Ellas partieron al instante del sepulcro con temor y una
gran alegría, y corrieron a dar la noticia a los discípulos.
De pronto Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas
se acercaron, abrazaron sus pies y le adoraron. Entonces Jesús les dijo:
No tengáis miedo; id a anunciar a mis
hermanos que vayan a Galilea: allí me verán. (Mt 28,8-10)

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