EL RINCÓN DE FERNY

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miércoles, 28 de febrero de 2024

SERIE DOCUMENTAL EL CAMINO INTERIOR

El Camino de Santiago lleva, desde hace siglos, siendo una ruta recorrida por millones de peregrinos por motivos religiosos, culturales, deportivos o de ocio. Promesas y retos también han formado parte de las motivaciones para realizarlo. Pero la realidad manifestada por todos aquellos que lo han recorrido es que se trata de un camino lleno de encanto, de espiritualidad y transformador aún sin pretenderlo. Nadie termina el camino como lo empezó.

Miguel Ángel Tobías, productor y director de cine y programas de televisión, recorrerá 16 etapas de El Camino desde León a Santiago de Compostela y Finisterre. Lo hará acompañado, en cada una de ellas, por personas que se dedican a ayudar a otros a transformar sus vidas, habiendo pasado ellos mismos por profundos procesos de transformación personales. Un Camino de encuentro, de compartir conocimientos y experiencias, dejándose también sorprender por lo que El Camino, en cada etapa, les depare.

Me parece un instrumento muy útil y recomendable para ser utilizado en nuestras clases.

PÁGINA WEB DEL DOCUMENTAL

PROGRAMAS

martes, 13 de noviembre de 2018

EL CRISTIANISMO ES HOY LA RELIGIÓN MÁS PERSEGUIDA EN TODO EL MUNDO"

Os dejo un extracto de la entrevista que le ha hecho el periódico El Mundo, este 10 de noviembre pasado, al periodista Fernando de Haro:

Seis películas y cuatro libros avalan su esfuerzo intelectual y periodístico por documentar el genocidio que en diferentes lugares del mundo se está perpetrando contra los cristianos. Masacres silenciadas que rescata a través de las voces de los supervivientes y la denuncia de nuevas identidades surgidas de la ideologización del hecho religioso que sólo se reafirman a través de la aniquilación del 'infiel'.
Después de publicar Cristianos y leones (Planeta, 2013), un libro ensayístico surgido de la perplejidad de cómo la religión con mas seguidores (unos 2.200 millones en todo el mundo) tiene cada vez más perseguidores (la OSCE cifra en 150.000 los cristianos asesinados cada año), Fernando de Haro (Madrid, 1965) sintió la necesidad de levantar acta sobre el terreno del exterminio de las comunidades cristianas en lugares tan dispares como China, India, Nigeria, Siria, Pakistán, Egipto y Líbano. Y viajó allí con el fotógrafo y realizador Ignacio Giménez-Rico. De su trabajo conjunto han ido surgiendo hasta seis películas documentales que recogen los rostros y los relatos de los testigos y supervivientes de persecuciones y masacres de las que los medios no suelen informar. También, tres libros, escritos con la trepidante narrativa del reportero, la sosegada reflexión del analista político y la respetuosa mirada de quien tiene conciencia de enfrentarse a un sufrimiento que sólo encuentra consuelo en "la riqueza espiritual de la fe cristiana": Coptos. Viaje al encuentro de los mártires de Egipto (Encuentro, 2015); En tierras de Boko Haram (Confluencias, 2016) y el reciente No me lamento. La persecución de los cristianos en la India (Elba, 2018). En él explica cómo "la ideologización de lo religioso, en la que se pueden ver las huellas del nihilismo y del nacionalismo, promueve la dinámica del chivo expiatorio e identidades conflictivas".
¿Se puede hablar rigurosamente de un genocidio cristiano en diferentes partes del mundo?
La palabra técnicamente se puede utilizar. Hay genocidios locales, como el de Orissa, en la India, que reúne las condiciones que jurídicamente establece la Convención de Naciones Unidas sobre el genocidio, como es la voluntad explícita de acabar con una población de un territorio o de desplazarla obligatoriamente siguiendo un proyecto definido. En el caso de Irak, por ejemplo, en la llanura de Nínive, en torno a Mosul, el Parlamento Europeo y la Secretaría de Estado de EEUU (en tiempos de Obama) han calificado de genocidio el exterminio de los yazidíes. Pero en un sentido amplio, no sólo jurídico, estamos cuantitativamente ante la persecución mayor de toda la Historia, a pesar de que no podamos hacer un censo estricto de víctimas. En regiones del norte de Nigeria entierran a los muertos en fosas y no hay nadie para contar los asesinatos y secuestros de Boko Haram.
Usted habla de mártires...
Sí. Mártir es alguien que sufre la pérdida de su vida porque le ponen ante la opción de renunciar a su fe. He conocido a chavales, cuando el Daesh controlaba la zona de Nínive, a los que les han puesto una pistola en la cabeza y al negarse a pronunciar la shajada, la profesión de fe musulmana, les han pegado un tiro. Escenas como ésa te hacen revivir las historias de los mártires que hemos leído todos. El siglo XXI es el siglo del martirio para el cristianismo, porque en muchos lugares el cristianismo es la religión nueva.
En sociedades como las nuestras se nos hace difícil comprender que alguien esté dispuesto a perder la vida por no renunciar a una creencia...
Para mucha gente, el cristianismo no es una tradición, no es un legado intelectual ni un conjunto de normas, es una experiencia de liberación real y a esa experiencia no se puede renunciar. Cuando a un dalit (un paria) de la India, al que tratan cruelmente como la reencarnación de un error del pasado, alguien empieza a tratarlo como a una persona, con dignidad y con respeto, ya no renuncia a ese vínculo afectivo.
¿Por qué se ha roto la convivencia, hasta ahora más o menos pacífica, con las comunidades cristianas en tantos lugares del mundo?
Hay varios motivos. En primer lugar, el fenómeno de la globalización ha provocado una reacción de identidades conflictivas. La globalización crea perplejidad porque destruye las culturas generadas por lo religioso y provoca rencor y miedo a perder lo propio. Y en esos momentos aparecen una serie de líderes que buscan un chivo expiatorio y explican que la culpa la tiene el otro, en este caso, los cristianos. En la India, los fundadores del hindutva, una ideología nacionalista e hinduísta que tiene ciertos paralelismos evidentes, incluso en el uso de uniformes, con Mussolini, ven a los misioneros europeos como una agresión. Es la instrumentalización de la experiencia religiosa. En Europa pensamos que el mundo es secular, pero sólo lo es en ciertas partes del occidente europeo, en el resto del mundo lo religioso está muy presente. Unas religiones se relacionan más que otras con lo racional, pero cuando el círculo habitual entre lo cultural y lo religioso desaparece, surgen los fundamentalismos.
¿Estamos en una guerra de religiones?
No. Eso es un grandísimo error. Las hipótesis de la guerra de religión y la del choque de civilizaciones son hipótesis de intelectuales abstractos sentados en la mesa de un think tank en Washington. Hay que estar sobre el terreno, y sobre el terreno se ven dos o tres cosas fundamentales, con todo el respeto a los señores de los think tank que recomendaron la intervención en Irak. La primera es que el yihadismo es producto de una guerra interna dentro del islam, en la que hay una interpretación ideológica que pretende conducir al islam a una especie de nihilismo destructivo. El califato que se crea entre Siria e Irak en 2014 es una fórmula subvencionada con el dinero saudí y el dinero catarí para frenar la expansión de Irán, pero también es un intento de responder al choque del islam
con la modernidad a través de una ideología neoislamista. Eso no es una guerra de religión entre el cristianismo y el islam. Es el resultado de la seducción por el nihilismo que tiene como víctimas a los cristianos, pero también a todos los suníes que profesan su religión sin aceptar nuevas formas de teocracia.
¿El islam es incompatible con la democracia?
El islam no es un bloque homogéneo y países como Egipto nunca tendrá una democracia de corte occidental y laicista como las surgidas tras la Revolución francesa. Ése es el grave error de incomprensión que comete Europa. La democracia no es un paisaje, no son unos valores abstractos, está basada en una cultura y una antropología. Y es verdad que desde el punto de vista fundacional el islam tiene una dificultad para evolucionar hacia un concepto de democracia en la que se establezca la separación neta entre Iglesia y Estado, aunque Bernard Lewis sostiene que en el Califato Omeya hubo cierta división entre lo religioso y lo político. Lo interesante es que declaraciones como la de Marrakech en 2016 se abren al concepto de un sujeto que tiene derechos como ciudadano. Dentro de las élites egipcias hay gente pensando en esta dirección y dentro del chiísmo hay interpretaciones del islam que podrían significar una apertura. Pero de momento, no. Ahí está el fracaso de las primaveras árabes por falta de un sujeto institucional real que ha hecho imposible la democracia. Túnez sí tenía un sujeto institucional y por eso allí sí triunfó. En Egipto, los jóvenes pierden la revolución porque el integrismo de los Hermanos Musulmanes está mucho mejor organizado. Hay que seguir con interés los debates que se están produciendo en el islam real, no en el islam imaginado.

TOMADO DEL PERIÓDICO EL MUNDO

lunes, 31 de julio de 2017

ENTREVISTA A NUESTRO OBISPO DE TERUEL.


Hace unos días se emitió en tve, en la desconexión regional de Aragón, una entrevista íntima y personal a nuestro obispo Antonio. Una interesante conversación que nos muestra una faceta más cercana de D. Antonio Gómez Cantero.

martes, 16 de mayo de 2017

FRANCESC TORRALBA: "NO ME GUSTARÍA MORIR Y DARME CUENTA DE QUE NO HE VIVIDO"

Paula Martínez del Mazo
@paulamartinezdm
Si estás leyendo estas líneas, puede que alguna de las siguientes cuestiones pasen por tu cabeza: ¿Por qué tenemos que hablar de esto?, estas preguntas me ponen nervioso, qué denso todo, ¡qué rayada!, en serio, no es necesario. Vamos a dejarnos de tonterías y a hablar de la vida real, para qué me voy a complicar la cabeza si no hay respuesta.
Al escuchar ciertas preguntas, respondemos casi de forma automática con una serie de respuestas en bucle que intentan rebajar las preguntas existenciales a la categoría de inútiles. Además, suele acechar una pereza bastante difícil de superar para terminar concluyendo que es más fácil no preguntarse. Francesc Torralba es filósofo, teólogo y actualmente es catedrático de Ética en la Universidad Ramón Llull. Entrevistarle implica que cada pregunta se vuelve en una aún más profunda. Sin embargo, este provocador de preguntas es, sobre todo, un buscador de respuestas. Dice que aquello de lo que muchas veces escapamos constituye al hombre, plantea que el deseo de infinito puede ser fruto de una patología o de una realidad  y que se nos va la vida en el modo de responder a esto.
Responder de una manera u otra a estas preguntas es inevitable. Francesc nos ayuda a entender en qué consiste esta encrucijada en la cual la ausencia de respuesta ya es, en sí misma, una respuesta contundente. Catalán, profesor universitario, experto en Kierkegaard, aficionado a correr maratones y al cross de montaña, casado y con cinco hijos.
Woody Allen, en una entrevista para El País Semanal dice lo siguiente:
“Vivimos en un mundo que no tiene sentido, ni propósito. Somos mortales, y todas las preguntas importantes… Para mí lo importante no ha sido nunca quién es el presidente de Estados Unidos, esas cuestiones van y vienen. Las preguntas importantes se quedan con nosotros y no tienen respuesta. ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué estamos haciendo aquí? ¿De qué va esto? ¿Por qué es importante que envejezcamos, por qué morimos? ¿Qué significa la vida? Y si no significa nada, ¿de qué sirve? Esas son las grandes cuestiones que nos vuelven locos, no tienen respuesta, y uno tiene que seguir adelante y olvidarse de ellas”.

Woody Allen tiene muchas preguntas sin respuesta. ¿Es sólo él el que se las pregunta, se le ha soltado un tornillo o todos los hombres estamos un poco locos en este sentido?
Somos animales metafísicos. No podemos responder de un modo concluyente a las grandes cuestiones de la existencia humana. Menos aún de una manera científica. Sin embargo, la metafísica como disposición natural forma parte de nuestro ser y la cuestión del sentido es intrínseca a la condición humana.
No siempre se dan las circunstancias idóneas para que emerja la pregunta, pero cuando se interrumpe la lógica de los acontecimientos, cuando tiene lugar una experiencia límite como la muerte de un ser querido o una experiencia cumbre de extraordinaria belleza, verdad, unidad o bondad, aflora, con fuerza, la pregunta por el sentido.

¿No es irracional esperar algo que no se puede cumplir? Sabemos que no podemos volar y por tanto no intentamos saltar por la ventana para ver si esta vez es posible. Sin embargo, con la felicidad, por ejemplo, pasa lo contrario; tenemos muchas experiencias de fracaso y aún así, seguimos intentándolo. ¿Qué cree que hace al hombre seguir buscando?
El anhelo de felicidad es constitutivo del ser humano. Todos los seres humanos -dice Aristóteles- desean, por naturaleza, ser felices. La cuestión radica en aclarar en qué consiste ese estado de ánimo que denominamos felicidad y cómo alcanzarlo. La búsqueda de esa plenitud está en la dinámica del deseo y por múltiples vericuetos, en ocasiones, terriblemente dañinos, tratamos de encauzar la potencia de este deseo.

¿Tenemos todos los hombres los mismos deseos? ¿Cree usted que vienen “de fábrica”?
El ser humano es, por definición, un ente de deseo. Anhelamos lo que no somos, deseamos lo que no poseemos, experimentamos una inquietud ontológica que nos proyecta hacia algo que nos trasciende. Nada de lo que hay en este mundo colma esta inquietud ontológica. He aquí nuestro drama. Tampoco la vía de la extinción del deseo me parece humanamente viable, porque extinguir el deseo es como extinguir la condición humana. El deseo es fuerza motriz, principio de movimiento, voluntad de ser, pero, simultáneamente, la causa de todos nuestros padecimientos.

Usted no dice solamente que el hombre tenga deseos sino, además, que es deseo, que el deseo es una cualidad que le constituye,  ¿no es demasiado atrevido decir esto? ¿a qué se refiere exactamente?
El deseo no es algo que se posea de un modo extrínseco como se posee una casa o un libro. El deseo forma parte constitutiva del ser humano. Reconocerlo es fundamental para saber quiénes somos y de qué estamos hechos. Existen distintas formas y manifestaciones del deseo fundamental que vertebra la existencia humana, pero el deseo subsiste como tal y nos proyecta hacia lo que desconocemos, hacia algo que no podemos definir claramente, pero que barruntamos con la imaginación.

¿Qué es el deseo en el ser humano? ¿Cuál es la diferencia entre desear una Coca Cola o una sesión de masajes y, por otro lado, desear la felicidad, que mi marido o mujer me ame para siempre o que los que quiero no se mueran nunca?
Existen deseos de distinta naturaleza. Por un lado, está el deseo de tener, que se relaciona directamente con objetos, con realidades tangibles, con seres humanos. Uno desea un coche, pero también puede desear la presencia de un ser amado. Pero, por otro lado, está el deseo de ser, que se relaciona con lo que uno aspira a devenir, con sus ideales más profundos, con sus voliciones más secretas. Nada colma el deseo de ser porque este deseo es de naturaleza infinita. Por eso, el deseo ontológico descentra al ser humano, porque le conduce hacia lo que todavía no es, pero aspira a ser.

¿Por qué se dice que el deseo es signo de trascendencia, de naturaleza infinita? ¿No podría ser una cualidad del ser humano que no remite necesariamente a otra cosa? ¿Es más razonable pensar que sí?
Trascender es cruzar un límite, elevarse a un plano desconocido, explorar un territorio ignoto, tener la audacia de adentrarse en lo que está fuera del alcance de nuestra razón. El ser humano puede trascender de múltiples modos. Este anhelo de superación, de conocer lo desconocido, de indagar lo que está más allá de los límites de la razón, de cruzar las fronteras de lo conocido es el motor del desarrollo científico y tecnológico. Se puede trascender en el conocer, en el amar, pero también tenemos la capacidad de trascender el mundo de las pasiones y de poner entre paréntesis nuestras necesidades para conseguir un determinado fin. Dos palabras caracterizan la existencia humana: encarnación y vector. Estamos enraizados en la realidad empírica, en un entorno cultural, histórico y geográfico, pero, simultáneamente, apuntamos hacia algo que está más allá de este entorno, deseamos elevarnos para conocer qué hay más allá de él, descubrir qué territorios se extienden más allá.

¿Existe alguna relación entre los deseos del ser humano y el reconocimiento de la existencia de Dios? Si es así, ¿cuál?
Dios no es un objeto. Dios trasciende cualquier categoría y concepto humano. Está más allá de cualquier sistema teórico o formulación filosófica. La raíz de este deseo ontológico se puede explicar de dos modos: puede ser la manifestación de una patología fundamental, de un desorden de nuestro ser; pero puede ser, también, la expresión de Dios en nuestra naturaleza. La inquietud del corazón forma parte esencial del ser humano. San Agustín considera que Dios mismo ha instalado esta inquietud en el corazón del hombre y que ésta sólo puede ser colmada en el momento de la reconciliación con Dios. Yo considero que esta inquietud no puede ser fruto del azar y de la casualidad; que no puede ser un desorden constitutivo de nuestro ser.

Hay quienes plantean que la pregunta por Dios y su relación con el deseo del hombre es fruto del entorno cultural y de tradiciones conservadoras y/o radicales que pretenden implantar sus ideologías utilizando algo tan natural como el hecho de que el hombre desee. ¿Qué diría ante esto?
La palabra Dios es una de las palabras más manoseadas e instrumentalizadas de la historia. Es un significante que alberga una multiplicidad de significados. Todo ser humano es fruto de su circunstancia histórica, cultural y religiosa, lo que significa que no puede comprenderse al margen de su contexto inmediato. En ese contexto ha recibido una imago Dei, un modo de entender a Dios, pero todo ser humano, en virtud de su inteligencia espiritual, puede tomar distancia de esa imagen, someterla a crítica, cuestionar su naturaleza; puede poner entre paréntesis el sistema de prejuicios, de tópicos y de valores que ha recibido, de un modo inconsciente, a lo largo de su vida y preguntarse, en primera persona del singular, si Dios es algo más que la imagen mental que se ha construido de Él; es capaz de percatarse de la distancia infinita que existe en entre el ídolo que subsiste en su mente y el Dios que está más allá de toda palabra y de todo concepto.

¿Es verdad que todos los hombres, sin excepción, se preguntan en algún momento acerca de las preguntas últimas de la vida (Dios, el sufrimiento, el amor o la muerte)? ¿Es posible no plantearse estas preguntas?
Sería un despropósito afirmar lo que ocurre en la esfera interior de todos los hombres. Apenas conocemos nuestra propia interioridad, pues, como dice santa Teresa de Ávila, vivimos muy separados de nosotros mismos y nos conocemos muy poco. Existimos fuera de  nosotros mismos, en la ronda del castillo. Extrañamente visitamos las moradas del castillo interior. Por lo general, se sucumbe al fenómeno de la proyección. Uno proyecta en los otros lo que le ocurre a él, lo que siente en sus adentros, traslada a los otros lo que sufre interiormente, pero cada ser humano es un microcosmos único, un ente singular en la historia de carácter enigmático. De lo que no cabe duda, a mi modo de ver, es que cuando uno experimenta una situación límite y siente cómo todo lo que era sólido y consistente en su vida se derrumba, se deshace en la nada y siente como se precipita en el vacío, se pregunta por el sentido de su vida. Esta pregunta es un viaje sin retorno. Para algunos, la experiencia de la caída al vacío conduce al ateísmo, para otros es el principal motor de la fe.

¿Y si hay personas que no son capaces de reconocer nada más allá de lo que tienen delante?
Vivimos sumergidos en el seno de una cultura inmediatista y materialista. El mantra de esta cultura es conocido: sólo existe lo que se puede verificar empíricamente, lo que puede ser cuantificado, medido, sopesado, calculado, tabulado, en definitiva, lo que puede ser percibido. Sin embargo, la realidad trasciende lo que podemos conocer de ella. Existe un universo que está más allá de nuestra percepción, que se extiende en distintas direcciones y que no podemos someter a cálculos matemáticos, ni cuantificar. No podemos demostrar la existencia de esa dimensión de la realidad, pero somos capaces de entrever que la magnitud de lo real no puede contenerse en la esfera de la mente humana.

¿Cómo se descubre el significado último de la vida en las cosas o en los acontecimientos? ¿Se descubre en la vida o es fruto de la mera reflexión? ¿Existe un método?
La pregunta por el sentido trasciende los límites de la ciencia. No existe una respuesta apodíctica a tal pregunta. Aún así, uno puede meditar a fondo sobre lo que realmente colma su ser, sobre lo que le llena y lo que le realiza interiormente. Puede, también, aprender de otros y estar atento a sus relatos y experiencias. Para ello, es fundamental tener la audacia de cuestionar las grandes narrativas del sentido que se imponen en el imaginario colectivo. Con frecuencia, esas narrativas conducen al vacío y a la desesperación. Lo que llena al ser humano no es de orden material. Necesitamos objetos para vivir y para desarrollarnos, pero lo que verdaderamente nos llena se relaciona con la práctica del bien, con la verdad, con la unidad y con la práctica de la bondad. 

¿Nos podría contar una experiencia concreta de su vida en la que un deseo le haya llevado a hacerse alguna pregunta vital?
El fracaso que he vivido en distintas circunstancias de mi vida, tanto en el plano familiar como profesional, es una experiencia que ha activado, como pocas, la pregunta por el sentido. Cuando uno fracasa, se pregunta qué es lo que realmente importa, qué es lo que le sostiene en la vida, qué merece el esfuerzo y la dedicación; en definitiva, se pregunta para qué está en este mundo.

¿Qué desea Francesc Torralba? ¿Cómo se cumple? ¿Qué le decepciona?
Vivir a fondo. No me gustaría morir y darme cuenta de que no he vivido. La vida es don. Nadie ha decidido existir, pero tenemos la posibilidad de convertir cada día en una obra de arte, en una ocasión para crear belleza, verdad, unidad y bien a nuestro alrededor. He llegado a una conclusión paradójica: lo que llena más es darse. Me decepcionan las contradicciones que existen en mi ser; la distancia infinita entre lo que me siento llamado a devenir y lo que realmente soy; me decepciona la mezquindad humana, la estupidez, la crueldad, la violencia, pero, especialmente, el cinismo de los poderosos.

Fuente: 
INSTITUTO JOHN HENRY NEWMAN. UNIVERSIDAD FRANCISCO DE VITORIA.

http://web.elsentidobuscaalhombre.com/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=1670&te=39&idage=3134&vap=0

viernes, 23 de septiembre de 2016

ENTREVISTA A EL ACTOR RAFAEL ÁLVAREZ “EL BRUJO “. EXPERIENCIA VITAL , BÚSQUEDA Y FE

Santa Teresa de Jesús ha llegado a los Teatros del Canal de Madrid de la mano de Rafael Álvarez, el Brujo, cordobés afincado en la capital, enamorado confeso de los místicos y «seguidor de Jesús», como él mismo se define. Su recorrido por las grandes figuras del cristianismo comenzó con su espectáculo San Francisco, el juglar de Dios, continuó por El Evangelio según san Juan –que estudió durante cuatro años– y terminó con los dos grandes doctores de la Iglesia del siglo XVI. Analizó a san Juan de la Cruz en La luz oscura de la fe, y ahora se atreve con la que define como «una mujer insólita, determinada y a la que admiro profundamente». Ojo, la obra no es apta para puristas. Chascarrillos, bromas y risas se intercalan con la visión más profunda de la mística.

Varios de sus espectáculos están relacionados con el cristianismo. ¿Es usted un hombre creyente?

Soy buscante y experienciante, y por lo tanto creyente. Voy a Misa los domingos porque amo a Cristo y le busco con el corazón. Sin embargo, cuando se habla de la fe en el ámbito occidental la conectamos a una serie de valores y tradiciones muy ceñidos al catolicismo. Yo me baso más en la experiencia que en la propia creencia. Lo que me interesa por ejemplo de los místicos es su universalidad, más allá de cualquier confesión religiosa o tradición cultural.

Pero tiene una obra sobre el Evangelio según san Juan.

El Evangelio de Juan y la obra sobre san Francisco las hice porque retratan lo único que tiene interés en el mundo, que es la búsqueda esencial sobre el motivo de la existencia. La respuesta está en la literatura sagrada. La forma de hallar esa respuesta yo la encuentro en san Francisco y su mística meditativa: el intelecto calla y en el silencio del corazón habla Dios.

¿Y qué respuesta encontró?

Yo tuve una etapa en mi niñez y juventud en la que prevalecía el temor a lo sagrado, el ir por un camino seguro tanto en la moral como en la existencia. Luego tuve una época de aventura en la que me perdí en la tiniebla. Cuando volví a encontrar la luz, era distinta. Ya no era la de la fe por el temor, sino la luz del conocimiento y del amor.

¿Algo concreto le devolvió a la luz?

Yo era un chico de familia católica, educado en un internado. Cuando vine a Madrid empecé a ver cosas que no había visto, a leer libros a los que no tenía acceso, a conocer gente peligrosa. Empecé a experimentar, me metí en política, en el hachís, la marihuana, el amor libre, el comunismo, el ateísmo, Sartre, el existencialismo… y llegué a un callejón sin salida. Me encontré mal, busqué y me reencontré.

Encontró el Evangelio y la mística. ¿El siglo XXI necesita más Evangelio y más mística?

Yo he seguido a Jesús durante años en mi corazón, en los libros, en lo que dicen de él los ateos, los historiadores y los teólogos… Estudié el Evangelio durante años. Leí al cardenal Martini y a Umberto Eco. Traté de indagar a fondo, pero la gente no quiere indagar, quieren que les digan cuál es el camino para no tener problemas en la vida. Pero la vida del Espíritu es la vida de la aventura.

¿Por qué eligió a santa Teresa?

Es la gran mística por excelencia. Lo que hizo de ella una mujer tan imponente en el ejercicio de las libertades, de búsqueda espiritual, es que fue nieta de un judío que enseñó a su familia la Torá. En las tradiciones judías del XVI era el padre de familia el que enseñaba a los hijos la Ley. Cuando aprendes la fe de tu padre, de una forma tan íntima, es impresionante. Una descendiente suya, Teresa de Cepeda, vino a verme a la salida del espectáculo y me dio las gracias por mostrar esta faceta.

Mezcla el humor con conceptos profundos, como el sol por dentro. Una nomenclatura compleja para un espectáculo cómico.

Si no uso el humor no me entendería ni yo mismo. Pero la risa es una puerta abierta, porque los prejuicios se aflojan y la poesía cala con más facilidad. Yo veo las caras de los espectadores cuando digo «Yo soy Teresa de Jesús. Y yo Jesús de Teresa», y veo que entienden esa dualidad. Ahí está toda la teología. Y a la gente le gusta, porque las palabras bellas entran en el corazón de la gente sencilla.


TOMADO DEL SEMANARIO ALFA Y OMEGA

VÍDEO INTERESANTE:

domingo, 24 de abril de 2016

ENTREVISTA A EMILIA ARIJA. PRESENTA SU DISCO “IMPERFECTA”

Arija Emilia tiene una voz cálida, una de las voces más singulares del panorama católico.; muchos crecimos y fuimos dando pasos en la vida con sus canciones, canciones de paz, de oración, canciones de cabreos y reconciliaciones. Canciones nacidas  de una profunda experiencia de Dios que  se da a los otros.

Emilia hace unos años que ha vuelto, después de un largo parón de tiempo, con “Sobre las ruinas”, un trabajo precioso, os lo recomiendo.  Ahora vuelve con “Imperfecta” para recordarnos que todo puede ser diferente, para cargarnos de esperanza y también para revolvernos por dentro con canciones que aunque no son suyas las han compuesto para ella y desde su experiencia vital.

Ahora vuelve para volvernos a regalar su preciosa y cálida voz, parece incluso más profunda.
Os dejo con Emilia, que acompañada de Migueli, nos habla en el programa últimas preguntas.


sábado, 23 de abril de 2016

EL BIOFÍSICO Y TEÓLOGO ALISON MCGRATH “CIENCIA Y FE JUNTAS APORTAN UNA VISIÓN MÁS AMPLIA DE LA VIDA”

Cuando Alister McGrath (Irlanda del Norte, 1953) era un joven estudiante de biofísica pensaba que la ciencia y la religión eran totalmente incompatibles, por eso la teología no le interesaba en absoluto. «Yo era ateo en esta etapa, y pensé que la ciencia era intrínsecamente atea. Sin embargo, cuando empecé a estudiar ciencia en serio en la Universidad de Oxford, vi que las cosas eran mucho más complicadas. Empecé a darme cuenta de que la interacción entre ciencia y fe era mucho más interesante e intelectualmente estimulante de lo que yo pensaba». Instruido convenientemente sobre ciencia en la Universidad de Oxford, decidió estudiar teología como la única manera de explorar la relación ciencia-fe adecuadamente y «empezar a familiarizarme con este área del pensamiento. ¡Esa fue una de las decisiones intelectualmente más estimulantes y enriquecedoras que he tomado nunca!»
En la actualidad es uno de los científicos creyentes más leídos y da la réplica al también afamado etólogo ateista Richard Dawkins, [«El gen egoísta», «El espejismo de Dios«] con quien ha debatido ampliamente y sobre el que ha escrito «El espejismo de Dawkins». En su nuevo libro, "La Ciencia desde la Fe" (Espasa), McGrath ofrece un punto de vista reconciliador de estas dos disciplinas que ve como complementarias.

¿Por qué está Dawkins tan presente en sus libros? 

Incluyo a Dawkins en muchos de mis libros por dos razones. En primer lugar, porque es el representante más conocido de un punto de vista que yo creo que es a la vez interesante e incorrecto. Creo que debo a mis lectores incluir al mejor representante posible de este punto de vista ateo, y Dawkins es ampliamente considerado como el representante más creíble. En segundo lugar, sé mucho sobre él. He leído todas sus obras y he reflexionado detenidamente sobre los orígenes y el desarrollo de sus ideas. También he participado con él en ámbitos académicos. Y él estaba tan interesado en mi nuevo libro "La ciencia Desde la Fe" que me invitó a un debate público extenso sobre estos temas. Por desgracia, su reciente enfermedad impidió que se llevara a cabo, pero me halagó mucho su invitación.
¿Con la epigenética, han perdido poder los genes? ¿Hemos dejado de ser un contenedor del ADN, como propone Richard Dawkins?
Richard Dawkins sostiene que bailamos al son de la música del ADN. Para él, los seres humanos son simplemente vehículos para la replicación de los genes. Muy pocas personas estarían de acuerdo con este análisis. Es cierto que necesitamos pasar nuestros genes a la siguiente generación. Pero esto es sólo un aspecto de un cuadro muy complejo. Lo que Dawkins hace es reducir el significado humano a la transmisión de los genes. La mayoría de la gente diría que esto es simplemente un aspecto de nuestra identidad y funciones, aunque hay muchas otras cosas más importantes. Hay un alejamiento de este reduccionismo genético en los últimos años, en parte debido a un sentimiento general de que esta idea de Dawkins no hace justicia a la complejidad de la naturaleza humana.

Históricamente, la Iglesia ha sido un freno para la Ciencia, por ejemplo, en casos como Galileo o Servet. ¿Siguen siendo razón y fe incompatibles?

El cuadro histórico es muy complejo. En algunos puntos, la Iglesia estimuló el desarrollo de la Ciencia; en otros, lo frenó. La investigación histórica reciente ha dejado muy claro que no hay una sola narrativa que describa adecuadamente la complicada relación entre Iglesia y Ciencia, o la fe cristiana y la ciencia. En mi libro, trato de explorar esta relación, y ayudar a los lectores a comprender cómo la fe cristiana puede actuar tanto como un catalizador para el crecimiento científico personal o como un obstáculo. No veo la fe como contraria a la razón, pero transciende sus límites. Cito extensamente al filósofo español José Ortega y Gasset en este punto, ya que creo que se ha identificado la cuestión. Él cree que los seres humanos necesitan más de lo que la ciencia puede ofrecer si quieren dar sentido a su vida. En el «Origen deportivo del Estado», Ortega señala que «la ciencia experimental es sólo una exigua porción de la mente y el organismo humanos».
¿Hay lugar para Dios en la ciencia moderna?
La ciencia moderna se caracteriza por aplicar el naturalismo metodológico. Es decir, hace su trabajo sin presuponer a Dios, sin referirse a Dios, o hacer cualquier juicio (positivo o negativo) sobre Dios. Eugenie Scott, director del Centro Nacional para la Educación Científica, lo explica perfectamente: «La ciencia no niega ni se opone a lo sobrenatural, pero ignora lo sobrenatural por razones metodológicas».
La idea de Dios es universal. ¿Es la religión inherente a nuestra naturaleza? 
Muchos estudiosos, especialmente aquellos que están interesados en el campo de la ciencia cognitiva de la religión [estudio interdisciplinar entre la Neurociencia, Neuroética, y Neurofilosofía, para explicar como la mente humana adquiere, genera y transmite los sentimientos religiosos] dirían que hay algo que nos lleva a pensar en Dios. La religión no es algo que se nos impone, sino algo que parece surgir de forma natural dentro de nosotros. Exploro las implicaciones de estos hallazgos en mi libro, ya que son relevantes para los debates contemporáneos sobre la relación entre ciencia y fe. El racionalismo tendía a presentar la fe religiosa como irracional y contraria al razonamiento humano. Estamos empezando a darnos cuenta de que este juicio debe ser replanteado. 

dice que la ciencia y la religión han sido dos de los mayores logros de la civilización humana... 

No hay duda que son dos de los logros humanos más significativos. Ambos pueden ser vistos como intentos de dar sentido a nuestro mundo. Sin embargo, lo hacen en diferentes niveles. La ciencia trata de aportar un sentido racional a nuestro mundo, para entender sus características generales, y comprender los mecanismos que subyacen a su funcionamiento. La religión funciona a un nivel diferente. No se ocupa primordialmente de cómo funcionan las cosas, sino de la cuestión más profunda de lo que significan. Uno de los aspectos más interesantes de las investigaciones recientes en la psicología de la religión es la creciente toma de conciencia de lo importante que es para los seres humanos ser capaces de encontrar sentido a la vida. La ciencia no se involucra en esta cuestión del sentido de la vida, que es algo existencial. Lo que intento transmitir en este libro es que las perspectivas científicas y religiosas pueden unirse para dar una visión de la vida más amplia y profunda de lo que cualquiera de ellas puede ofrecer por sí sola.

¿Qué opina de la corriente transhumanista que quiere añadir supercualidades a la naturaleza humana?

Una de las razones por las que el transhumanismo ha llegado a ser tan importante para mucha gente es la ansiedad creciente sobre si la raza humana podrá sobrevivir. Somos la única especie capaz de llevar a cabo nuestra propia destrucción -por ejemplo, a través de las armas de destrucción masiva- o de interferir con los procesos naturales, como el control climático. Esto nos ayuda a entender por qué muchos creen que la humanidad necesita una mejora tecnológica para sobrevivir a estos desafíos. Mi punto de vista es que estos son temas muy importantes, pero que necesitamos abordarlos a un nivel diferente. El verdadero problema, en mi opinión, es que los seres humanos a menudo usan cosas buenas (como la ciencia) de manera perversa. El uso de la ciencia para desarrollar armas de destrucción masiva es un muy buen ejemplo. Tenemos que dar a la humanidad una visión moral nueva que nos ayude a utilizar la tecnología sabiamente, en lugar de las formas destructivas que vemos a nuestro alrededor en este momento.

¿Cree que la ciencia moderna es una amenaza para la naturaleza humana, por ejemplo, con la modificación genética de embriones? ¿Hay que poner límites éticos?

Creo que la ciencia moderna supone un riesgo para los seres humanos. Debo dejar claro que la ciencia nos ha traído muchos beneficios, como la capacidad para controlar la enfermedad y prolongar la vida. Sin embargo, los seres humanos muy a menudo utilizan la ciencia con fines destructivos. La ciencia misma, en mi opinión, no tiene un código ético. Tenemos que encontrar la manera de llegar a un acuerdo acerca de los límites de la ciencia, sobre todo cuando nos fijamos en amenazas como el cambio climático. Me ha impresionado mucho cómo Edward O. Wilson, un destacado sociólogo americano a menudo crítico con la religión, ha instado a la ciencia y la religión a colaborar en el abordaje de los principales problemas éticos a los que nos enfrentamos. Wilson no cree que ambas disciplinas estén de acuerdo; sin embargo, opina que son capaces de trabajar juntas en algunos de estos desafíos.

Usted acepta que no se pueden demostrar cosas en las que creemos, como la fe. Como científico y creyente, ¿logra aunar ambas facetas de su vida?

Hay muchas facetas de la vida en las que tenemos que emitir juicios sin una evidencia suficiente para alcanzar una respuesta inequívoca. Como señala el crítico literario Terry Eagleton: "Hay muchas creencias que no tienen una justificación irreprochablemente racional, no obstante es razonable tenerlas en cuenta". Escritores ateos como Richard Dawkins creen que sólo podemos aceptar algo si se puede demostrar científicamente. Sin embargo, es bien sabido que los juicios morales, políticos, sociales o religiosos se encuentran más allá del ámbito de la prueba científica. De hecho, muchos filósofos dicen que la prueba se limita al ámbito de las matemáticas o la lógica. Incluso en la ciencia, tenemos que reconocer que nuestra comprensión de la realidad está cambiando constantemente, y que lo que es de consenso científico hoy, puede no serlo mañana. Por ejemplo, hace 100 años, se aceptaba que el universo había existido siempre. Hoy en día, sse admite que el universo comenzó a existir en el proceso que llamamos «big bang». Lo que percibo es que tanto los científicos como las personas religiosas parecen anhelar la certeza absoluta, y les resulta difícil hacer frente a una situación en la que tenemos buenas razones para creer que algo está bien, pero no somos capaces de demostrar que sea así. 

¿La fe puede influir en la comprensión de la ciencia?

Por supuesto que la fe influye en la manera en que pensamos acerca de la ciencia. Algunas personas religiosas ven la ciencia como una amenaza; otros -como yo- la ven como algo capaz de enriquecer nuestra visión de la realidad, y que nos da una comprensión más profunda de nuestro mundo y de nosotros mismos. En mi caso, mi fe cristiana me anima a ver el universo como algo que es a la vez hermoso y racionalmente transparente, capaz de ser captado por la razón humana, mientras al mismo tiempo apunta más allá, hacia algo de importancia trascendental. Otros, como Richard Dawkins, mirarían universo desde el punto de vista de una fe atea, y lo interpretan de una manera muy diferente. Cito a Dawkins: «El universo que observamos tiene precisamente las propiedades que esperaríamos si, en el fondo, no hay diseño, no hay propósito, no hay bien ni hay mal, no hay nada, sino ciega y despiadada indiferencia». El punto aquí es entender que dos observadores pueden mirar el mismo universo y comprender su importancia en términos muy diferentes. El universo no se interpreta a sí mismo para nosotros. Tenemos que tratar de darle sentido.


FUENTE: ABC