EL RINCÓN DE FERNY

martes, 3 de marzo de 2020

MUJERES CIENTÍFICAS Y REFERENTES DE SABER, CATÓLICAS


Como cada año por estas fechas los organismos relacionados con la ciencia en España se suman a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia instituido por Naciones Unidas y que coincide precisamente con la festividad de la Virgen de Lourdes, que se celebra este 11 de febrero.
También está cerca el día 8 de marzo día internacional de la mujer. Aprovechando estos días vamos a conocer a algunas mujeres intelectuales católicas relevantes.
La ciencia se ha ido construyendo a lo largo de la historia evitando lo más posible el empleo de los sentimientos por ser considerados éstos poco fiables a la hora de valorar la realidad de las cosas. En el empeño por hacer avanzar el conocimiento científico la Iglesia Católica ha jugado un papel fundamental. Esto forma parte de la realidad histórica del devenir científico.
Por ello no es de extrañar que quienes niegan la realidad científica de la sexualidad no reconozcan las cosas como han sido o como siguen siendo. Por comenzar de algún modo, decir que la primera mujer que alcanzó en España el grado de doctora, la madrileña Maria Isidra de Guzmán, obtuvo tal galardón en el siglo XVIII y en la Universidad de Alcalá, fundada por el Cardenal Cisneros, y que al recibir el grado de socia de honor de la Real Academia Española, pronunció el discurso “Oración del género eucarístico que hizo a la Real Academia”. Todo esto y mucho más lo cuenta en ReL eLuis de Antequera. Es decir, se puede ser científica católica ya en el siglo XVIII.

Investigadora, mecenas y católica
Amalia Heredia Livermore (1830-1902), marquesa de Casa-Loring, se casó con Jorge Loring y Oyarzábal, I marqués de Casa-Loring, con quien tuvo 9 hijos. Díaz de Escovar la recogió en ‘Galería de Malagueñas. Apuntes para una obra biográfica de las mujeres, hijas de esta provincia, o residentes en ella, que se han distinguido por su talento, piedad, valor e ilustración’ ( Málaga, La Equitativa, 1901). Fue miembro fundador de la Real Sociedad Española de Historia Natural.
Fue una mujer católica, apostólica y romana, coleccionista, investigadora, promotora de las artes y la cultura en España, y mecenas. Todo ello dice Wikipedia en su sucinta biografía. Fue la pequeña de diez hermanos, y sus padres, Manuel Agustín Heredia Martínez e Isabel Livermore Salas se esmeraron porque todos recibieran una formación católica, por lo que la criaron en un ambiente que fomentaría su amor por las bellas artes con numerosos viajes al extranjero.

Formó en 1850 una familia cristiana con Jorge Loring Oyarzábal, con el que tuvo nueve hijos. Tras casarse, transformó su residencia de La Concepción, en Málaga, en jardín botánico, por lo que fue la creadora junto a su marido del Jardín Botánico La Concepción. Financió además el Hospital de San Julián y el Hospital Civil de Málaga, y fundó el Colegio de La Asunción para que muchas niñas tuvieran la suerte de criarse como ella en un ambiente católico y ser científicas el día de mañana. Adquirió junto con su marido las tablas de Lex Flavia Malacitana con el fin de iniciar una colección arqueológica, el Museo Loringiano.

El diccionario de María Moliner

María Moliner (1900-1981) es conocida como ‘la mujer que escribió un diccionario’, concretamente el ‘Diccionario de uso del español’. Filóloga y lexicógrafa, experta en biblioteconomía, es reivindicada desde varias ideologías como pionera. Sus propios hijos lo dijeron de ella con claridad: era católica practicante.
Una buena cronología de su vida la propone la Fundación Fernando El Católico, tal vez por el origen maño de Moliner, como el de otros muchos científicos católicos de la talla de Cajal, Albareda, Ibáñez-Martín, Laín Entralgo, Miguel Asín, Antonio de Gregorio Rocasolano, Longino Navás, Mariano Tomeo Lacrué, Félix de Azara, etc.
Mientras que estudiaba en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza en la que se licenció en Historia en el año 1921, María Moliner colaboraba como filóloga y lexicógrafa en el Estudio de Filología de Aragón. Nunca tuvo una titulación oficial en lexicografía ni filología pues eran especialidades que no se cursaban en la Universidad de Zaragoza.
Dicen que se le ocurrió lo del diccionario durante la posguerra española cuando su hijo Fernando le trajo de París el Learner’s Dictionary of Current English de A. S. Hornby. Ese libro junto a las deficiencias que ella había detectado en el ‘Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española’, fueron el detonante de su obra. María firmó en 1955 un contrato con la editorial Gredos para su futura publicación. Publicado por primera vez en 1966, su diccionario tuvo como novedades importantes la incorporación de términos no admitidos por la RAE o ejemplos de gramática y sintaxis de gran utilidad pedagógica. Carmen Conde, primera mujer en ingresar en la Real Academia de la Lengua, y también católica practicante, diría que ocupaba el puesto que le tendrían que haber dado a María Moliner. Pero hay más mujeres católicas.

Autora de decenas de artículos científicos

Joseina Benayas (1932-2018) fue una científica católica parte de cuya obra se puede seguir disfrutando por internet.  Su actividad profesional fue resumida de manera magistral por María Teresa García González hasta hace poco directora del Instituto de Ciencias Agrarias. En la página antes aludida dice de ella que “Josefina Benayas se licenció en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid en 1955. Obtuvo el título de Doctor por la misma Universidad en 1957, y en 1959 por la University College of North Wales, actualmente Universidad de Bangor (UK), bajo la dirección de los  Profs. J.M. Albareda y F. Smithson, respectivamente. Tras obtener becas del CSIC (1956-57), de la Fundación Juan March (1958) y del British Council (1959), obtuvo un puesto de Colaborador Científico del CSIC en 1960, y finalmente de Investigador Científico en 1971. Se  especializó en la génesis de suelos y sedimentos aplicando técnicas de micromorfología de suelos bajo la supervisión de los Profs. José Maria Albareda y Walter Kubiëna (1965-1970), siendo una de las alumnas aventajadas de este último durante sus repetidas estancias en el Instituto de Edafología y Biología Vegetal (CSIC, Madrid). Entre 1982 y 2001  fue socia fundadora y coordinadora del Grupo Español de Micromorfología del Suelo de la Sociedad Española de la Ciencia del Suelo (SECS), y desde 1968 hasta su jubilación en 1997 fue jefa del Laboratorio de Micromorfología de Suelos del Instituto de Edafología y Biología Vegetal (CSIC, Madrid).

En su laboratorio recibió la visita de numerosos investigadores extranjeros y españoles, formando además a becarios de distintas universidades y centros de investigación. Dirigió varias tesis doctorales y cursos de especialización sobre microscopía petrográfica y micromorfología del suelo y es autora de un centenar de publicaciones científicas y varios libros. La Comisión de Mujeres y Geología de la Sociedad Geológica de España la distinguió como pionera en el campo de la micromorfología de suelos en el acto Homenaje a nuestras pioneras, que se celebró en la clausura del VIII Congreso Geológico de España (Oviedo, 2012)”. En cuanto a sus creencias católicas, se expresaron bellísimamente por sus familiares próximos en su funeral.

Intelectual y misionera
Por su parte, Isabel Orellana Vilches es Doctora en Filosofía en la Universidad Autónoma de Barcelona con la tesis Realismo y progreso científico en la epistemología popperiana en 1993. Ha cursado estudios de teología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Hija y nieta de sevillanos, nació en Ejulve (Teruel)-España pasó su niñez y adolescencia en diversos lugares de Teruel, Navarra y Ávila. En 1969 comenzó a trabajar en la Biblioteca Nacional de España. Ese mismo año conoció el Instituto de Misioneras y Misioneros Identes, fundado por Fernando Rielo (Madrid, 1923-New York, 2004), al que pertenece desde esa fecha. Este encuentro con el Fundador de los Misioneros Identes cambiará su vida.
En los años 90 se inicia su labor académica e investigadora. En 1995 conoció al eminente catedrático emérito de la Universidad Pontificia de Salamanca, Enrique Rivera de Ventosa, quien marcó profundamente su producción intelectual. Este padre franciscano capuchino, desaparecido en 2000 fue el prologuista de su primer libro publicado El Evangelio habla a los jóvenes, título elegido por él, quien siguió atentamente todas las creaciones de la autora hasta su muerte.
Entre otras obras, en 1997 escribe el ensayo antropológico Pedagogía del dolor, de gran impacto en España y, especialmente, en Ecuador donde es difundido a todo el país desde la Universidad Técnica Particular de Loja. Dos mil quinientos ciudadanas y ciudadanos ecuatorianos escriben cartas a la autora: auténticas confesiones de enorme valor testimonial y emocional.  Su eco social prosiguió y la autora fue invitada constantemente para impartir conferencias y cursos sobre el tema del dolor en distintos puntos de la geografía española peninsular e insular. A finales de los noventa se acentúa notablemente su producción científica, y se inicia la literaria con su primer libro de cuentos. Es autora de numerosos artículos de temática científica y pedagógica, que viene publicando en distintas revistas nacionales e internacionales. Ha dictado cursos y sigue pronunciando conferencias en diversos ámbitos académicos y universitarios.

Oncóloga de renombre

Teresa Macarulla (Barcelona, 1974), oncóloga, investiga en el hospital Valle de Hebron los tratamientos personalizados en la lucha contra el cáncer de páncreas, el más letal de todos. Acaba de presentar al congreso anual de la Sociedad Americana de Oncología Médica (ASCO) en Chicago un tratamiento teledirigido para un subgrupo de pacientes que tienen una mutación específica (en los genes BRCA) en este tipo de tumores: como terapia de mantenimiento tras la quimioterapia inicial, este fármaco mejora la supervivencia. Confiesa que la montaña y la Iglesia son sus puntos de recarga.
Como investigadora, ha participado en numerosos estudios que llevado al desarrollo de nuevas moléculas en cáncer de colon. Por ejemplo, el estudio PRIME permitió la aprobación de panitumumab (anti-EGFR) en primera línea de tratamiento del cáncer de colon, el estudio VELOUR, permitió la aprobación de aflibercept en combinación con quimioterapia en el tratamiento de segunda línea del cáncer de colon. Está implicada como principal investigadora en numerosos estudios clínicos que pueden permitir la aprobación de nuevos fármacos en esta área en los próximos años. Como investigadora, lidera estudios de medicina personalizada, tanto en cáncer de páncreas como en tumores de la vía biliar, realizando estudios moleculares que permiten seleccionar para cada paciente, aquel tratamiento con mayores posibilidades de éxito.
Recientemente un diario español recogía su opinión sobre la eutanasia: “Mi mentalidad es la de luchar mientras se pueda, gastar todos los cartuchos. Y luego, una buena paliación, un buen acompañamiento. Más allá de aquí, no es trabajo del médico el poder acabar con una vida. Yo estoy con poder acompañar hasta el final, pero no más allá. Yo acabar con una vida no podría hacerlo por mis creencias, porque me dicen que no es mi responsabilidad”.

El papel de la mujer en la docencia

Otra mujer de ciencia es María Ángeles Vitoria, nacida en Alcoy y residente en Roma. Es Licenciada en Biología y Teología Dogmática, Doctora en Filosofía y Master en Ciencias de la Educación. Actualmente es profesora de Filosofía de la ciencia en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, y miembro de la European Society for the Study of Science and Theology  y de la International Network of Philosophers of Education.
Muy interesante resulta la lectura de su artículo sobre el beato Mons. Alvaro del Portillo,  en el que dice cosas relacionadas con la preocupación de católicos sobre el papel de la mujer en la docencia como lo siguiente:  “Después de cursar Ciencias biológicas me trasladé a Italia el 3 de septiembre de 197 4 para incorporarme al  Colegio Romano de Santa María, un Centro Internacional de Estudios erigido por san Josemaría el 12 de diciembre de 1953, con la finalidad de completar la formación filosófico-teológica, espiritual y apostólica de mujeres del Opus Dei provenientes de todo el mundo. El Colegio Romano tenía entonces su sede en Villa delle Rose (Castelgandolfo), donde funcionaba también el Istituto Internazionale di Pedagogia (o di Scienze dell'Educazione), constituido como sección en Roma de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra el 24 de octubre de 1964. Cuando en 1977 completé los programas previstos, la Dirección del Centro Internacional de Estudios me ofreció la posibilidad de quedarme a trabajar como profesora de algunas materias de Pedagogía y Filosofía…”.

Filósofa  miembro de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales

Por su parte, Ana Marta González González (1969-), profesora de Filosofía de la Universidad de Navarra es miembro de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales desde 2016. Sus líneas de investigación son dignidad, ley natural, razón práctica, virtud y obligación, filosofía y ciencias sociales: cultura, estructura y agencia acción, emociones, identidad, Spaemann, Tomás de Aquino, Hume, Kant, Korsgaard.

Hablando de san Josemaría Escrivá ha dicho: “Más que a descifrar la ley inexorable de la historia, el santo permanece atento a descubrir en ella los signos de la acción providente de Dios. Tal vez por esto pueda, en ocasiones, levantarse sobre los prejuicios de su propio tiempo. Un ejemplo de ello lo tenemos en el modo fundamentalmente positivo con el que San Josemaría entendió la condición de la mujer, y su corresponsabilidad con el hombre en la construcción de la cultura. Pienso que en esta cuestión, que hoy parece de sentido común, San Josemaría pudo sustraerse a las inercias y convenciones propias de su tiempo, pura y simplemente porque se dejaba guiar por el Espíritu de Dios. Si tenemos en cuenta que los filósofos más ilustres no siempre supieron sustraerse a las inercias de su tiempo, entonces comprenderemos por qué el santo resulta particularmente intrigante para el filósofo. Le enfrenta con sus propios límites, y le muestra un modo distinto de trascenderlos”.

"A veces hay que tener más fe para creer en el azar que en Dios"
Otro ejemplo es Pilar Valdecantos (1975-),  una científica católica que trabaja como investigadora posdoctoral en el Instituto de Investigación Biomédicas Alberto Sols (CSIC-UAM) y en el CIBERDEM, dedicándose a estudiar la obesidad y la diabetes. Como en otras muchas, mujeres, ciencia y fe conviven pacíficamente.

En una entrevista con María Martínez López en Alfa y Omega, Pilar explica con sencilla naturalidad cosas tales como que  “a todos les asombra lo poco que conocemos y que todo encaje tan bien. El tema es en qué sentido les asombra. A mí me preguntan cómo siendo científica tengo fe. Y yo les pregunto cómo ellos no la tienen... Puede que la ciencia llegue a explicar todo, pero no va a crear la realidad. El científico conoce, o como mucho imita, lo que ya existe en la naturaleza. Pero, ¿quién lo puso ahí? A veces pienso que hay que tener más fe para creer en el azar que en Dios. Si en la naturaleza si todo fuera azar, sin leyes, no podríamos hacer ciencia. La ciencia se basa en el orden”.

EL ARTICULO HA SIDO ESCRITO POR ALFONSO V. CARRASCOSA Y PUBLICADO EN RELIGIÓN DIGITAL

No hay comentarios:

Publicar un comentario