplicando en el sacrificio de la Misa, hasta la venida del Señor, el único Sacrificio del Nuevo Testamento, a saber, el de Cristo que se ofrece a sí mismo al Padre, como hostia inmaculada (cfr. Hb 9,14-28)»[19]. Ello va unido al «ministerio de la reconciliación y del alivio», que ejercen «para con los fieles arrepentidos o enfermos». 
Los diáconos constituyen el grado inferior de la jerarquía. A ellos se les imponen las manos «no en orden al sacerdocio, sino al ministerio», que ejercen como una repraesentatio Christi Servi. Compete al diaconado «la administración solemne del bautismo, el conservar y distribuir la Eucaristía, el asistir en nombre de la Iglesia y bendecir los matrimonios, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir los ritos de funerales y sepelios.

3. Ministro y sujeto

La administración del orden en sus tres grados está reservada exclusivamente al obispo: en el Nuevo Testamento sólo los apóstoles lo confieren, y, «dado que el sacramento del orden es el sacramento del ministerio apostólico, corresponde a los obispos, en cuanto sucesores de los apóstoles, transmitir "el don espiritual" (LG 21), "la semilla apostólica" (LG 20)» (Catecismo, 1576), conservada a lo largo de los siglos en el ministerio ordenado.

Para la validez de la ordenación, en sus tres grados, es necesario que el candidato sea varón y esté bautizado. Jesucristo, en efecto, eligió como apóstoles solamente hombres, a pesar de que entre quienes le seguían se encontraban también mujeres, que en varias ocasiones demostraron una mayor fidelidad. Esta conducta del Señor es normativa para toda la vida de la Iglesia y no puede considerarse circunstancial, pues ya los apóstoles se sintieron vinculados a esta praxis e impusieron las manos solo a varones, también cuando la Iglesia estaba difundida en regiones donde la presencia de mujeres en el ministerio no hubiese suscitado perplejidad. Los padres de la Iglesia siguieron fielmente esta norma concientes de tratarse de una tradición vinculante, que fue adecuadamente recogida en decretos sinodales. La Iglesia, en consecuencia, «no se considera autorizada a admitir a las mujeres a la ordenación sacerdotal.

Una ordenación legítima y plenamente fructuosa requiere además, por parte del candidato, la vocación como realidad sobrenatural, a la vez confirmada por la invitación de la autoridad competente a ser ordenado. Por otra parte, en la Iglesia latina rige la ley del celibato eclesiástico para los tres grados; ella «no es exigida, ciertamente, por la naturaleza misma del sacerdocio, pero «tiene mucha conformidad con el sacerdocio», pues con ella los clérigos participan en la modalidad célibe asumida por Cristo para realizar su misión, «se unen a El más fácilmente con un corazón indiviso, se dedican más libremente en El y por El al servicio de Dios y de los hombres». Con la entrega plena de sus vidas a la misión confiada, los ordenandos «evocan el misterioso matrimonio establecido por Dios (...), por el que la Iglesia tiene a Cristo como Esposo único. Se constituyen, además en señal viva de aquel mundo futuro, presente ya por la fe y por la caridad, en que los hijos de la resurrección no tomarán maridos ni mujeres»[24]. No están obligados al celibato los diáconos permanentes ni los diáconos y presbíteros de las Iglesias orientales. Finalmente, para ser ordenados se requieren determinadas disposiciones internas y externas, la edad y ciencia debidas, el cumplimiento de los requisitos previos a la ordenación y la ausencia de impedimentos e irregularidades.

PARA PROFUNDIZAR Y TRABAJAR:



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SOPA DE LETRAS SACRAMENTO DEL ORDEN.
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 CORTOMRETRAJES "ALBA" Y "NORTE" SOBRE EL SENTIDO SACERDOTAL Y SU SER EN EL MUNDO:


martes, 29 de julio de 2014

SACRAMENTOS PARA SERVIR: MATRIMONIO

Seguimos trabajando los sacramentos, ahora, con los sacramentos de servicio. Comenzaremos realizando una pequeña introducción sobre éste sacramento.
El sacramento del matrimonio tiene su origen en Dios, quien al crear al hombre lo hizo una persona que necesita abrirse a los demás, con una necesidad de comunicarse y que necesita compañía. “No está bien que el hombre esté solo, hagámosle una compañera semejante a él.” (Gen. 2, 18). “Dios creó al hombre y a la mujer a imagen de Dios, hombre y mujer los creó, y los bendijo diciéndoles: procread, y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla”.(Gen. 1, 27- 28). Desde el principio de la creación, cuando Dios crea a la primera pareja, la unión entre ambos se convierte en una institución natural, con un vínculo permanente y unidad total (Mt. 19,6). Por lo que no puede ser cambiada en sus fines y en sus características, ya que de hacerlo se iría contra la propia naturaleza del hombre.
El matrimonio es, por tanto, una  institución perfilada por el Creador para realizar su designio de amor en la humanidad. Por medio de él, los esposos se perfeccionan y crecen mutuamente y colaboran con Dios en la procreación de nuevas vidas.
El matrimonio para los bautizados es un sacramento que va unido al amor de Cristo su Iglesia, lo que lo rige es el modelo del amor que Jesucristo le tiene a su Iglesia (Cfr. Ef. 5, 25-32). Sólo hay verdadero matrimonio entre bautizados cuando se contrae el sacramento.
El matrimonio se define como la alianza por la cual, - el hombre y la mujer - se unen libremente para toda la vida con el fin de ayudarse mutuamente, procrear y educar a los hijos. Esta unión - basada en el amor – que implica un consentimiento interior y exterior, estando bendecida por Dios, al ser sacramental hace que el vínculo conyugal sea para toda la vida. Nadie puede romper este vínculo. (Cfr. CIC can. 1055).
En lo que se refiere a su esencia, los teólogos hacen distinción entre el casarse y el estar casado. El casarse es el contrato matrimonial y el estar casado es el vínculo matrimonial indisoluble.
El matrimonio posee todos los elementos de un contrato. Los contrayentes que son el hombre y la mujer. El objeto que es la donación recíproca de los cuerpos para llevar una vida marital. El consentimiento que ambos contrayentes expresan. Unos fines que son la ayuda mutua, la procreación y educación de los hijos.

INSTITUCIÓN

Hemos dicho que Dios instituyó el matrimonio desde un principio. Cristo, Jesús de Nazaret, lo elevó a la dignidad de sacramento a esta institución natural deseada por el Creador. No se conoce el momento preciso en que lo eleva a la dignidad de sacramento, pero se refería a él en su predicación. Jesucristo explica a sus discípulos el origen divino del matrimonio. “No habéis leído, como Él que creó al hombre al principio, lo hizo varón y mujer? Y dijo: por ello dejará a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne”. (Mt. 19, 4-5). Cristo en el inicio de su vida pública realiza su primer milagro – a petición de su Madre – en las Bodas de Caná. (Cfr. Jn. 2, 1-11). Esta presencia de Él en un matrimonio es muy significativa para la Iglesia, pues significa el signo de que - desde ese momento - la presencia de Cristo será eficaz en el matrimonio. Durante su predicación enseñó el sentido original de esta institución. “Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”. (Mt. 19, 6). Para un cristiano la unión entre el matrimonio – como institución natural – y el sacramento es total. Por lo tanto, las leyes que rigen al matrimonio no pueden ser cambiadas arbitrariamente por los hombres.

FINES DEL MATRIMONIO

Los fines del matrimonio son el amor y la ayuda mutua, la procreación de los hijos y la educación de estos. (Cfr. CIC no. 1055; Familiaris Consortio nos. 18; 28).
El hombre y la mujer se atraen mutuamente, buscando complementarse. Cada uno necesita del otro para llegar al desarrollo pleno - como personas - expresando y viviendo profunda y totalmente su necesidad de amar, de entrega total. Esta necesidad lo lleva a unirse en matrimonio, y así construir una nueva comunidad de fecunda de amor, que implica el compromiso de ayudar al otro en su crecimiento y a alcanzar la salvación. Esta ayuda mutua se debe hacer aportando lo que cada uno tiene y apoyándose el uno al otro. Esto significa que no se debe de imponer el criterio o la manera de ser al otro, que no surjan conflictos por no tener los mismos objetivos en un momento dado. Cada uno se debe aceptar al otro como es y cumplir con las responsabilidades propias de cada quien.
El amor que lleva a un hombre y a una mujer a casarse es un reflejo del amor de Dios y debe de ser fecundo (Cfr. Gaudium et Spes, n. 50)
Cuando hablamos del matrimonio como institución natural, nos damos cuenta que el hombre o la mujer son seres sexuados, lo que implica una atracción a unirse en cuerpo y alma. A esta unión la llamamos “acto conyugal”. Este acto es el que hace posible la continuación de la especie humana. Entonces, podemos deducir que el hombre y la mujer están llamados a dar vida a nuevos seres humanos, que deben desarrollarse en el seno de una familia que tiene su origen en el matrimonio. Esto es algo que la pareja debe aceptar desde el momento que decidieron casarse. Cuando uno escoge un trabajo – sin ser obligado a ello - tiene el compromiso de cumplir con él. Lo mismo pasa en el matrimonio, cuando la pareja – libremente – elige casarse, se compromete a cumplir con todas las obligaciones que este conlleva. No solamente se cumple teniendo hijos, sino que hay que educarlos con responsabilidad.

LA MATERNIDAD Y LA PATERNIDAD RESPONSABLE SON OBLIGACIÓN DEL MATRIMONIO.

Es derecho –únicamente - de los esposos decidir el número de hijos que van a procrear. No se puede olvidar que la paternidad y la maternidad es un don de Dios conferido para colaborar con Él en la obra creadora y redentora.. La procreación es un don supremo de la vida de una persona, cerrarse a ella implica cerrarse al amor, a un bien. 

EL SIGNO: LA MATERIA Y LA FORMA

Podemos decir que el matrimonio es verdadero sacramento porque en él se encuentran los elementos necesarios. Es decir, el signo sensible, que en este caso es el contrato, la gracia santificante y sacramental, por último que fue instituido por Cristo.
La Iglesia es la única que puede juzgar y determinar sobre todo lo referente al matrimonio. Esto se debe a que es justamente un sacramento de lo que estamos hablando. La autoridad civil sólo puede actuar en los aspectos meramente civiles del matrimonio (Cfr. Nos. 1059 y 1672).
El signo externo de este sacramento es el contrato matrimonial, que a la vez conforman la materia y la forma.
La Materia remota: son los mismos contrayentes.
La Materia próxima: es la donación recíproca de los esposos, se donan toda la persona, todo su ser.
La Forma: es el Sí que significa la aceptación recíproca de ese don personal y total.

EFECTOS

El sacramento del matrimonio origina un vínculo para toda la vida. Al dar el consentimiento – libremente – los esposos se dan y se reciben mutuamente y esto queda sellado por Dios. (Cfr. Mc. 10, 9). Por lo tanto, al ser el mismo Dios quien establece este vínculo – el matrimonio celebrado y consumado - no puede ser disuelto jamás. 

PARA PROFUNDIZAR Y TRABAJAR:






miércoles, 23 de julio de 2014

SACRAMENTOS DE CURACIÓN: LA UNCIÓN DE ENFERMOS

¿QUÉ ES LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS?
La Unción de los Enfermos es sacramento que reconforta en la enfermedad y  prepara para el encuentro del hombre con Dios. y son muchos los efectos y gracias que confiere al enfermo para prepararse para la entrada a la vida eterna. Es un sacramento que reconforta al enfermo.
Este sacramento es un sacramento de “vivos”, por lo tanto, fortalece al enfermo.
Se recibe la gracia, el regalo, sacramental propia de la Unción de los Enfermos, que es una fuerza  de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la vejez. Esta gracia es don del Espíritu Santo que nos lleva al creyente a renovar la confianza y la fe en Dios y le  fortalece  para que sea capaz de vencer las tentaciones de desaliento, y de angustia, especialmente. (Catec. n. 1520).
Por la gracia, la bendición, sacramental, es posible que el enfermo obtenga la curación y  si es conveniente, la salud corporal. La asistencia del Espíritu Santo tiene como objeto conducir al enfermo hacia la curación del alma, pero si es la voluntad de Dios, también puede recuperar la salud. (Cfr. Catec. n. 1520). Por ello es conveniente no esperar hasta el último momento para la administración de este sacramento por lo que hace ya mucho tiempo se administra a personas con edad avanzada o personas ante un peligro d muerte: operación… los sacramentos no tienen como fin hacer milagros, al dejar hasta el final este sacramento, se podría estar poniendo obstáculos para su eficacia.
La unción de los enfermos puede obtenernos el perdón de los pecados . Este efecto depende de la debida disposición que tenga el sujeto que lo recibe, se necesita un verdadero dolor de corazón, en otras palabras, estar totalmente arrepentidos. Normalmente, este sacramento va acompañado de indulgencia plenaria, la cual perdona la pena temporal.
Este sacramento no es absolutamente inprescindible la salvación del creyente, pero a nadie le es lícito desdeñarlo, por lo tanto se debe de procurar que los enfermos lo reciban lo antes posible en caso de una enfermedad grave o crónica, o en la ancianidad. Sobre todo se debe de recibir cuando se está en plena facultades mentales.
El cristiano está obligado a prepararse lo mejor posible para la muerte, por lo que las personas allegadas a él tienen el deber – grave – de procurar que lo reciba, ya sea presentándole la conveniencia de hacerlo, ya sea mencionándole que se encuentra en una situación de alto riesgo. Pero, siempre siendo prudentes, utilizando el sentido común y la caridad. Muchas veces no se hace por el temor de asustar al enfermo, siendo que en la mayoría de las veces, lo que se tiene es una visión equivocada de la muerte en el sentido cristiano.

La Iglesia, además, ofrece junto a este sacramento, la Eucaristía como viático, “a aquellos que están a punto de salir de esta vida”. La Eucaristía es el paso de la muerte a la vida. (Cfr. Catec. n. 1524). Recordemos las palabras de Jesús: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día”. ( Jn. 6, 54).

PARA PROFUNDIZAR:

PRESENTACIÓN





SACRAMENTOS DE CURACIÓN: LA RECONCILIACIÓN

Vamos, ahora, a profundizar en otros sacramentos, los sacramentos de curación. Una de ellos es el sacramento de la Reconciliación. Pero antes de hablar en profundidad es necesario tener en cuenta unas cuestiones previas.
DIOS ES AMOR. HABLAR DE DIOS ES HABLAR DE SU BONDAD Y DE SU MISERICORDIA.
Por Amor  Dios ha creado todo cuanto existe,  nos adoptado como hijos  y redimido por la Pasión de su Hijo. El fruto de ser amaso es corresponder con amor. Dios espera  nuestra adoración, agradecimiento, etc. Amor con amor se paga.
EL PECADO ES SOBRE TODO DES-AMOR
Es siempre un desorden (nos separa del fin para el que hemos sido creados); es siempre una desobediencia (a la legítima autoridad de Dios); es siempre un menosprecio de la Pasión y Muerte de Cristo, que sufre por y para la salvación de los hombres. Pero, sobre todo, es desamor, ingratitud, pobreza de corazón, falta de correspondencia amorosa al Amor que Dios que constantemente muestra a sus criaturas. Pero Dios es siempre fiel, no  abandona y, a pesar de los pesares, ha dispuesto los medios para alcanzar su perdón y vivir su misma Vida, el arrepentimiento, el sacramento de la Reconciliación  y de la alegría. "Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (el perdón)" (Romanos, 5, 20).
NECESIDAD CONSTANTE DE CONVERSIÓN
Somos criaturas autónomas: libres. Dios ha querido correr el riesgo de nuestra libertad. Dios no se impone, pero no somos seres independientes de Dios, le pertenecemos. Hemos de reconocer su Presencia y su condición de Creador y Padre. La auténtica libertad no es hacer lo que nos da la gana, sino hacer lo que debemos hacer porque nos da la gana, por Amor.
Para recorrer este camino hemos de comenzar por reconocer que nos equivocamos, que somos  pecadores y  necesitados de Perdón.
La vida cristiana se cimienta sobre el deseo eficaz de recuperar, conservar e incrementar el estado de amistad con Dios.
El principio indispensable para comenzar y recomenzar es "limpiar fondos": hacer un buen y sincero arrepentimiento. Todo lo demás adquiere sentido y se consolida a partir de la reconciliación con Dios.

En el sacramento de la Reconciliación además el creyente recibe la gracia, la fuerza, necesaria para luchar y poder vencer la debilidades.

PARA PROFUNDIZAR:

PRESENTACIÓN







SACRAMENTOS DE INICIACIÓN: LA CONFIRMACIÓN

Vamos a trabajar, ahora, el sacramento de la confirmación. Brevemente exponemos su significado y su importancia para después profundizar un poco.
El sacramento de la Confirmación es uno de los tres sacramentos de iniciación cristiana. La misma palabra, Confirmación que significa afirmar o consolidar, nos dice mucho.
En este sacramento se fortalece y se completa la obra del Bautismo. Por este sacramento, el bautizado se fortalece con el don del Espíritu Santo. Se logra un arraigo más profundo a Dios, se une más íntimamente con la Iglesia, fortaleciéndose el creyente para ser testigo de Jesucristo, de palabra y obra. Por él es capaz de defender su fe y de transmitirla. A partir de la Confirmación un cristiano se hace  maduro y podrá llevar una vida cristiana más perfecta, activa y auténtica. Es el sacramento de la madurez cristiana que  hace capaz de ser testigos de Jesús de Nazaret en cualquier circunstancia de la vida.
El día de Pentecostés – cuando se funda la Iglesia – los apóstoles y discípulos se encontraban reunidos junto a la Virgen. Estaban temerosos, no entendían lo que había pasado – creyendo que todo había sido en balde - se encontraban tristes. De repente, descendió el Espíritu Santo sobre ellos –quedaron transformados - y a partir de ese momento entendieron todo lo que había sucedido, dejaron de tener miedo, se lanzaron a predicar y a bautizar. La Confirmación es “el  Pentecostés personal del creyente”.

INSTITUCIÓN

El Concilio de Trento declaró que la Confirmación era un sacramento instituido por Jesús, ya que los protestantes lo rechazaron porque - según ellos - no aparecía el momento preciso de su institución. Se sabe que fue instituido por Cristo, porque sólo Dios puede unir salvación a un signo externo.
Además encontramos en el Antiguo Testamento, numerosas referencias por parte de los profetas, de la acción del Espíritu en la época mesiánica y el propio anuncio de Jesús  de una venida del Espíritu Santo para completar su obra. Estos anuncios indican un sacramento distinto al Bautismo. El Nuevo Testamento nos narra cómo los apóstoles, en cumplimiento de la voluntad de Cristo, iban imponiendo las manos, comunicando el Don del Espíritu Santo, destinado a complementar la gracia del Bautismo. “Al enterarse los apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaria había aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos bajaron y oraron por ellos para que recibieran al Espíritu Santo; pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido bautizados en nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían al Espíritu Santo”. (Hech. 8, 15-17;19, 5-6).

EL SIGNO: LA MATERIA Y LA FORMA

Dijimos que la materia del Bautismo, el agua, tiene el significado de limpieza, en este sacramento la materia significa fuerza y plenitud. El signo de la Confirmación es la “unción”. Desde la antigüedad se utilizaba el aceite para muchas cosa: para curar heridas, a los gladiadores de les ungía con el fin de fortalecerlos, también era símbolo de abundancia, de plenitud. Además la unción va unida al nombre de “cristiano”, que significa ungido.
La materia de este sacramento es el “santo crisma”, aceite de oliva mezclado con bálsamo, que es consagrado por el Obispo el día del Jueves Santo. La unción debe ser en la frente.

La forma de este sacramento, palabras que acompañan a la unción y a la imposición individual de las manos “Recibe por esta señal de la cruz el don del Espíritu Santo” (Catec. no. 1300). La cruz y su siginicado es el arma con que cuenta un cristiano para defender su fe.

PARA PROFUNDIZAR:

PRESENTACIÓN






SACRAMENTOS DE INICIACIÓN: EUCARISTÍA

El sacramento de la eucaristía tiene su origen en la práctica y en la vida de Jesús. Está unida a su predicación, a su muerte y a su resurrección.
Se prepara en las comidas que Jesús celebra durante su vida, se instituye en la última cena de Jesús y se confirma con las apariciones pascuales de Jesús resucitado.
Vamos a ir desgranando, de forma sencilla, qué es la eucaristía pero comencemos con una breve introducción:
1. LAS COMIDAS EN LA VIDA DE JESÚS.
La vida de Jesús sorprendió a los que le rodeaban y a las autoridades religiosas de Israel, sus comidas o banquetes.
Jesús comparte su mesa con mucha gente, no hace distinción de personas. Pero lo que más llama la atención en sus comidas  es  con quién come los publicanos, recaudadores de impuestos, pecadores, etc.
En otras comidas Jesús es el servidor, el que da de comer a las multitudes que vienen a escucharle y en busca de curación y consuelo para sus enfermedades.
Jesús al hablar del Reino de Dios definitivo, lo compara a la celebración de un espléndido banquete. El Reino de Dios es una gran fiesta, como el banquete de unas bodas reales
Las comidas de Jesús son un signo, sacramento, del Reino de Dios.
2. LA ULTIMA CENA.
Los evangelios cuentan que Jesús celebró una cena antes de ser detenido y ajusticiado.
Esta última cena tuvo lugar en los días de la fiesta de Pascua y en la ciudad de Jerusalén.
Jesús al ver que su misión había llegado a su punto decisivo, se reunió en una cena de despedida con sus amigos.
Los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas cuentan que Jesús tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio a los discípulos diciendo: “TOMAD, ESTO ES MI CUERPO”.
Al finalizar la cena, Jesús cogió su copa de vino, pronunció la acción de gracias y se la pasó para que bebieran todos de ella y les dijo: ESTA ES MI SANGRE, LA SANGRE DE LA ALIANZA QUE SE DERRAMA POR TODOS”.

Jesús utilizó el pan y el vino. Según el evangelio de Juan, Jesús realiza otro gesto en esta cena con sus discípulos: EL LAVATORIO DE LOS PIES”. Se quitó el manto, tomó la toalla y la jofaina y fue lavando los pies a sus amigos.
“HACED TAMBIÉN VOSOTROS, COMO YO HE HECHO”.
Este gesto resume lo que ha sido la vida de Jesús, por ello la eucaristía incluye el amor, el servicio y la entrega a los demás.
3. LAS COMIDAS CON JESÚS RESUCITADO.
Después de su muerte, los encuentros de Jesús resucitado con los suyos se sitúan en contexto de comida o de reunión fraternal: LOS DISCÍPULOS COMEN Y BEBEN CON JESÚS.
Las comidas fraternales de la primera comunidad son los principales lugares de la presencia y encuentro entre el resucitado y sus seguidores.
4. LA EUCARISTÍA ES UN BANQUETE.
La comunidad cristiana comenzó a celebrar la eucaristía cuando se reunía para una comida fraternal.
Para los primeros cristianos el banquete tenía varios significados:
-         Era fuente de vida, alimento y fuerza.
-         Era fuente de unidad y fraternidad. (Comparten el mismo pan).
-         Era fuente de comunicación y acercamiento a Dios. (Acción de gracias).
-         Era fuente de esperanza. (Mirando hacia el futuro de la humanidad).
5. SIGNIFICADO DE LA EUCARISTÍA.
La comunidad cristiana celebra la Eucaristía porque:
-  Es el recuerdo actualizado de la vida entregada de Jesús.
-  Es el banquete en el que los cristianos reciben a Jesucristo al participar del mismo pan y beber el mismo cáliz. Al comulgar a Jesús nos invita a comulgar con los hermanos.
-  Es la fiesta de la nueva pascua, la celebración de la liberación de todas las esclavitudes que oprimen a las personas.
-  Revela y anticipa lo que será el futuro, una humanidad resucitada y fraterna.
-  Hace volver a los cristianos a la vida cotidiana con mayor capacidad para perdonar y ser perdonados.

PARA PROFUNDIZAR:

PRESENTACIÓN:

14. VÍDEOS:







SACRAMENTOS DE INICIACIÓN: EL BAUTISMO

La mayoría de nosotros  hemos recibido el bautismo, nos bautizaron en la Iglesia, nos pusieron un nombre y celebraron una fiesta porque nos habían hecho cristianos.
Vamos a analizar, brevemente, en qué consiste el sacramento del bautismo y comenzaremos con esta pequeña introducción que tiene en cuenta varias premisas:
1. EL BAUTISMO YA EXISTÍA EN TIEMPOS DE JESÚS.
Juan bautista ya bautizaba antes de bautizar a Jesús. Predicaba en el río Jordán y a aquellos que se convertían los bautizaba y los hacía sus discípulos.
El gesto por el que entraban a formar parte de su grupo era el Bautismo por inmersión en el río Jordán.
2. JESÚS TAMBIÉN SE BAUTIZÓ.
Hacia los treinta años, bajó al río Jordán, fue al encuentro de Juan Bautista y se dejó bautizar por él. Mediante este bautismo, Jesús expresa su compromiso de entregar su vida por el bien de todas las personas.
3. LOS DISCÍPULOS TAMBIÉN SE BAUTIZAN.
Las primeras comunidades cristianas asumieron el mandato de Jesús y desde el principio practicaron el Bautismo, como señal de que aceptaban ser discípulos de Jesús y empezar a formar parte de la comunidad cristiana.
Después de un largo periodo de formación y de poner en práctica los valores evangélicos, el cristiano celebraba en pascua el Bautismo y la Eucaristía.
4. DESDE LOS COMIENZOS DEL SIGLO IV.
Es en esta época cuando se extiende e impone la práctica de bautizar a los niños. El sacramento de la iniciación cristiana se divide en tres sacramentos: Bautismo, Confirmación y Eucaristía.
5. SIGNIFICADO DEL BAUTISMO.-
-  En el sacramento del bautismo se celebra el haber elegido a Jesús para toda la vida.
-  Se acepta su proyecto de vida.                                                                     
-  Se entra a formar parte de la familia de los bautizados. 
6.PRESENCIA DEL AGUA EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN.
El agua está en el origen de la vida.
En la Biblia aparece en el relato de la CREACIÓN, en el DILUVIO, en el PASO DEL MAR ROJO, y en el BAUTISMO DE JESÚS.                                             
7. PRESENCIA DEL ACEITE EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN.
El aceite en el libro de los salmos, aparece como símbolo de BIENESTAR y de BENDICIÓN.
Como símbolo de FUERZA, como sigo de MISIÓN, como símbolo de CURACIÓN y de PURIFICACIÓN.

 EN RESUMEN, BAUTIZARSE ES:

-Celebrar el cambio de vida.
-Celebrar el paso de un  hombre viejo a un  hombre nuevo
-Renacer a una vida nueva.
-Pedir la fe cristiana.
-Comulgar con la vida de Jesús.
-Compartir la vida y el destino de Jesús.
-Vivir como autentico cristiano, hijo de Dios.





lunes, 26 de mayo de 2014

EXPOSICIÓN DE LAS EDADES DEL HOMBRE EN ARANDA DE DUERO


La nueva edición de las Edades del Hombre, tiene lugar en Aranda de Duero de mayo a noviembre de 2014. Con el nombre de Eucharistía, la muestra de arte sacro se traslada a esta localidad de Burgos, donde estará abierta durante cinco meses.
La exposición, contará con más de 120 piezas de arte sacro, que se podrán contemplar en dos sedes en esta localidad de la ribera del Duero, la Iglesia de Santa María la Real y la iglesia de San Juan que se repartirán los distintos objetos artísticos expuestos. 

La exposición de las edades del hombre es un ejemplo de puesta en valor de la presencia del Cristianismo en nuestra historia europea. Nos ayuda a constatar su influencia en los acontecimientos históricos, artísticos y en el sentir y en la identidad de nuestro Pueblo, sin  el  cual, es imposible su explicación y sentido. Además, es una  muestra de los inmensos valores que propone el evangelio a nuestra sociedad.
Las Edades del Hombre es una exposición de arte sacro que se celebra en diferentes localidades de Castilla y León desde 1988, y en esta edición estará dedicada a la Eucaristía, en el doble sentido que tiene esta palabra de comida de fiesta y de sacrificio. Así queda reflejado en el cartel de la presente edición, obra de Eduardo Palacios, un dibujo a lápiz que muestra el pan, los platos y la bebida.
La exposición Las Edades del Hombre dedicada a la Eucaristía, se dividirá en cuatro capítulos. Los tres primeros están dedicados a las interpretaciones históricas del fenómeno de la Eucaristía. Así, el primer capítulo, abarcará los elementos básicos de la Eucaristía, como son el pan, el vino y la reunión o banquete en torno a la mesa, ya que alude a una cena festiva, la cena pascual. 

El segundo capítulo ilustrará la Eucaristía desde la perspectiva delAntiguo Testamento, basándose en los relatos de figuras como, Abraham, Isaac o el maná, el alimento que los judíos tomaron en el desierto. El tercer capítulo tratará el tema de la institución de la Eucaristía en el Nuevo Testamento, a través de la persona de Jesucristo, la última cena y la creación de la primera iglesia cristiana. 

Estos tres primeros capítulos tendrán lugar en la primera sede, la de laiglesia de Santa María. El cuarto y último capítulo de la muestra que se podrá contemplar en la iglesia de San Juan, entrará en los aspectos más religiosos y trascendentes de la eucaristía, aludiendo a la figura del cuerpo de Cristo y su significado para la religión cristiana.

Como avance de lo que espera al visitante de esta edición de Las Edades del Hombre, podéis ver un video con la presentación de Eucharistía en Aranda de Duero.

Esta edición de las Edades del Hombre coincide además, con el quinto centenario de la finalización de la construcción de la fachada de la primera de las iglesias sede de la muestra, la de Santa María la Real, de estilo gótico isabelino.
Puede ser una buena oportunidad para disfrutar de unas obras de arte únicas, de conocer una comarca preciosa llena de tesoros y de profundizar en nuestra historia, en el conocimiento del cristianismo y  en la fe que nos une.

GUÍA DIDÁCTICA PARA TRABAJAR EN SECUNDARIA.