EL RINCÓN DE FERNY

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martes, 26 de abril de 2022

EL JESÚS HISTÓRICO Y BÍBLICO

El portal de Youtube "Academia play"  nos regala estos vídeos sobre el Jesús histórico y de la Biblia. Puede ser útil para nuestras clases.




martes, 1 de octubre de 2019

CÓMO SE APLICA A LA BIBLIA LA CRÍTICA TEXTUAL

Por crítica textual se entiende la ciencia que determina la concordancia de un texto con el texto original.

Si, como ocurre con los libros de la Biblia, no se conservan los textos originales, la crítica textual compara y valora las distintas copias para restablecer los textos en la forma más cercana a los originales.

Es indispensable una operación crítica del texto de la Biblia para responder a preguntas como:

- ¿Podemos estar seguros de que el texto que tenemos entre las manos corresponde al original?

 - Si no existen textos autógrafos, ¿Qué camino se ha seguido en las historia de la transmisión del texto desde las primeras copias hasta la copia que poseemos?

- Cuando encontramos textos repetidos o similares, ¿Hay alguno posterior y que modifica al anterior? ¿Proceden los dos de una fuente común que se ha perdido?

A las preguntas anteriores responde la crítica textual, y su respuesta es de suma importancia para una adecuada interpretación, sin la cual nunca se podría llevarse a cabo la traducción a las lenguas vernáculas que aceptan la palabra de Dios a los creyentes que desconocen las lenguas originales.

 Los criterios que se utilizan para identificar el texto que tiene mayores garantías de acercarse al original son:

-El criterio geográfico: si vemos una transcripción idéntica procedente de los lugares donde se difunde el cristianismo, entonces decimos que esa es la versión que hay que preferir.

- El criterio genealógico: si de diversas variantes podemos demostrar que hay una que las sucesivas dan por supuesta, entonces decimos que aquella es la variante originaria.

- El criterio literario-estilístico: cuando, entre diversas variantes, por ejemplo del evangelio de Lucas, una se acerca más a la estructura literaria y a la perspectiva teológica de Lucas, habrá que tenerla por genuina.

La Biblia se encuentra respecto a los clásicos de la antigüedad en una posición absolutamente superior, ningún otro libro de la antigüedad posee un número tan grande de manuscritos; sólo para los evangelios unos cinco mil.


EXTRAÍDO DE LA PELÍCULA "EL CASO DE CRISTO"

TOMADO DE: RELIGIÓN Y CINE

miércoles, 6 de diciembre de 2017

EVANGELIOS APÓCRIFOS: ¿OCULTÓ LA IGLESIA ENSEÑANZAS DE JESÚS?

El criterio para considerar los Evangelios canónicos no era el capricho de una élite, sino el serio reconocimiento de su origen como vinculado directa y realmente a un apóstol o discípulo del mismo, acreditado a su vez por las otras comunidades cristianas

Hay un gusto creciente por las versiones no oficiales o no autorizadas de los hechos. Lo no dicho, lo oculto, aunque sea falso, suena interesante y atractivo. Las teorías sobre conspiraciones fascinan, la información pseudohistórica abunda en internet. Lo misterioso y extraño tiene mayor público que los buenos libros de historia.

Y en los últimos años ha resurgido un gran interés por los documentos antiguos y especialmente “evangelios apócrifos”, interés motivado en buena medida por el deseo de hallar en ellos misteriosas verdades que las Iglesias habrían ocultado por miedo a que sea descubierta “la verdad sobre Jesús” o que “la Iglesia se derrumbe en sus creencias”.

El tema de los “evangelios apócrifos” está rodeado de mitos y prejuicios, que muchos dan por veraces sin tener siquiera noticia acerca de los propios apócrifos. Todavía se suelen confundir en muchos artículos periodísticos los manuscritos encontrados en Qumrán, que son en su mayoría de la secta judía de los esenios, con los evangelios apócrifos. Sin embargo, nada tiene que ver Qumrán con los evangelios gnósticos de Nag Hammadi.

Otros -como Brian Weiss- afirman que el Concilio de Nicea sustrajo ciertos textos sobre la reencarnación, o que se eligieron evangelios y se desecharon otros. Sin embargo, la fe judeocristiana jamás creyó en la reencarnación, y el Concilio de Nicea no eligió evangelios.

Los evangelios cristianos

Los cuatro evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, son los aceptados por el cristianismo (no solo por católicos, sino por todas las Iglesias cristianas), desde comienzos del siglo II ya, como fuente cierta y segura de revelación. Se les llama “canónicos”.

Se denomina “apócrifos” –a veces peyorativamente- a los considerados como ajenos a la tradición cristiana. El término apócrifo (del griego: oculto o secreto) fue usado por los mismos autores de estos textos “ocultos”, dando así a entender su carácter esotérico, reservado a una élite de iniciados en sus misteriosas doctrinas. No se les llamó “ocultos” por estar escondidos, sino por su origen esotérico y luego se hizo costumbre identificar apócrifo con no canónico, no inspirado, falso, etc.

Los cuatro evangelios canónicos, que son regla de fe para los cristianos, y son considerados como inspirados, fueron escritos durante la segunda mitad del siglo I. Estos escritos pertenecen a las comunidades cristianas de los primeros testigos, tienen un origen apostólico y eran de uso generalizado en los primeros siglos de la era cristiana.

No fueron cambiados ni corregidos, y esto lo sabemos porque se dispone de gran cantidad de copias y traducciones hechas en la antigüedad.

También se poseen escritos de autores de los primeros siglos que citan y comentan estos textos, lo cual nos permite comparar y ver la fidelidad en la transmisión hasta nuestros días. No sería posible ocultar algo que fue dado a conocer desde el principio.

Además, el criterio de canonicidad no era el capricho de una élite, sino el serio reconocimiento del origen de tal o cual evangelio como vinculado directa y realmente a un apóstol o discípulo del mismo, acreditado a su vez por las otras comunidades cristianas que servían de referentes por estar conectadas también con un origen apostólico.

En el Concilio de Trento (siglo XVI) se define dogmáticamente el canon actual de la Biblia, pero ya desde el siglo IV hay elencos completos de los libros canónicos (Concilio de Cartago, 397), y el decreto Gelasiano del Sínodo de Roma (383) es el primer documento romano autorizado con la lista completa del canon.

Ya a finales del siglo II, Ireneo de Lyon defiende la canonicidad de los cuatro evangelios canónicos frente a las sectas gnósticas.

Por lo tanto en los comienzos mismos de la Iglesia, los cuatro evangelios canónicos y las cartas de san Pablo eran considerados como auténticamente inspirados y con autoridad apostólica.

Por otra parte, en la época del Canon Muratoriano -que data aproximadamente del 190 DC- el reconocimiento de los cuatro evangelios como canónicos y la exclusión de textos gnósticos era un proceso que se encontraba ya sustancialmente completo.

En el siglo XVI, la Reforma Protestante, en una deseada vuelta a las fuentes, aceptó el canon de la Biblia hebrea, que no contiene algunos libros incluidos en la traducción griega de los Setenta (LXX), la cual se usaba en la primitiva comunidad apostólica.

Si bien la Biblia católica incluye 7 libros más del Antiguo Testamento en comparación con las protestantes, en lo concerniente al Nuevo Testamento, todas las tradiciones cristianas han mantenido los 27 libros canónicos que hoy conocemos.

 Claramente los textos gnósticos, por no ser cristianos, nunca formaron parte de la lista de libros revelados y auténticos entre los cristianos de todos los tiempos.

Los evangelios gnósticos

Existen otros textos, escritos entre finales del siglo II y comienzos del siglo V que se autodenominaron “evangelios”, y que tienen por autores a miembros de distintas sectas gnósticas de la antigüedad y de otros grupos pseudocristianos, autores que aparecen con el nombre de apóstoles o de personajes evangélicos –aunque sin conexión histórica con los mismos-, como: Tomás, Pedro, María Magdalena, Santiago, Felipe, Andrés, Judas, Bernabé, etc.

Usaban el nombre de un apóstol para darle mayor autoridad a esos textos tardíos, y no tenían ninguna relación con las comunidades apostólicas. Es decir: el verdadero autor de un apócrifo determinado elige figurar con el nombre de un apóstol que en realidad vivió siglos antes.

Estos textos, como no podía ser de otro modo, fueron rechazados por las comunidades cristianas desde sus comienzos, ya que no sólo presentaban a un Jesús moldeado según la fantasía de las doctrinas gnósticas y esotéricas- sino que sus contenidos eran irreconciliables con lo transmitido oralmente y por escrito por los testigos de las primeras comunidades cristianas.

Apenas unos pocos escritos apócrifos judeocristianos –algunos contaminados de gnosticismo- influyeron en la liturgia, en historias populares, y en el arte, pero nunca entraron en el canon.

Aunque se los llame ocultos (apócrifos), no están escondidos en ninguna parte, ya que se pueden adquirir, desde hace ya varios años, en cualquier librería que tenga textos religiosos. Son de conocimiento público, estudiados por historiadores de las religiones y teólogos.

Y los originales tampoco se hallan en algún lugar secreto del Vaticano –como suele escucharse-, sino en diferentes museos. El evangelio apócrifo “de Tomás”, por ejemplo, que es un texto posterior al año 150, se encuentra en el Museo de El Cairo, en Egipto, desde su hallazgo en 1945.

Estos textos nunca serán aceptados por el cristianismo, sencillamente porque son extraños a su historia e identidad, a sus raíces y su fuente. La mayoría de ellos nos muestra a un Jesús reinventado por las sectas gnósticas y esotéricas que mezclaban doctrinas de religiones orientales con la fe de la Iglesia primitiva, con elementos de la literatura apocalíptica judía (apócrifa), con la filosofía pitagórica, con el neoplatonismo y con los mitos egipcios.

Sencillamente no son evangelios cristianos, aunque se llamen “evangelios”, ni tienen por autor a ningún apóstol o sucesor directo del mismo.

El hallazgo de un evangelio apócrifo (gnóstico) interesa para conocer el gnosticismo antiguo, pero no afecta a la fe cristiana. 

Literatura cristiana primitiva extra bíblica

En la tradición cristiana existen también textos primitivos, de autores de gran importancia, que no fueron rechazados y se usaron para la enseñanza. Sin embargo no entraron en el canon y son poco conocidos.

Muchos de ellos nos muestran interesantes datos sobre el cristianismo primitivo, sus celebraciones, sus creencias y enseñanzas, y no por ello se los integró al canon de la Biblia, ni tampoco se los escondió en ningún lado:  la Didakhé o Enseñanza de los Apóstoles, Pastor de Hermas, Carta de Bernabé, 1ª Clemente (96 d.C), etc.

Los evangelistas no quisieron escribir una biografía de Jesús, no fue ésta su intención. Ellos entregaban a sus comunidades la verdad del acontecimiento Jesucristo como fundamento de su fe, el testimonio de lo vivido y la enseñanza concerniente a la salvación. Su objetivo no fue hacer un documental, sino testimoniar y transmitir lo recibido fielmente.

La misma fe les obligaba a la más estricta fidelidad a los hechos. Incluso llegaron a morir por ella. Con razón decía Pascal: “Creo de buen grado las historias cuyos testigos se dejan degollar”.

¿Una conspiración de 2000 años?

A raíz de la amplia difusión de literatura esotérica, los evangelios apócrifos y novelas como El Código Da Vinci, no son pocos los que se unen al cultural prejuicio anticatólico y afirman que la Iglesia conspiró para ocultar estos textos a lo largo de la historia.

Pero con un poco de sentido común, vemos que todos los cristianos -un quinto de la humanidad-, tanto católicos, como ortodoxos, el protestantismo histórico, anglicanos, bautistas, metodistas, evangélicos y pentecostales, coinciden en los 4 evangelios canónicos del Nuevo Testamento como fuentes fieles de revelación, en la divinidad de Cristo, en la resurrección, y en la mayoría de las verdades fundamentales de la fe cristiana, transmitida por los apóstoles y sus sucesores.

Sería una ilusión pensar que la Iglesia católica oculta cosas mientras el resto del cristianismo permanece ingenuo y acrítico ante la verdad sobre Jesucristo y los Evangelios. Esto obligaría a pensar en una conspiración de todo el cristianismo mundial a lo largo de 2000 años –no solo de católicos- por ocultar tantas cosas sobre Jesús. Es insostenible algo así. ¿Nadie se dio cuenta antes de un engaño tan grande?

TOMADO DEL PORTAL ALETEIA. AUTOR: MIGUEL PASTORINO


domingo, 26 de febrero de 2017

LOS DOCE APÓSTOLES ¿QUIÉNES ERAN?

Venían de diferentes situaciones sociales y poseían caracteres distintos. Ninguno de ellos era sacerdote, ni escriba o anciano de los fariseos o saduceos. Por ejemplo, Mateo trabajaba para el gobierno mientras Simón el celote luchaba por una revolución. En ocasiones, el grupo recibió reprensión de Jesús por una mala actitud pero en otras fueron los únicos testigos de momentos milagrosos como la transfiguración.
A pesar de sus diferencias, los doce estaban dispuestos a seguir a Jesús y tener fe aún cuando no entendías todo lo que estaba sucediendo. Casi todos murieron mártires del evangelio.

Los doce apóstoles fueron:

Simón (Pedro)
Jesús lo llamó Pedro, que significa piedra, quizás por su fuerte carácter y temperamento. Siempre actuaba con mucha pasión. Era pescador de profesión y negó a Jesús tres veces cuando fue arrestado. Fue la cabeza de los apóstoles y obispo de Roma, primer Papa.

Santiago
Hermano  mayor de Juan y primo de Jesús. Fue el primer obispo de Jesrualén, hasta que Herodes lo mandó matar en el 44 d. C.

Juan
El más joven de todos y autor del cuarto evangelio y del Apocalipsis. Fue el único que no abandonó a Jesús durante su juicio. Jesús lo llamó "el discípulo amado".

Andrés
Como su hermano Pedro, era pescador. La tradición dice que fuer condenado a morir en la cruz. No sintiéndose digno de morir al igual que Jesús, lo crucificaron con la cabeza hacia abajo.

Felipe
Quizás un pescador, profesión común en Betsaida de donde era. Predicó el evangelio en Frigia y Hierápolis.

Bartolomé
Su primer nombre fue Nathanael y cuando Jesús lo llamó dijo que este era un "verdadero israelita".

Mateo
También llamado Levi, es el autor del primer evangelio. Era un recaudador de impuestos y por eso tenía fama de ser ladrón y traicionero. Su vida cambió cuando Jesús lo llamó.

Tomás
Al escuchar sobre la resurrección dijo que tenía que verlo para creerlo. El ser testigo de la vida, muerte y resurrección de Jesús hizo que Tomás viajara hasta la India predicando. Allí murió.

Santiago
Era de Galilea y algunos creen que era hermano de Tadeo. Llevó el evangelio desde Palestina a Egipto, donde murió.

Tadeo
También lo conocían como Judas y Lebeo. Llevó el evangelio hasta Edesa cerca del río Eúfrates.

Simón el cananeo
Un judío nacionalista fanático que odiaba a Roma. Jesús cambió su corazón y Simón dedicó su vida al evangelio.

Judas Iscariote
Posiblemente era de Judá. Traicionó a Jesús y fue cómplice de su arresto. Al darse cuenta de la gravedad de sus acciones, Judas se ahorcó.

Matías
No fue uno de los originales, pero fue escogido por los otros once para tomar el lugar que Judas dejó vacío.

Pablo
 No fue elegido por Jesús cuando predicaba por Palestina. Fue elegido tras su muerte,  resurrección y ascensión al Cielo. Los primeros cristianos estaban siendo perseguidos y él fue perseguidor, pero en el camino de Jerusalén a Damasco se le apareció Jesús cambiando su vida por completo y convirtiéndose junto a Pedro en los más importantes evangelizadores. Fundó innumerables comunidades entorno al mediterráneo. Murió, como Pedro, en Roma.






domingo, 24 de mayo de 2015

¿QUÉ SON LAS PARÁBOLAS?

El mensaje central de la predicación de Jesús de Nazaret es “el Reino de Dios”. Jesús durante tres años recorrió Palestina anunciando el Reino, haciéndolo presente mediante  los milagros  y explicándolo con parábolas. Veamos qué es una parábola. 

Una parábola es:
- Un relato sencillo de un hecho real o imaginario.
- Tiene la función de comparar una realidad conocida con otra desconocida.
- Puede causar sorpresa en su conjunto o en sus detalles e invita a pensar y a replantear actitudes y conducta.

¿Qué es lo importante de una parábola?
Es, ante todo la enseñanza que transmite. Su finalidad principal es hacer reflexionar al que la escucha sobre su modo de vida y de actuar.

Relatos Sencillos:
Las parábolas tienen como características que son narraciones cortas y sencillas, porque así pueden ser entendidas por todos. Por eso Jesús las utilizaba, de tal manera que la gente más sabia y la que no tenía cultura lo podían entender sin problema.

Las parábolas de Jesús se pueden clasificar en tres grupos según su contenido:  
1. Las que hablan del Reino de Dios. 
Hablan de cómo se introducen entre los hombres, cómo crece… Son las que hablan del Reino como una semilla, un tesoro, una perla valiosa… 
2. Las que presentan actitudes de Dios.
Hablan de cómo es su bondad e infinita misericordia, su perdón… Aquí estaría la tan famosa parábola del Hijo Pródigo y la del Pastor que se preocupa de la oveja perdida. 
3. Las que contraponen dos comportamientos.  
En estos relatos se contraponen un comportamiento positivo y otro negativo del ser humano para invitar a escoger el positivo. Aquí tendríamos como por ejemplo la del Deudor despiadado, la del administrador astuto, o la del fariseo y del publicano.

Presentaciones sobre las parábolas de Jesús de Nazaret:





Ahora, ampliemos y  comprobemos lo que hemos aprendido:

- FICHA FOTOCOPIABLE. PARÁBOLAS.

- LAS PARÁBOLAS. CÓMO ENSEÑABA JESÚS. CUADERNIA.

     
     
     

Tomado, en parte, de: http://colegiopadrecollado.blogspot.com.es      

sábado, 9 de mayo de 2015

LAS BIENAVENTURANZAS, LOS VALORES DEL REINO DE DIOS

Las Bienaventuranzas constituyen el eje central del Evangelio y de la predicación de Jesús sobre el Reino de Dios. El evangelio de Mateo muestra este discurso dirigido a una comunidad de cristianos, para recordarles quiénes son los primeros destinatarios de su Reino y cuáles son las actitudes y los valores que deben tener los que así se llaman.
Cuando leemos las Bienaventuranzas, puede parecer que esas actitudes van en contra de la felicidad del ser humano.
¿Cómo pueden ser felices los pobres, los que lloran o los que son perseguidos? Estas parecen las normas a seguir para no triunfar nunca en la vida. Sin embargo, Jesús es el primero que las hace realidad en su propia carne, mostrando así que se puede ser feliz viviendo la transformación que produce el amor.

Bienaventurados los pobres… Él fue «el pobre» material y espiritualmente hablando. Nació pobre, no tenía dónde reclinar la cabeza y su corazón estaba abierto en plenitud a su Padre; vivió como un trabajador, murió desnudo y en sepulcro prestado. No ambicionó nada, no se apegó a nada. Su única riqueza era Dios.

Bienaventurados los mansos… Él fue «el manso», el hombre bueno. Su dulzura enamoraba a los que se encontraban con Él. Su bondad y ternura atraía a todos. Los enfermos le buscaban, los pecadores se sentían perdonados solo con verle. Consolaba a los que sufrían…

Bienaventurados los que lloran… Él conoció las lágrimas. Lloró por Jerusalén, lloró ante su amigo Lázaro difunto, lloró lágrimas de sangre en Getsemaní por los pecados de todos los hombres... y sus lágrimas muestran que tenía humanidad y sabía lo que era sufrir en sí mismo, pero sobre todo que conocía el sufrimiento humano.

Bienaventurados los que tienen hambre… Nadie como él tuvo hambre de hacer la voluntad de su Padre. Nadie como Él deseaba y ansiaba ver a los seres humanos vivir en justicia como hermanos: «Padre que todos sean uno».

Bienaventurados los misericordiosos… La vida de Jesús fue un despliegue de misericordia, amor y sobre todo perdón. Él es el padre del hijo pródigo que recibe cariñosamente al hijo perdido y, también, el pastor de la oveja descarriada. Sus milagros brotan de la misericordia, que es capaz de perdonarlo todo y a todos. Muere perdonando a sus ejecutores: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen».

Bienaventurados los limpios… Él era la pureza, la sencillez y la humildad encarnadas. Su sencillez le lleva a arrodillarse para lavar los pies a sus discípulos, haciéndose humilde y olvidándose de que era el Hijo de Dios.


Bienaventurados los pacíficos… Jesús vino a traer la paz a los hombres. En los momentos más críticos de su vida, siempre opta por una solución pacífica a los conflictos que le plantean. Al despedirse en la última cena, antes de morir en la cruz dijo: «La paz os dejo, mi paz os doy». Tras su resurrección, desea la paz a los suyos como signo de su vida.

Bienaventurados los perseguidos… Fue solidario con todos y con todas las causas que despojan de dignidad al ser humano. Fue perseguido por causa de la justicia y por la justicia inmolado. Era demasiado sincero, demasiado honesto para que sus contemporáneos pudieran soportarle.

Las actividades que se pueden trabajar con el póster, buscan la posibilidad de relacionar cada una de las Bienaventuranzas con un valor concreto. Es posible que, antes de hacerlo, en algunos cursos superiores se lea la explicación de por qué Jesús encarna las Bienaventuranzas, realizando actividades de comprensión del mismo. A continuación, se propone relacionar cada una de ellas con un valor concreto de los que aparecen en el póster a lo largo del camino. La relación puede quedar establecida de la siguiente manera:

POBREZA - Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de Dios.
BONDAD - Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
HUMANIDAD - Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
JUSTICIA - Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
PERDÓN - Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
HUMILDAD - Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
PAZ - Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
SOLIDARIDAD - Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de Dios.

Joaquín Romero y Ángel Ortiz, profesores de Religión de la diócesis de Getafe.

MÁS RECURSOS SOBRE LAS BIENAVENTURANZAS:

1. EJERCICIO Y SOPA DE LETRAS, BIENAVENTURANZAS.

sábado, 25 de abril de 2015

EVANGELIOS CANÓNICOS Y EVANGELIOS APÓCRIFOS

«¿Los evangelios apócrifos? Textos tardíos, sin relación con los hechos, para filósofos gnósticos»
El historiador Marco Fasol explica la base semítica de los Evangelios de la Iglesia y su ausencia en los apócrifos, tardíos y sin base en los apóstoles
Profesor de historia y filosofía en un prestigioso instituto concertado de Verona, Marco Fasol estudia desde hace años la cuestión de la autenticidad de los Evangelios canónicos a la luz de los conocimientos filológicos y documentales más modernos.
Un argumento que estalló en los tiempos de El código da Vinci de Dan Brown, cuando millones de personas tuvieron conocimiento por primera vez de la existencia de los denominados Evangelios apócrifos y, con el clásico gusto por las cosas prohibidas, se dejaron guiar por un narrador estadounidense a través de una recorrido novelado y repleto de imágenes que no tiene ninguna conexión con los hechos.
La idea de que los verdaderos Evangelios son los apócrifos (o algunos de ellos) no es nueva: Dan Brown, notoriamente cercano a ambientes esotéricos, podía encontrar huellas de esto en otros pasajes de la historia.
Varios jerarcas nazis, por ejemplo, estaban convencidos de la existencia de un quinto Evangelio, ocultado por la Iglesia, que contendría verdades coherentes con la ideología nacionalsocialista y en conflicto, en cambio, con la doctrina católica.
Precisamente con el fin de proporcionar a los lectores conocimientos científicos sobre los Evangelios canónicos y apócrifos, Fasol escribió un pequeño libro, Il codice svelato (El código desvelado, ndt), que fue un auténtico éxito de ventas. Ahora vuelve sobre este argumento, en un contexto muy distinto: de hecho, su ensayo sobre la autenticidad de los Evangelios, publicado por Fede & Cultura, sale junto a un ensayo sobre la Sindone de la científica Emanuela Marinelli.
Fasol y Marinelli ofrecen a los lectores un panorama completo sobre los estudios de los Evangelios y las investigaciones científicas llevadas a cabo, durante decenios, sobre la Sindone. Hemos entrevistado a Marco Fasol para entender mejor qué hay detrás del estudio de los Evangelios.
-Profesor Fasol, primero de todo, díganos algo sobre la lengua de los Evangelios.
-Los estudios más recientes sobre los Evangelios han evidenciado que el griego, en el que había sido escrito todo el Nuevo Testamento, tiene unas referencias clarísimas a una predicación original en arameo, la lengua madre de Jesús de Nazaret. Al menos 26 palabras de los Evangelios han quedado en arameo porque los evangelistas no quisieron traducirlas al griego: querían que resonaran a los lectores precisamente con la máxima fidelidad a la voz del Maestro.

»Entre estas palabras podemos recordar la importantísima palabra aramea “Abbà”, un vocativo muy particular con el que el Maestro se dirigía al Padre, llamándolo “papà” (Abbà, efectivamente), con la máxima confianza y familiaridad filial. Pensemos también que los Evangelios repiten cincuenta veces el término hebreo “amén”, que significa “en verdad”, otro uso singular del Maestro, que introducía habitualmente su discurso repitiendo dos veces “en verdad, en verdad”. Otros ejemplos celebérrimos son las últimas palabras en la cruz “Eloì, Eloì, lama sabactani?”, “Talita qum”, “rabbì”, “effatà”. Todos signos de máxima fidelidad histórica.
-¿Cuándo se empezaron a aplicar los principios de la filología al texto sagrado?
-Fue sobre todo en el siglo XX cuando se profundizó la investigación sobre las “formas lingüísticas”, los “géneros literarios” y el “contexto histórico” que están en la base de los textos evangélicos. Haciendo una referencia concreta, podemos recordar el documento de la Pontificia Comisión Bíblica De historica Evangeliorum veritate, (LEV, Ciudad del Vaticano, 1964). En este texto se reconoce la legitimidad del método histórico-crítico en el estudio de los Evangelios. También el Concilio Vaticano II, en la Dei Verbum (1965), en el n. 19, afirma sin dudarlo la historicidad de los cuatro Evangelios, como demostración del hecho de que los estudios filológicos han confirmado la fidelidad histórica de los textos.
-¿Cuáles han sido los resultados?
-La filología ha profundizado en el estudio de las “formas lingüísticas” antiguas, individuando algunas estructuras típicas del arameo (lengua oral, el dialecto de Galilea) y del hebreo (lengua escrita, utilizada por los escribas de Judea), las lenguas originales hablados por Jesús. Estas estructuras lingüísticas son ajenas a la literatura griega y, por lo tanto, son un signo evidente del origen semítico de los Evangelios. Podemos decir que los evangelios fueron pensados en arameo y después traducidos al griego. El cuerpo es griego, pero el alma es semítica.
»En el texto Luce dal sepolcro se citan, por ejemplo, los paralelismos que son una repetición de la frase, para que se imprima mejor en la memoria, técnica utilizada precisamente por los rabinos en las escuelas de la antigua Israel. Hay más de cien paralelismos en los cuatro Evangelios. Distinguimos entre paralelismos antitéticos, donde la repetición de la frase ve una primera forma negativa y luego una positiva (por ejemplo, “no he venido para ser servido, sino para servir”, “los cielos y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”).
»Hay, además, paralelismos sintéticos donde la repetición de la frase se presenta con la misma forma (“no deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas a los cerdos”). Otro rasgo semítico es la repetición de términos similares, para facilitar su memorización: “perdona … nuestras ofensas … como nosotros las perdonamos a los que nos ofenden”. “El sembrador salió para sembrar la semilla, una parte de la semilla…”.
»Otra novedad lingüística, y no sólo de contenido, es el uso sistemático de las parábolas. Son relatos concretos, tomados de la vida cotidiana, únicos en todas las literaturas antiguas y de gran eficacia para comunicar un mensaje moral increíble: el amor misericordioso, el perdón, el cuidado de los débiles y los enfermos, la ayuda a los pobres… En resumen, gracias a la filología se ha visto que los Evangelios no son ciertamente elaboraciones realizadas por comunidades helenísticas durante dos siglos, como había pensado Bultmann en la primera mitad del siglo XX, sino fieles transmisiones orales de la predicación originaria del Maestro.
-¿Qué son los Evangelios apócrifos?
-“Apócrifo” en griego significa “escondido” y efectivamente son por lo menos una veintena los evangelios “apócrifos” que permanecieron escondidos hasta el siglo XIX. La Iglesia o el Vaticano no tienen nada que ver con presuntas operaciones de “encubrimiento” o de “censura” de estos textos. Sencillamente, los escasísimos manuscritos apócrifos habían permanecido enterrados en pueblos aislados, sobre todo del antiguo Egipto, donde a partir del siglo II se fue difundiendo la gnosis, una doctrina filosófica neoplatónica con infiltraciones cristianas, coptas, persas…
»Es importante saber que estos apócrifos no desmienten los acontecimientos principales de la vida de Jesús; por ejemplo, el Evangelio apócrifo de Pedro describe en términos espectaculares el momento de la resurrección. Otros evangelios apócrifos relatan a menudo algunos milagros.
-¿Cómo podemos distinguir los Evangelios auténticos de los apócrifos?
-Las primeras comunidades cristianas adoptaron algunos criterios de autenticidad que son aceptados también por los historiadores laicos. Ante todo, el criterio de la antigüedad. Estamos seguros de que los cuatro evangelios fueron escritos en el primer siglo y los recientes descubrimientos papirológicos (Papiro Rylands, Papiros Bodmer) nos confirman esto. Al contrario, los apócrifos son todos ellos de redacción tardía.
»Otro criterio es la catolicidad, es decir, el hecho de que los evangelios canónicos estaban difundidos en todo el mundo antiguo, por lo tanto en las comunidades de Roma, Atenas, Damasco, Antioquía, Jerusalén, Alejandría de Egipto, Efeso, etc. Al contrario, los apócrifos tenían un uso local, restringido al círculo elitista de pocos filósofos gnósticos.
»Otro criterio es la apostolicidad, es decir, la enseñanza conforme a la predicación original de los apóstoles. Y es en la aplicación de este criterio que el análisis lingüístico se convierte en decisivo. Mientras los Evangelios auténticos o canónicos (= conforme al canon o regla apostólica) tienen referencias continuas y evidentes al arameo y al hebreo, los apócrifos no las tienen. Más bien al contrario, presentan un léxico típico de la filosofía neoplatónica y gnóstica helenística, que nada tiene que ver con el hebreo. El Evangelio de Judas, por ejemplo, habla de “Barbelo, Saclas, arcontes, sizigia…”, toda ella terminología gnóstica absolutamente ajena a la cultura hebrea.
-¿Puede darnos un ejemplo?
Mientras los evangelios apostólicos hacen referencias continuas a las Escrituras del Antiguo Testamento, que tenían un valor fundamental para cada hebreo, en los apócrifos, en cambio, no hay ninguna referencia a las Escrituras antiguas. Dando cifras concretas, en los evangelios canónicos el patriarca Abraham es citado 33 veces, Moisés 37 y David 38. En los evangelios apócrifos no encontramos ninguna cita a estos patriarcas, importantísimos para los israelitas.
»Además, el mensaje de los evangelios apócrifos gnósticos se resiente de la filosofía platónica dualista que desprecia e incluso considera malvada la materia y, por lo tanto, la corporeidad, - despreciando también, por consiguiente, la feminidad -, y en la que la salvación es reservada a unos pocos privilegiados según un criterio discriminatorio entre sabios e ignorantes.
»En resumen, los apócrifos podrán ser útiles para conocer la filosofía gnóstica del siglo II o III, pero no ciertamente para conocer el mensaje original de Jesús de Nazaret, que es el que ha cambiado el mundo. De hecho, ha traído la revolución ética más importante de la historia, ha dado dignidad a cada ser humano en un mundo donde había millones de esclavos, donde las mujeres y los niños eran discriminados y donde los enfermos no eran cuidados con amor fraterno.
-¿Por qué un estudio filológico sobre los Evangelios junto a un estudio sobre la Sindone?
-Emanuela Marinelli y yo hemos pensado en valorar la ostensión de la Sindone que se realizará en Turín del 19 de abril al 24 de junio de este año ofreciendo en un único libro, a todo honesto investigador de la verdad histórica, los conocimientos más importantes sobre Jesús de Nazaret. De hecho, está claro que la Sindone sin los relatos evangélicos sigue siendo un enigma indescifrable. Sólo los relatos evangélicos constituyen la clave de lectura capaz de decodificar e interpretar la Sindone. Por lo tanto, se convierte en algo indispensable una investigación científica y documentada no sólo sobre la Sindone, sino también sobre la autenticidad de los Evangelios.
»En otras palabras, con este texto hemos querido responder a las exigencias del hombre moderno, en especial de los jóvenes que crecen con una cultura científica e ilustrada. Una docente de historia de la Universidad "La Sapienza" de Roma, Lucetta Scaraffia, ha dicho que dos tercios de sus estudiantes creen que entre Jesús y Jupiter no hay diferencia alguna en cuanto a documentación histórica.
»Se convierte entonces en indispensable para el mundo contemporáneo ofrecer al lector una investigación actualizada sobre la inmensa documentación de los Evangelios, que son el texto histórico más documentado del mundo antiguo en lo que respecta a número de manuscritos y su antigüedad. Basta pensar que tenemos más de quince mil manuscritos del Nuevo Testamento, mientras que sólo tenemos unas pocas decenas de manuscritos de los autores clásicos más célebres, como César, Platón, Tácito. Si falta esta competencia histórica, las jóvenes generaciones corren el riesgo de seguir siendo analfabetas precisamente sobre los temas más importantes que dan un sentido a nuestra vida.
(Publicado originariamente en La Nuova Bussola Quotidiana; traducción del italiano por Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)



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