La
iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de las Hijas de la Caridad de Teruel acoge
desde el 14 de febrero (Miércoles de Ceniza) y el 31 de marzo (Domingo de
Resurrección) la exposición El Hombre de la Sábana Santa, organizada por la
Delegación del Primer Anuncio-Atrio de los Gentiles de la Diócesis de Teruel y
Albarracín.
La
Sábana Santa, también conocida como Sudario de Turín, Síndone o Santo Sudario,
es una tela de lino que presuntamente fue la que se usó para dar sepultura a
Jesús. Presenta marcas que podrían ser la de los traumas físicos de una persona
fruto de una crucifixión. En la exposición en la iglesia del Sagrado Corazón de
la calle Ripalda se podrán conocer a través de paneles y esculturas cómo serían
los rasgos antropométricos y el aspecto del Hombre de la Síndone y de las
torturas que sufrió.
Además,
se mostrarán algunos de los bocetos e imágenes que Juan Manuel Miñarro realizó
a partir de la Sábana Santa para reproducir una escultura del hombre que en
ella se observa, así como reconstrucciones de reliquias de la pasión como la
corona de espinas o los clavos utilizados en la crucifixión y otros
instrumentos del martirio a Jesús de Nazaret.
Esta
exposición se verá complementada con un ciclo de conferencias en el salón de
actos del Seminario. La primera, el 4 de marzo a las 19.00 horas se titula La
Sábana Santa a la luz de la ciencia, y correrá a cargo de Jorge Manuel
Rodríguez Almenar, profesor de Derecho Civil de la Universidad de Valencia y
presidente del Centro Nacional de Sindonología.
El
13 de marzo a las 19.00 horas María Ángeles Gómez Limón, franciscana misionera
de la Madre del Divino Pastor y l licenciada en Historia por la Universidad de
León y licenciada en Teología espiritual en la Universidad Pontificia de
Comillas, ofrecerá la conferencia ¿Por qué murió Jesús?
Al
día siguiente, Gómez Limón impartirá otra conferencia, con el título Del Hombre
de la Sábana al encuentro con el viviente.
El
horario de la exposición será de 18.00 a 20.30 (De lunes a viernes) y de 11.00
a 13.30 y de 18.00 a 20.30 los sábados, domingos y festivos. La entrada podrá
adquirirse en la puerta de la exposición en la calle Ripalda.
En
el proyecto colabora una cincuentena de voluntarios y voluntarias de las
distintas hermandades y cofradías de la Semana Santa turolense que se
encargarán de la apertura y muestra de la exposición. Colegios, grupos o
distintas comunidades que deseen visitar la exposición pueden ponerse en
contacto con la coordinadora de la misma en el teléfono 600 435 282 (María José
Abad).
El experto Bruno Barberis ofreció
recientemente en México una conferencia en la que detalló siete elementos que
convierten a la Sábana Santa en un elemento íntimamente ligado a una persona de
las características de Jesús.
Bruno Barberis es profesor de
Física Matemática de la Universidad de Turín y vicepresidente de la Cofradía
del Santo Sudario de Turín. El experto acaba de exponer siete razones que
permiten asegurar que la figura del hombre de la Sábana Santa es Jesús de
Nazaret.
El profesor participó en el
Congreso Internacional Ciencia y Fe en la Sábana Santa: ¿Quién es el hombre de
la Sábana Santa de acuerdo a la ciencia? Evaluando los diferentes elementos que
se pueden ver en la Sábana Santa, para Barberis, se puede determinar que sólo
Jesús de Nazaret pudo sufrir ese suplicio.
En la ponencia titulada La Sábana
Santa: Espejo del Evangelio y desafío a la inteligencia, organizada por el
Centro Mexicano de Sindonología y de la que se hace eco Desde la Fe, el
especialista italiano detalló las siete características que permiten determinar
que el sudario perteneció a Jesús.
1- Envuelto en una sábana
El hombre de la Sábana Santa y
Jesús después de la muerte fue envueltos en una sábana, esto es muy raro en
tiempos antiguos, sobre todo en el caso de un crucificado. En la mayoría de los
casos los cadáveres de los crucificados eran abandonados a los animales
salvajes o, como muchos, sepultados en fosas comunes.
2- Corona de espinas
Tanto al hombre de la Sábana
Santa como a Jesús les pusieron en la cabeza un casco con espinas. Este hecho
es verdaderamente excepcional, y no poseemos ningún documento que nos informe
de esta costumbre ni entre los romanos ni entre otros pueblos.
3- El transporte del patíbulo
El hombre de la Sábana Santa, al
igual que Jesús, llevó sobre la espalda un objeto pesado que no puede ser otra
cosa que el patíbulo al que fue clavado. El transporte del patíbulo por el
condenado no se realizaba en todas las crucifixiones, ya que se usaban árboles
o cruces ocasionales.
4- El uso de clavos
Tanto el hombre de la Sábana
Santa como Jesús fueron fijados a la cruz con clavos, este método parece que
estaba reservado a crucifixiones oficiales, mientras que en la mayoría de los
casos los condenados se sujetaban a la cruz con cuerdas.
5- No le quebraron las piernas
El hombre de la Sábana Santa y
Jesús fueron heridos en el costado después de la muerte, mientras que no les
fracturaron las piernas. Este es un hecho prácticamente único, ya que era más
común la costumbre de quebrar las piernas a los crucificados para acelerarles
la muerte a los condenados.
Sabana santa. El hombre de la
Sábana Santa y Jesús después de la muerte fueron envueltos en una sábana, esto
es muy raro en tiempos antiguos.
6-Sin lavado ni unción
El hombre de la Sábana Santa y
Jesús fueron envueltos en el lienzo funerario inmediatamente después de ser
bajados de la cruz, sin que se efectuara ninguna operación de lavado, ni la
unción. Las costumbres de la época, para el caso de una sepultura normal,
preveían el lavado del cadáver y su unción con aceites aromáticos antes de
envolver el cuerpo en la tela fúnebre. En el caso de Jesús sabemos que fue
envuelto en una sábana y puesto en un sepulcro inmediatamente después del
descendimiento de la cruz, por la necesidad de realizar esta operación antes de
la caída de la noche, en que comenzaba la pascua hebrea, durante la cual, no
podría realizarse ningún trabajo manual. La sepultura final definitiva habría
tenido que realizarse, por las mujeres, dos días después.
7- Pocas horas envuelto
Tanto el hombre de la Sábana
Santa como Jesús estuvieron en la sábana por poco tiempo. De hecho, para que la
imagen que vemos se haya producido, fue necesario que el cadáver estuviera en
la sábana algunas horas, pero no más de dos o tres días, ya que de otro modo el
proceso de descomposición habría destruido la imagen y habría dejado en la tela
manchas simples e irreconocibles, que sin embargo no están presentes en la
Sábana Santa. Jesús fue envuelto en una sábana tras ser bajado de la cruz y
después de un tiempo no superior a 40 horas en el sepulcro, vigilado por
guardias, fue encontrada únicamente la tela mientras que el cadáver no estaba.
"Es imposible que la imagen
de la Sábana Santa no pertenezca a Jesús, teniendo presente que estos siete
hechos son claramente independientes entre ellos. La probabilidad total de que
estos siete sucesos se hubieran dado a la vez en otro hombre y que haya sufrido
el suplicio de la crucifixión es de 1 entre 20 mil millones, un número bastante
próximo a cero", explicó Bruno Barberis.
"En otras palabras, entre 20
mil millones de crucificados eventuales, solo uno podría haber poseído las
siete características que hemos considerado, comunes al hombre de la Sábana
Santa y a Jesús. Como es evidente en la historia de la humanidad no pudo haber
habido 20 mil millones de crucificados, como máximo algunos cientos de miles o
algún millón", subrayó.
"El cálculo realizado",
concluyó Barberis, "permite concluir que es altísima la probabilidad de
que un crucificado con estas características sea único y que por tanto el
hombre de la Sábana Santa sea precisamente Jesús de Nazaret".
Es
una sábana de lino, tejida a espina de pez, de 436 cm de largo y 110 cm de
ancho incluida la lista longitudinal de cerca de cm 8.
Sobre
un solo lado de la tela son impresas las huellas frontales y dorsales de un
hombre muerto después de haber sido crucificado. La huella del cuerpo humano es
una imagen negativa, las impresiones y las huellas de sangre son en positivo.
Guía a la lectura
de la Sábana Santa
La
imagen de la figura humana debe de ser leída como si fuera reflejada en un
espejo: lo que se ve a la derecha se encuentra en realidad a su izquierda y
viceversa. La huella del cuerpo humano es una imagen negativa, las impresiones y
las huellas de sangre son en positivo.
Un objeto
imposible
Es
una sábana de lino, de 4,36m de largo y 1,10m de ancho. Sobre ella se ven
enseguida, además de las dos líneas oscuras y de los triángulos blancos, signos
de quemaduras (un incendio en 1532), las huellas de una imagen - frontal y
dorsal - de un hombre muerto por crucifixión.
La historia
Muy
interesante es también "el problema histórico" de la sábana santa que
sigue siendo, como lo definió Giovanni Paolo II, una "provocación para la
inteligencia".
Desde
1578 la Sábana Santa está conservada en la Catedral de Turín, cuando llegó de
Chambéry, antigua capital del Ducado de Saboya. Desde la mitad del siglo XIV
hay testimonios históricos de la Sábana Santa seguros y sin más interrupciones:
en aquella época el Lienzo es presente en Lirey (Francia); una posible historia
precedente vió la Sábana Santa en Oriente (Edesa, Costantinopla), de donde
habría sido transportada en Europa durante las Cruzadas.
En
1453 fue cedida a los Saboyas y siguió a la familia real cuando trasladó la
capital en Piamonte. Desde 1694 está guardada (a parte breves interrupciones)
en la maravillosa capilla que Guarino Gaurini construyó entre la Catedral y
Palacio Real.
Desde
1983 la Sábana Santa es propiedad de la Santa Sede, dejada en herencia por
Humberto II de Saboya al Papa.
En
los últimos cuatro siglos la Sábana Santa ha sido expuesta varias veces; la
ostensión más reciente es de 1978, para los 400 años del traslado A Turín.
La ciencia
La
Sábana Santa empezó a "sorprender" hace un siglo cuando, por primera
vez, fue fotografiada por Secondo Pia, en 1898: el negativo de la fotografía
mostró en detalle y con una evidencia mucho mayor que el "positivo",
todos los "signos" que la Sábana Santa guardaba.
Los
conocimientos científicos con respecto a la Sábana Santa hoy acumulan los
resultados de casi un siglo de laboratorio, de documentos, de escritos de vario
espesor científico y de varia utilidad que tienen el objetivo de llegar a
entender la real entidad de este santo lienzo, y que constituyen la
"Sindonología" (porque en italiano la Sábana Santa se llama Síndone),
ciencia autónoma.
Los
temas científicos de discusión van de la biología a la física, de la medicina
legal a la arqueología, de la informática al cálculo de las probabilidades.
¿Cómo se formó la
imagen de la Sábana?
La
ciencia no ha dado todavía explicaciones plausibles. Los resultados de las
investigaciones efectuadas en este siglo son los siguientes:
1.La
imagen no es una pintura y ha sido dejada por el cadáver de un hombre fustigado
y crucificado. La elaboración del ordenador ha revelado que ella posee
propiedades tridimensionales, que no pertenecen ni a las pinturas ni a las
normales fotografías;
2.Sobre
el Lienzo se hallaron polenes de flores que han ofrecido fuertes indicios de
una presencia de la Sábana Santa no sólo en Europa, sino también en el cercano
Levante;
3.El
análisis de las huellas de sangre han indicado la presencia de sangre humana,
del tipo AB. Sobre la Sábana no hay huellas de pigmentos colorantes;
4.En
1988 ha sido efectuada, sobre un fragmento de la Sábana Santa, la "prueba
de datación" con el método del Carbono 14: los resultados dieron al tejido
una datación entre el 1260 y el 1390 d.C. Estos resultados son hoy mismo objeto
de discusión al interior de la misma comunidad científica; estudios
experimentales más recientes han abierto otra vez el problema.
5.Años
más tarde diversos científicos demuestran que la prueba pudo ser fallida por
contaminación bacteriana.
Datación,
adecuada conservación, formación de la imagen: en torno a estos problemas la
ciencia moderna sigue interrogándose. MÁS INFORMACIÓN AQUÍ
VÍDEOS:
VÍDEOS SOBRE LA SÁBANA SANTA EXPOSICIÓN "MISTERY MAN"
«¿Los
evangelios apócrifos? Textos tardíos, sin relación con los hechos, para
filósofos gnósticos»
El
historiador Marco Fasol explica la base semítica de los Evangelios de la
Iglesia y su ausencia en los apócrifos, tardíos y sin base en los apóstoles
Profesor
de historia y filosofía en un prestigioso instituto concertado de Verona, Marco
Fasol estudia desde hace años la cuestión de la autenticidad de los Evangelios
canónicos a la luz de los conocimientos filológicos y documentales más
modernos.
Un
argumento que estalló en los tiempos de El código da Vinci de Dan Brown, cuando
millones de personas tuvieron conocimiento por primera vez de la existencia de
los denominados Evangelios apócrifos y, con el clásico gusto por las cosas
prohibidas, se dejaron guiar por un narrador estadounidense a través de una
recorrido novelado y repleto de imágenes que no tiene ninguna conexión con los
hechos.
La
idea de que los verdaderos Evangelios son los apócrifos (o algunos de ellos) no
es nueva: Dan Brown, notoriamente cercano a ambientes esotéricos, podía encontrar
huellas de esto en otros pasajes de la historia.
Varios
jerarcas nazis, por ejemplo, estaban convencidos de la existencia de un quinto
Evangelio, ocultado por la Iglesia, que contendría verdades coherentes con la
ideología nacionalsocialista y en conflicto, en cambio, con la doctrina
católica.
Precisamente
con el fin de proporcionar a los
lectores conocimientos científicos sobre los Evangelios canónicos y apócrifos,
Fasol escribió un pequeño libro, Il codice svelato (El código desvelado,
ndt), que fue un auténtico éxito de ventas.
Ahora vuelve sobre este argumento, en un contexto muy distinto: de hecho,
su ensayo sobre la autenticidad de los
Evangelios, publicado por Fede & Cultura, sale junto a un ensayo sobre la Sindone de la científica Emanuela Marinelli.
Fasol
y Marinelli ofrecen a los lectores un panorama completo sobre los estudios de
los Evangelios y las investigaciones científicas llevadas a cabo, durante
decenios, sobre la Sindone. Hemos entrevistado a Marco Fasol para entender
mejor qué hay detrás del estudio de los Evangelios.
-Profesor Fasol,
primero de todo, díganos algo sobre la lengua de los Evangelios.
-Los
estudios más recientes sobre los Evangelios han evidenciado que el griego, en
el que había sido escrito todo el Nuevo Testamento, tiene unas referencias
clarísimas a una predicación original en arameo, la lengua madre de Jesús de
Nazaret. Al menos 26 palabras de los Evangelios han quedado en arameo porque
los evangelistas no quisieron traducirlas al griego: querían que resonaran a
los lectores precisamente con la máxima fidelidad a la voz del Maestro.
»Entre
estas palabras podemos recordar la importantísima palabra aramea “Abbà”, un
vocativo muy particular con el que el Maestro se dirigía al Padre, llamándolo
“papà” (Abbà, efectivamente), con la máxima confianza y familiaridad filial.
Pensemos también que los Evangelios repiten cincuenta veces el término hebreo
“amén”, que significa “en verdad”, otro uso singular del Maestro, que
introducía habitualmente su discurso repitiendo dos veces “en verdad, en
verdad”. Otros ejemplos celebérrimos son las últimas palabras en la cruz “Eloì,
Eloì, lama sabactani?”, “Talita qum”, “rabbì”, “effatà”. Todos signos de máxima
fidelidad histórica.
-¿Cuándo se
empezaron a aplicar los principios de la filología al texto sagrado?
-Fue
sobre todo en el siglo XX cuando se profundizó la investigación sobre las
“formas lingüísticas”, los “géneros literarios” y el “contexto histórico” que
están en la base de los textos evangélicos. Haciendo una referencia concreta, podemos
recordar el documento de la Pontificia Comisión Bíblica De historica
Evangeliorum veritate, (LEV, Ciudad del Vaticano, 1964). En este texto se
reconoce la legitimidad del método histórico-crítico en el estudio de los
Evangelios. También el Concilio Vaticano II, en la Dei Verbum (1965), en el n.
19, afirma sin dudarlo la historicidad de los cuatro Evangelios, como
demostración del hecho de que los estudios filológicos han confirmado la
fidelidad histórica de los textos.
-¿Cuáles han sido
los resultados?
-La
filología ha profundizado en el estudio de las “formas lingüísticas” antiguas,
individuando algunas estructuras típicas del arameo (lengua oral, el dialecto
de Galilea) y del hebreo (lengua escrita, utilizada por los escribas de Judea),
las lenguas originales hablados por Jesús. Estas estructuras lingüísticas son
ajenas a la literatura griega y, por lo tanto, son un signo evidente del origen
semítico de los Evangelios. Podemos decir que los evangelios fueron pensados en
arameo y después traducidos al griego. El cuerpo es griego, pero el alma es
semítica.
»En
el texto Luce dal sepolcro se citan, por ejemplo, los paralelismos que son una
repetición de la frase, para que se imprima mejor en la memoria, técnica
utilizada precisamente por los rabinos en las escuelas de la antigua Israel.
Hay más de cien paralelismos en los cuatro Evangelios. Distinguimos entre
paralelismos antitéticos, donde la repetición de la frase ve una primera forma
negativa y luego una positiva (por ejemplo, “no he venido para ser servido,
sino para servir”, “los cielos y la tierra pasarán, pero mis palabras no
pasarán”).
»Hay,
además, paralelismos sintéticos donde la repetición de la frase se presenta con
la misma forma (“no deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas a los
cerdos”). Otro rasgo semítico es la repetición de términos similares, para
facilitar su memorización: “perdona … nuestras ofensas … como nosotros las
perdonamos a los que nos ofenden”. “El sembrador salió para sembrar la semilla,
una parte de la semilla…”.
»Otra
novedad lingüística, y no sólo de contenido, es el uso sistemático de las
parábolas. Son relatos concretos, tomados de la vida cotidiana, únicos en todas
las literaturas antiguas y de gran eficacia para comunicar un mensaje moral
increíble: el amor misericordioso, el perdón, el cuidado de los débiles y los
enfermos, la ayuda a los pobres… En resumen, gracias a la filología se ha visto
que los Evangelios no son ciertamente elaboraciones realizadas por comunidades
helenísticas durante dos siglos, como había pensado Bultmann en la primera
mitad del siglo XX, sino fieles transmisiones orales de la predicación
originaria del Maestro.
-¿Qué son los
Evangelios apócrifos?
-“Apócrifo”
en griego significa “escondido” y efectivamente son por lo menos una veintena
los evangelios “apócrifos” que permanecieron escondidos hasta el siglo XIX. La
Iglesia o el Vaticano no tienen nada que ver con presuntas operaciones de
“encubrimiento” o de “censura” de estos textos. Sencillamente, los escasísimos
manuscritos apócrifos habían permanecido enterrados en pueblos aislados, sobre
todo del antiguo Egipto, donde a partir del siglo II se fue difundiendo la
gnosis, una doctrina filosófica neoplatónica con infiltraciones cristianas,
coptas, persas…
»Es
importante saber que estos apócrifos no desmienten los acontecimientos
principales de la vida de Jesús; por ejemplo, el Evangelio apócrifo de Pedro
describe en términos espectaculares el momento de la resurrección. Otros
evangelios apócrifos relatan a menudo algunos milagros.
-¿Cómo podemos
distinguir los Evangelios auténticos de los apócrifos?
-Las
primeras comunidades cristianas adoptaron algunos criterios de autenticidad que
son aceptados también por los historiadores laicos. Ante todo, el criterio de
la antigüedad. Estamos seguros de que los cuatro evangelios fueron escritos en
el primer siglo y los recientes descubrimientos papirológicos (Papiro Rylands,
Papiros Bodmer) nos confirman esto. Al contrario, los apócrifos son todos ellos
de redacción tardía.
»Otro
criterio es la catolicidad, es decir, el hecho de que los evangelios canónicos
estaban difundidos en todo el mundo antiguo, por lo tanto en las comunidades de
Roma, Atenas, Damasco, Antioquía, Jerusalén, Alejandría de Egipto, Efeso, etc.
Al contrario, los apócrifos tenían un uso local, restringido al círculo
elitista de pocos filósofos gnósticos.
»Otro
criterio es la apostolicidad, es decir, la enseñanza conforme a la predicación
original de los apóstoles. Y es en la aplicación de este criterio que el
análisis lingüístico se convierte en decisivo. Mientras los Evangelios
auténticos o canónicos (= conforme al canon o regla apostólica) tienen
referencias continuas y evidentes al arameo y al hebreo, los apócrifos no las
tienen. Más bien al contrario, presentan un léxico típico de la filosofía
neoplatónica y gnóstica helenística, que nada tiene que ver con el hebreo. El
Evangelio de Judas, por ejemplo, habla de “Barbelo, Saclas, arcontes,
sizigia…”, toda ella terminología gnóstica absolutamente ajena a la cultura
hebrea.
-¿Puede darnos un
ejemplo?
Mientras
los evangelios apostólicos hacen referencias continuas a las Escrituras del
Antiguo Testamento, que tenían un valor fundamental para cada hebreo, en los
apócrifos, en cambio, no hay ninguna referencia a las Escrituras antiguas.
Dando cifras concretas, en los evangelios canónicos el patriarca Abraham es
citado 33 veces, Moisés 37 y David 38. En los evangelios apócrifos no
encontramos ninguna cita a estos patriarcas, importantísimos para los
israelitas.
»Además,
el mensaje de los evangelios apócrifos gnósticos se resiente de la filosofía
platónica dualista que desprecia e incluso considera malvada la materia y, por
lo tanto, la corporeidad, - despreciando también, por consiguiente, la
feminidad -, y en la que la salvación es reservada a unos pocos privilegiados
según un criterio discriminatorio entre sabios e ignorantes.
»En
resumen, los apócrifos podrán ser útiles para conocer la filosofía gnóstica del
siglo II o III, pero no ciertamente para conocer el mensaje original de Jesús
de Nazaret, que es el que ha cambiado el mundo. De hecho, ha traído la
revolución ética más importante de la historia, ha dado dignidad a cada ser
humano en un mundo donde había millones de esclavos, donde las mujeres y los
niños eran discriminados y donde los enfermos no eran cuidados con amor
fraterno.
-¿Por qué un
estudio filológico sobre los Evangelios junto a un estudio sobre la Sindone?
-Emanuela
Marinelli y yo hemos pensado en valorar la ostensión de la Sindone que se
realizará en Turín del 19 de abril al 24 de junio de este año ofreciendo en un
único libro, a todo honesto investigador de la verdad histórica, los
conocimientos más importantes sobre Jesús de Nazaret. De hecho, está claro que
la Sindone sin los relatos evangélicos sigue siendo un enigma indescifrable.
Sólo los relatos evangélicos constituyen la clave de lectura capaz de
decodificar e interpretar la Sindone. Por lo tanto, se convierte en algo
indispensable una investigación científica y documentada no sólo sobre la
Sindone, sino también sobre la autenticidad de los Evangelios.
»En
otras palabras, con este texto hemos querido responder a las exigencias del
hombre moderno, en especial de los jóvenes que crecen con una cultura
científica e ilustrada. Una docente de historia de la Universidad "La
Sapienza" de Roma, Lucetta Scaraffia, ha dicho que dos tercios de sus
estudiantes creen que entre Jesús y Jupiter no hay diferencia alguna en cuanto
a documentación histórica.
»Se
convierte entonces en indispensable para el mundo contemporáneo ofrecer al
lector una investigación actualizada sobre la inmensa documentación de los
Evangelios, que son el texto histórico más documentado del mundo antiguo en lo
que respecta a número de manuscritos y su antigüedad. Basta pensar que tenemos
más de quince mil manuscritos del Nuevo Testamento, mientras que sólo tenemos unas
pocas decenas de manuscritos de los autores clásicos más célebres, como César,
Platón, Tácito. Si falta esta competencia histórica, las jóvenes generaciones
corren el riesgo de seguir siendo analfabetas precisamente sobre los temas más
importantes que dan un sentido a nuestra vida.
(Publicado
originariamente en La Nuova Bussola Quotidiana; traducción del italiano por
Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)